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"Han abierto las fronteras pero mi marido no puede venir de Japón a conocer a su hijo porque no podría volver"

Sara Aisa lleva un año viviendo en Japón y se vino en febrero para dar a luz en España. El país está incluido en el acuerdo de apertura de fronteras con la UE pero mantiene las restricciones para la vuelta por la covid-19.

Sara Aisa y su hijo Teo, en Zaragoza.
Sara Aisa y su hijo Teo, en Zaragoza.
Heraldo.es

Sara Aisa tiene 37 años y vive desde hace un año en Japón. A finales de febrero, embarazada de siete mes, decidió venir a Zaragoza a casa de sus padres para dar a luz en España. Llegó sola y cuando se acercara la fecha del parto había previsto que viajara su marido, que trabaja en un club de fútbol japonés. Sin embargo, el coronarivus trastocó los planes del matrimonio. Su hijo nació hace dos meses pero el padre todavía no ha podido conocerlo. La apertura de fronteras que se ha firmado esta semana en la Unión Europea (UE) incluye Japón, pero no están claras las restricciones a la hora de volver.

"Han abierto fronteras pero mi marido no puede venir de Japón a conocer a su hijo porque no podría volver. Solo abren para turistas japoneses o residentes en Japón. Nosotros tenemos visado, pero no somos residentes permanentes. Entonces no le aseguran poder volver a Japón ni a mí que pueda entrar con el bebé", explica desde la casa de sus padres en el zaragozano barrio de Casetas.

Ella desde España y su marido, Óscar García, desde Japón, no han dejado de dirigirse al consulado y las respectivas embajadas para buscar una forma de encontrarse en uno u otro país y además poder regresar a su vida en Niigata, la ciudad en la que viven a unos 300 kilómetros de Tokio, y en la que quieren seguir residiendo en los próximos años.

Han pasado estos últimos meses pendientes de las noticias y llamando a las embajadas. "Nos iban informado de las decisiones que tomaba Japón respecto a las fronteras y ya ibas viendo que se iba alargando la fecha", reconoce. Allí el estado de alarma se ha ido prorrogando mes a mes.

Dar a luz en España

"Es increíble que pueda venir un turista y no pueda venir mi marido desde Japón a conocer a su hijo", dice Sara, ya que ahora no podría volver a su trabajo. El 9 de mayo nació su hijo Teo, que se adelantó unos días. Debido a la pandemia, "su padre se ha perdido verlo nacer y sus dos primeros meses de vida", lamenta. Y tampoco han podido conocerlo en este tiempo los abuelos paternos, que viven en Barcelona, donde la desescalada ha sido más lenta por el mayor número de afectados por la covid-19. "Mis suegros todavía no lo conocen. Vamos este fin de semana a Calafell a que lo conozcan", dice, una vez que se han levantado las restricciones de movilidad en España tras el fin del estado de alarma. "Me consuela que lo vean, pero con quien quiero estar es con mi marido", confiesa.

Sara vino a finales de febrero porque su doctora no le recomendaba viajar más tarde por el embarazo. Parte del seguimiento lo hizo allí pero "decidí venir aquí porque era más cómodo estar con mi familia por si en el parto surgía cualquier cosa. Además, necesitaba contratar a un traductor permanente en el hospital", explica. Entonces el coronavirus era una gripe que no había llegado a Japón ni se hablaba de ella con preocupación en España, afirma. 

"Allí vino un crucero de China infectado y atracó en Tokio para pasar la cuarentena, pero contagios fuera no hubo. Se oía que era una gripe", recuerda. En la ciudad de Niigata donde residen no había ningún caso. "Cuando yo me vine, en la ciudad donde vivimos no llevábamos ni mascarilla", señala. Su marido trabaja para Soccer Services Barcelona, una empresa catalana que asesora a clubes y futbolistas, pero está desplazado a Japón para llevar a cabo un proyecto en un club local como director de Metodología.

Sara y su marido Óscar en Niigata (Japón) donde viven desde hace un año.
Sara y su marido Óscar en Niigata (Japón), donde viven desde hace un año.
Heraldo.es

Cuando en marzo se decretó el estado de alarma en España Sara no pensaba que eso fuera a impedir que se reencontrara con su marido a mitad de mayo, cuando estaba previsto que saliera de cuentas. "No te puedes imaginar que el país pueda estar parado dos meses", confiesa. En este tiempo ha pasado por momentos de indignación y tristeza. "Te desesperas. Me dio una crisis pensando que no iba a conocer al niño. Lo único que me dijo Óscar al irme es que quería ver nacer al chico".

En el hospital estuvo con su hermana Laura. "Como fue cesárea no pudo entrar. Y por el coronavirus no se podía estar más que una persona", recuerda. Le hubiera gustado que ya que no estaba su marido hubiera estado su madre pero "cómo voy a arriesgarla con 71 años y meterla en un hospital, o a mi padre". Además, viven con su abuela, de 94 años, todos dentro del colectivo de más riesgo ante la pandemia.

 Ahora se plantea irse sola con el niño, pero "si lo pienso fríamente es un vuelo muy largo y ahora aún no hay vuelos directos. Tengo que hacer escala en Londres o Suiza". Y no está segura de si ya puede hacerlo con el bebé porque le han pedido todo tipo de documentación sobre el pequeño.  El principal temor es que haya algún rebrote de contagios y se vuelvan a cerrar del todo las fronteras.

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