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Aragón

covid-19

Cofrades ante el peor calvario

La Hermandad de la Sangre de Cristo, que data del siglo XIII, sigue fiel a su cometido. Sus 49 miembros están desbordados por la pandemia. En 2020 trasladaron a 550 fallecidos y en la última semana, a una veintena

Dos trabajadores de la Sangre de Cristo con el traje EPI y protecciones que lleva (gafas, calzas, guantes y una pantalla) que exige el protocolo de seguridad para recoger los fallecidos de coronavirus.
Dos trabajadores de la Sangre de Cristo con el traje EPI y protecciones que lleva (gafas, calzas, guantes y una pantalla) que exige el protocolo de seguridad para recoger los fallecidos de coronavirus.
Toni Galán

La Hermandad de la Sangre de Cristo y sus 49 cofrades han revivido, en el año del coronavirus, lo que sus antecesores del siglo XIII experimentaron ya con la llegada de la peste o con la mal llamada ‘gripe española’, en 1918. Su labor, pionera en toda España, consiste en recoger los cadáveres –cuando no se ha podido certificar la causa del fallecimiento– y trasladarlos al Instituto de Medicina Legal de Aragón (IMLA) para practicarles la autopsia.

Su presidente, Ignacio Giménez Baratech, explica cómo en el 2020, la hermandad casi dobló su actividad debido a la «catástrofe» de la covid-19 y que «más de la mitad de los 550 fallecidos eran positivos». Si se compara con 2019, que trasladaron 485 muertos, el incremento, además de numérico, ha transformado su manera de actuar y de sentir su esencia, la ha «deshumanizado». «Nos teníamos que proteger de los cádaveres contaminados. Y esa inseguridad, ese temor, genera mucha incertidumbre y mina la moral», reconoce el presidente de la Sangre de Cristo, al que le duele, profundamente, tener que dar el pésame a la familia del fallecido parapetado tras una escafandra para no contagiarse. Desde la Edad Media, la historia de esta congregación les ha enseñado que «recoger cadáveres es un acto humano», insiste Giménez, pero la pandemia lo ha mutado en algo «duro e inhumano».

Más de la mitad de los 550 fallecidos que recogieron en 2020 eran positivos de la pandemia. En 2019 trasladaron 485 muertos  

Los forenses José Manuel Arredondo, director del Instituto de Medicina Legal de Aragón, y Salvador Baena ya les advirtieron en febrero del año pasado del peligro que los hermanos de la Sangre de Cristo corrián con la pandemia y les aconsejaron sobre cómo debían protegerse. La hermandad decidió entonces firmar un protocolo con el IMLA para concretar la respuesta ante la covid-19, que, además de a sus miembros, también pone en riesgo a los trabajadores –siempre van dos en la furgoneta que retira a los difuntos–. Debían protegerse con mascarillas de doble filtro, botas, guantes y trajes y equipos de protección individual (EPI). 

La Hermandad de la Sangre de Cristo traslada los cadáveres.
La Hermandad de la Sangre de Cristo traslada los cadáveres.
José Miguel Marco

«Somos pioneros en España; la única hermandad que recoge los cadáveres y que ha firmado este protocolo», señala Nacho Navarro, el cofrade más joven, de 35 años. «En Zaragoza no habría pasado nunca lo que se vivió en Madrid con las funerarias, que dejaron varios días los cuerpos sin vida en el Palacio de Hielo –una morgue provisional utilizada durante un mes–», agrega Nacho Navarro.

Angustiada, la Hermandad de la Sangre de Cristo, que apenas se nutre con las exiguas cuotas de los cofrades, tuvo que recurrir a las redes sociales para denunciar su situación: la avalancha provocada por la pandemia, les obligaba a disponer de un material difícil de lograr y a unos precios que se habían disparado en el mercado. «Conseguimos muchas donaciones, hasta nos han llegado 150 trajes NBQ –los de mayor protección–, están en la oficina del almacén que compartimos con los veinte pasos de las hermandades –este año, parece que no van a salir en Semana Santa–. También nos ayudó Iker Jiménez con la difusión por redes de un mensaje que decía: «No es Chernobil, sino Zaragoza», para hacer un llamamiento a la población. Lo cierto es que particulares y empresas de toda España nos han enviado mascarillas, trajes, guantes, productos de desinfección...», agradece Navarro, encargado de la logística. «La gente se ha volcado con nosotros y, además, hemos tenido una repercusión nacional», apunta el presidente de la hermandad, que ya ha mantenido entrevistas con varios periódicos nacionales –‘El País’ y ‘El Mundo’– y corresponsales de Gran Bretaña –‘The Guardian’–, México –TV Azteca– o Alemania –‘Deustche Welle’–.

Gracias a las donaciones afrontaron las penurias para trajes de protección. mascarillas, botas... Recibieron mil sacos para cadáveres   

Gracias a las donaciones obtenidas lograron hacer frente a las penurias y a los precios disparados de mascarillas –que alcanzaron los 30 euros, frente a los 1,60 habituales– o de los trajes EPI–que costaban 60 euros, cuando antes de la pandemia no valían más de tres–. La hermandad recibió mil sacos para recoger los cadáveres, que les proporcionó la empresa Cablescom, procedentes de China, cuando en España no había ‘stock’ de este material. También les llegaron cientos de mascarillas y 150 trajes buzo para trabajadores y cofrades. El Ayuntamiento de Zaragoza les facilitó también material de protección y otra furgoneta para el traslados de los fallecidos. Empresas de Jaca les enviaron cajas de guantes y la Alcoholera de Cariñena, productos de desinfección. Algunos de los donantes prefieren que no se conozcan sus identidades.

No están vacunados todavía 

El protocolo de seguridad que firmaron con el IMLA tiene cinco folios y especifica que el servicio que presta la hermandad necesita «el contacto físico y la manipulación de cadáveres que pudieran estar contaminados», por lo que hace falta establecer unas normas de actuación que «eviten o minimicen el riesgo de contagio». Describe también que este puede producirse a través de vía respiratoria –toses, estornudos o exhalaciones–, salpicaduras de fluidos corporales o el contacto con superficies y objetos que haya tocado una persona contaminada.

El cofrade Nacho Navarro muestra los trajes NBQ que guardan e un almacén, donde están los pasos de Semana Santa.
El cofrade Nacho Navarro muestra los trajes NBQ que guardan e un almacén, donde están los pasos de Semana Santa.
Javier Belver

Desde el minuto cero de la pandemia –hace ya once meses–, los cofrades comenzaron a desarrollar su labor en hospitales, residencias y domicilios, donde, en algunos casos, ignoraban si la causa de la muerte era por coronavirus. Y, a pesar del riesgo que corren por su contacto diario y directo con contagiados por la covid-19, todavía no saben si van a ser vacunados entre los grupos preferentes por el Gobierno de Aragón; los forenses, por el contrario, ya aparecen en la lista prevista, aunque todavía no se les ha suministrado la primera dosis de la vacuna.

Recogieron fallecidos en hospitales, residencias y domicilios. En algunos casos ignoraban que si la causa de la muerte era por coronavirus 

Cada vez que afronta su misión, y a sabiendas de que se trata de «un positivo confirmado», cofrades y trabajadores acuden a su destino con todo el material necesario, adquirido por la hermandad. Y si el fallecido no lleva una mascarilla deben colocarle una para prevenir cualquier incidencia. Tras manipular el cadáver, se lavan las manos con agua y jabón o con una solución a base de alcohol y todo el equipo que vestían se mete en una bolsa para no volver a ser utilizado. Después, se procede a su desinfección química para evitar contagios.

 «Hemos perdido esa filosofía de la hermandad de la cercanía con las familias de las víctimas al darles el pésame, porque, cuando llegamos a los domicilios, tenemos que ir protegidos con el buzo, la mascarilla, las gafas y las calzas. Parece que venimos de la NASA con estos trajes», reconoce Nacho Navarro. De hecho, una de las exigencias del actual protocolo de seguridad es no mantener contacto con los familiares. 

"En el año 2020 heos consumido alrededor de 600 trajes EPI frente a los 250 de otros años, lo que supone unas cifras insostenibles" 

«En el año 2020 hemos consumido alrededor de 600 trajes EPI –frente a los 250 de otros años–, lo que supone unas cifras insostenibles para nuestros presupuestos. Cada fallecido, con peligro de coronavirus, genera el gasto de dos trajes», reconoce el secretario Ricardo Marzo. Cuando trasladan los cadáveres al IMLA para realizar las autopsias, los equipos que llevan cofrades y trabajadores se depositan en el mismo centro para ser destruidos diariamente. Además, las furgonetas se limpian con productos de desinfección y con máquinas de ozono.

Una semana de enero, 20 muertos 

Cuando repasa los datos de los cadáveres recogidos desde que se declaró la epidemia de la covid-19, a mediados de marzo, el secretario de la hermandad, Ricardo Marzo, destaca que fue durante los meses de marzo, junio y octubre cuando se produjeron los picos de las subidas de fallecidos. «Esta tendencia no ha parado, porque hace una semana, desde el 14 al 22 de enero, recogimos veinte fallecidos y fue un repunte tremendo», añade el secretario de los cofrades, sabedor de que estas cifras pueden ayudar a entender cómo se puede interpretar lo ocurrido durante las pasadas Navidades en la evolución de la pandemia.

Innovación y adaptación, claves 

El avance y la innovación en los materiales y la modernización de la medieval Hermandad de la Sangre de Cristo, en los últimos once meses de la pandemia, llevan al forense Salvador Baena a destacar que han vivido «una historia hermanada» con los cofrades y la «profesionalización conseguida». Por su parte, el director del IMLA, José Manuel Arredondo, agradece a la Hermandad de la Sangre de Cristo, una institución que «nació para el acompañamiento y servicio de los difuntos y sus familiares», su gran capacidad de adaptación, que ya se hizo patente en el inicio de la pandemia y que exigió «crear un protocolo específico por los riesgos que la actividad supone para todos los intervinientes.

«La estrecha vinculación profesional se ha ido afianzado gracias las relaciones personales con los miembros de la hermandad y sus trabajadores, lo que ha permitido una mayor interacción y ayuda, en estos momentos que nos toca vivir, en las diligencias de levantamiento de cadáveres en Zaragoza», concluye José Manuel Arredondo.

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