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De un abuelo relojero que hacía gafas, a la venta online de lentillas y las revisiones por zoom

Ana Vicente es la tercera generación de un negocio familiar fundado hace 75 años en Tarazona. Ahora, el Centro Óptico y Auditivo Vicente se prepara para lanzar su propia aplicación móvil.

Ana Vicente, óptica en Tarazona.
na Vicente es la tercera generación del negocio familiar de la ópticaa.
Heraldo

Hace 75 años, su abuelo, un relojero de Tarazona que, con la misma máquina que biselaba las esferas podía montar gafas, fundó lo que hoy es el Centro Óptico y Auditivo Vicente. Ana es la tercera generación de este negocio familiar que en todo este tiempo ha ido evolucionando y adaptándose a las nuevas demandas de la sociedad.

Unas demandas que en estos tiempos hablan de internet, de ahorro de tiempo, de servicio personalizado, de rapidez... Y en esas (y en otras) se encuentra Ana Vicente quien, con su equipo de ocho personas, está a punto de lanzar su primera aplicación móvil personalizada.

‘Optitude’ verá próximamente la luz y se dirige fundamentalmente a los usuarios de la óptica que emplean lentillas. En realidad, cualquier persona se la puede descargar de forma gratuita en su teléfono móvil pero la aplicación busca ser especialmente útil para estos clientes. A través de ella, podrán llevar un control exhaustivo de la duración de sus lentes de contacto, programar envíos para reponerlas de forma automática y así olvidarse de esta gestión, o hacer pedidos puntuales cuando se considere oportuno.

La aplicación, además, presta un servicio de atención al paciente online, una herramienta de gran utilidad en esta época en la que se trata de reducir el contacto al mínimo. Así, siempre que sea posible, se podrán realizar revisiones periódicas por videollamada y también se resolverán dudas por este canal.

Aunque la idea ya le rondaba la cabeza, ha sido el confinamiento a causa del coronavirus lo que ha empujado a Ana a lanzarse finalmente en esta aventura. “La venta de lentes de contacto siempre ha funcionado muy bien en nuestra tienda online y durante los meses que tuvimos que cerrar nos dimos cuenta de que tenemos una clientela de lentillas muy fiel”, explica.

Clientela que, incluso la de edad avanzada, ya está más que habituada a los encargos por teléfono y a nuevas formas de pago, como bizum, que Ana ya ha incorporado a su negocio para dar facilidades.

En esta misma línea, no descarta dedicar más recursos a la tienda online (gafasdesolymas.com). Se lanzó hace cinco años y se venden, principalmente, gafas de sol y lentillas, con envíos a España y a la zona euro. Aunque según indica Ana, no se ha notado un incremento en las ventas online a raíz de la pandemia, sí ha podido constatar que los clientes son recurrentes. “Cuando hacen una compra y les gusta el servicio, no dudan en repetir”, explica. Especialmente en el caso de las lentes de contacto, un producto que se necesita con cierta periodicidad.

Tres meses menos de facturación

A pesar de que la mayoría de sus clientes son personas con problemas visuales o auditivos que necesitan ciertos productos obligatoriamente, la situación de crisis sanitaria también ha hecho mella en el negocio de Ana. “Como tuvimos que estar cerrados durante tres meses, del pasado año tendremos, al menos, tres meses menos de ingresos”, calcula, sin haber cerrado todavía oficialmente las cuentas de 2020.

Y eso que durante el confinamiento total de los primeros meses, sí que se sacaron algunos pedidos desde casa. No obstante, se trataba de casos urgentes y puntuales, más por un fin social que por hacer negocio. Así, se enviaron pilas para audífonos, especialmente para personas mayores de pueblos de alrededor, o lentillas para médicos.

Para hacer frente a esta situación irregular, la plantilla del centro óptico estuvo en ERTE total durante el primer confinamiento. Actualmente, todos están con reducción de jornada, no tanto por ahorro económico, que también, sino más por una cuestión de organización y de conciliación. “La mayoría tenemos hijos y haciendo media jornada nos coordinamos para poder llegar a todo”, explica Ana.

Además, como estrategia de seguridad, se han formado dos grupos burbuja. A turnos, uno va por la tarde y el otro por la mañana, de manera que, si alguno de los integrantes tiene que estar confinado o se contagiara del virus, la tienda no tendría que cerrarse. Bastaría con que se aislara el equipo afectado. “Aunque está siendo un poco locura, porque al final cada uno tiene sus pacientes y no siempre podemos respetar los turnos, de momento no hemos tenido que cerrar por contagios”, asegura Ana.

Esta organización se hace extensiva a las dos tiendas que tienen. Una es la de toda la vida, en la calle Visconti de Tarazona. La segunda se abrió hace un año y medio en Zaragoza, en la avenida de Goya.

Como buena emprendedora y dueña de un negocio, Ana hace de comodín entre ambos establecimientos y sus viajes de Tarazona a Zaragoza son frecuentes. Unos trayectos durante los que la idea de su proyecto de la aplicación móvil se iba forjando. Tiempo después, el proyecto ve la luz, dispuesto a prestar servicio a los casi 7.000 clientes y pacientes de una óptica que no solo está a la última en gafas, sino también en tecnología y comunicación.

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