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La construcción sigue en el tajo en agosto para compensar el parón por el estado de alarma

Los empresarios del sector quieren acelerar los trabajos para cumplir los plazos de entrega.

Trabajadores en una de las obras en marcha en la avenida de Navarra de Zaragoza.
Trabajadores en una de las obras en marcha en la avenida de Navarra de Zaragoza.
Guillermo Mestre

Es un verano atípico. También para la construcción. Lo habitual en cualquier otro año no era que en pleno agosto y bajo unas temperaturas asfixiantes los trabajadores de este sector siguieran en el tajo. Hasta ahora. En este complicado 2020, marcado por la crisis sanitaria, algunos calendarios laborales parecen haber cambiado y el trasiego en los andamios lo evidencia en esta primera semana del mes vacacional por excelencia.

"Va a ser un verano distinto en lo que se refiere a la actividad en las obras, por la necesidad de recuperar el tiempo perdido en el que tuvimos que estar parados durante el estado de alarma", reconoce Juan Carlos Bandrés, presidente de la Confederación de Empresarios de la Construcción de Aragón (CEAC).

Aunque no se consideraba una actividad esencial, el confinamiento de la población decretado el 14 de marzo no impidió que la construcción siguiera trabajando. Pero el avance de la pandemia en esas primeras semanas era tan preocupante que el Gobierno decidió paralizar totalmente cualquier tipo de actividad (excepto las imprescindibles) para evitar la expansión de la covid-19. Y de forma obligatoria, entre el 30 de marzo y el 9 de abril, se pararon las obras y los trabajadores se recluyeron también en sus casas con un "permiso retribuido recuperable", es decir que a su vuelta al trabajo tendrían que negociar cómo recuperar esas horas, bien en tiempo de vacaciones, bien devolviendo las jornadas desde entonces y hasta el 31 de diciembre.

No significa que no habrá vacaciones en el sector de la construcción, sino que estas llegarán más tarde, señala Bandrés. "Posiblemente se concentrarán a partir de la segunda quincena de agosto", matiza el máximo representante de este sector en Aragón, en el que existen alrededor de un millar de empresas. Yrecuerda que cualquier otro año en el mes de julio las obras comenzaban a estar paradas y a comienzo de agosto prácticamente todo el sector colgaba el cartel de ‘cerrado por vacaciones’.

"Muchas empresas quieren acelerar los trabajos estos días para poder entregar las viviendas en los plazos que estaban previstos", señala Bandrés. Señala, como ejemplo, la situación de la empresa que dirige, Grupo Lobe, que gestiona en este momento 2.100 viviendas repartidas en Zaragoza, Madrid y Valencia. De ellas, el 20% están vendidas y el grueso de las mismas se entregaría a lo largo de este 2020.

Bandrés reconoce que si las vacaciones llegan este año más tarde a la construcción no es solo para compensar el parón de actividad al que el sector se vio obligado durante el periodo de alarma. "Es que hay hasta falta de motivación", señala el presidente de la asociación que representa en Aragón a los empresarios de la construcción.

Bandrés asegura que los rebrotes, la situación de cambio de fases en la desescalada y la incertidumbre que sigue generando la crisis sanitaria hacen "que la gente no se esté planteando mucho salir de vacaciones", explica. Y reconoce también que algunas empresas se acogieron a la posibilidad de presentar un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) que ya han finalizado y con ello han vuelto a recuperar la actividad para toda su plantilla.

Parón comercial

La construcción sabe bien de crisis. Fue la actividad más fuertemente golpeada en 2008 cuando el estallido de la burbuja inmobiliaria hizo desaparecer cientos de empresas y miles de empleos. Tras una larga travesía en el desierto, la construcción había emprendido "una nueva etapa" en estos últimos años, recuerda Bandrés, que reconoce que todavía está por valorar cuál será ahora el impacto de esta inesperada crisis sanitaria.

"El cliente existe, pero sin duda ha habido un incuestionable parón comercial que se dejará notar en los próximos meses", destaca el empresario. Bandrés añade, además, que a la imposibilidad de promocionar las nuevas viviendas por las limitaciones de movimientos que impuso el estado de alarma se suma también "una paralización administrativa y de inicio de actuaciones que se pagará en los próximos meses". Por eso, el director general de Grupo Lobe insiste en la necesidad de que las administraciones "agilicen todo lo que sea posible la gestión de las licencias".

Con todo, está convencido de que el sector "no sufrirá el batacazo tan grande que tuvo en 2008", porque, explica Bandrés, aunque la crisis económica posiblemente retraerá las compras, la vivienda nueva ha reducido su capacidad de clientes y apenas representa el 20% de las operaciones.

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