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Los mayores vuelven a lanzar un SOS

Cruz Roja alerta de que los rebrotes pueden provocar que el miedo, la soledad y el aislamiento se instalen de nuevo en las personas de la tercera edad.

Esther Torralba, en el centro, sale a dar una vuelta con Marta Sánchez y Eva Longares, de Cruz Roja.
Esther Torralba, en el centro, sale a dar una vuelta con Marta Sánchez y Eva Longares, de Cruz Roja.
José Miguel Marco

Eva y Marta, de Cruz Roja, acuden al domicilio de Esther Torralba, vecina del zaragozano barrio de Las Fuentes, de 75 años. Pese a tener varios achaques y una movilidad limitada, Esther cuida de su marido, que a sus 82 tiene una salud muy delicada. Estas visitas semanales le permiten salir, tomar el aire, hablar, hacer la compra, ir acompañada a algún recado… “Están conmigo hora y media o dos horas y me viene muy bien, claro”, dice Esther.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en Aragón hay más de 53.000 personas mayores de 80 años que viven solas. Otras lo hacen en pareja, pero eso no quiere decir que no precisen ayuda.

Se trata de un grupo de población que concentró muchos focos durante el confinamiento, por el peligro de contagio de coronavirus, el riesgo de aislamiento, la soledad y los problemas para hacer las compras... A menudo olvidados por la sociedad, lograron llamaron la atención y hubo servicios públicos y privados que se centraron en facilitarles la logística diaria y el acompañamiento.

Cruz Roja lleva a cabo en Aragón un programa de Atención al Cuidador dirigido acompañar en su día a día a personas que tiene a su cargo a familiares enfermos, ancianos y dependientes. Heraldo TV les acompaña en su visita a Esther Torralba, de 75 años y vecina de Zaragoza, que cuida de su marido Pedro, de 82.

Ahora, tras un proceso de desescalada interrumpido por los rebrotes, esa atención -siempre necesaria- vuelve a ser imprescindible. “Yo esto lo llevo fatal, de verdad que termina con cualquiera. En los 75 años que tengo no había visto nada parecido”, dice Esther sobre la pandemia.

Marta Sánchez es psicóloga de Cruz Roja y trabaja en la asistencia a decenas de personas mayores de Zaragoza. Relata que, durante el confinamiento, desde su entidad hacían un seguimiento que sobre todo era telefónico, y detectaban “un miedo terrible” en las personas a las que atendían, que incluso era más agudo que los posibles casos de soledad. “No podían ver a su familia, estaban todo el día viendo las noticias, lloraban… Lo vivieron como una guerra”, explica.

Ese miedo se prolongó durante la primera fase de la desescalada, cuando muchos “ni siquiera querían salir de casa”. “Cuando empezamos a hacer visitas, trabajé con una señora a la que el primer día convencí para que se vistiese, otro para que fuera hasta el ascensor, más tarde a por el pan...”, relata.

Ante la magnitud de los rebrotes, "vuelven a aflorar los miedos" entre los mayores

Tras conseguir que superaran sus miedos y se abrieran algo de su encierro, Sánchez detecta que “estamos volviendo para atrás”. Ante la magnitud de los rebrotes, “vuelven a aflorar los miedos”. Según apunta Sánchez por su experiencia con los ancianos, la sociedad “debe acordarse un poco más de ellos”, ya que “están en el final de su vida y lo están viviendo con miedo, con mascarilla, con distancia social… Hay que escucharlos y entenderlos”.

Los voluntarios y auxiliares de Cruz Roja trabajan con los ancianos para asegurarse de que “entienden y cumplen las medidas de seguridad”, pero también de que “no pierdan los hábitos que habíamos logrado que tuvieran”. El objetivo es que, dentro de la prevención y la seguridad necesarias, los ancianos “no se encierren”, ni física ni psicológicamente. De lo contrario, se corre el riesgo de volver al punto que alcanzaron durante el confinamiento, lleno de “miedos, angustias e incluso depresión”, explica esta psicóloga de Cruz Roja.

Por eso, los voluntarios y auxiliares de esta entidad acuden regularmente a cientos de domicilios, donde atienden a los ancianos, les dan conversación, les acompañan al médico, les compran la medicación… Incluso Cruz Roja dispone de un servicio propio de teleasistencia, con un botón que los mayores pueden apretar “aunque solo sea para hablar por teléfono”.

Esta misma semana, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología también ha advertido de las “importantes repercusiones negativas” que tiene la restricción de las visitas a los ancianos en las residencias. Apuntan que la falta de contacto social favorece la aparición de “ansiedad y depresión”, entre otros trastornos.

Yayofy, servicios a domicilio para mayores

En este contexto, hasta el emprendimiento de la ciudad ha vuelto la vista hacia los mayores. Cynthia Nale creó en abril Yayofy, una plataforma que ayuda a los mayores a través de servicios a domicilio. Integrada en el ecosistema de Hiberus Tecnología, se trata de “buscar gente de confianza” para servicios puntuales en viviendas de los más mayores, como peluquería, podología, fisioterapia, pequeños arreglos… Pero también acompañamiento para ir al médico, al banco o a hacer la compra.

Por su experiencia, las personas mayores “estaban contentas de salir a la calle” durante la desescalada, pero ahora se encuentran con nuevos miedos para hacerlo. En su aún escasa trayectoria, los servicios de peluquería a domicilio y los acompañamientos para hacer la compra han sido los más demandados.

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