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Aragón

Los 'millenials', una generación tan preparada como castigada

La crisis de 2008 les llegó en el momento de dar el salto al mundo laboral. La actual frena los planes de consolidación de unos jóvenes que no siempre logran ser independientes.

El arquitecto Javier Beltrán salió de España en busca de oportunidades y actualmente trabaja en Londres.
El arquitecto Javier Beltrán salió de España en busca de oportunidades y actualmente trabaja en Londres.
HA

Se les conoce como la generación ‘Millenial’ -según a quién se consulte engloba un rango concreto de los nacidos entre 1980 y 2000 o a todos ellos- y, a pesar de que estaban llamados a las conquistas laborales y sociales, dos importantes crisis se han cebado con ellos en apenas una década. Cuando en 2008 buscaban su primer empleo con argumentos académicos más que suficientes, el desplome económico se llevó por delante cualquier formación, y las capacidades se tradujeron, en los mejores casos, en sueldos mileuristas.

Muchos tuvieron que marchar al extranjero en busca de oportunidades; otros se quedaron a combatir una precariedad que ahora, con la irrupción de la pandemia de la covid-19, amenaza -o directamente frustra- los planes de futuro. Los más preparados vuelven a ser los más golpeados. Y ese distintivo puede producir desánimo o, por el contrario, inconformismo hacia la autonomía vital.

"Es una generación que, a pesar de haber disfrutado de mayor formación que sus padres (alto nivel educativo, visión global de la sociedad, más capacidad de relaciones…), está teniendo dificultades para iniciar una vida independiente. La inestabilidad del mercado laboral es clave, y genera cierta resignación frente a la realidad", explica Carlos Gómez Bahillo, catedrático de Sociología de la Universidad de Zaragoza, que recuerda que hay «un amplio sector de los jóvenes que se ha conformado con asumir las condiciones impuestas».

No es el caso de Javier Beltrán, hijarano de 29 años que desoyó a quienes -allá por 2009- le dijeron que no era acertado emprender la carrera de Arquitectura. Al terminarla, apostó por salir a Inglaterra a mejorar el idioma y encontrar un empleo digno. "En España me pedían la experiencia que no tenía y nivel de inglés, por eso entendí que lo mejor era marcharme a vivir a Cambridge. Allí empecé a estudiar en una academia de idiomas y a ganarme un dinero trabajando en un pub, pero vi que las oportunidades relevantes estaban en Londres y me trasladé", cuenta este joven, que ya suma dos años y medio en una constructora de la capital británica.

Florencio Gracia acabó la carrera en 2008 y hasta 2014 no trabajó.
Florencio Gracia acabó la carrera en 2008 y hasta 2014 no trabajó.
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"Durante este tiempo he estado inmerso en un solo proyecto, una torre de oficinas en el centro de la ciudad que ya está casi terminado. A finales de marzo entramos en Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) y hasta agosto, cuando se supone que recuperaremos la actividad, estoy parado. Hay incertidumbre porque no sabemos si las obras seguirán y nos han bajado el sueldo", añade.

Aquí, en España, uno de los sectores que más ha padecido las consecuencias del coronavirus es el de la abogacía. "En nuestro despacho hemos aprovechado para avanzar casos anteriores, pero la situación es realmente complicada. Para muchos abogados, el coronavirus ha traído la ruina", comenta el zaragozano Florencio Gracia. Tiene 35 años, terminó Derecho en 2008 y hasta 2014 no empezó a trabajar. Su primera intención fue sacarse la oposición de acceso a la Carrera Judicial y Fiscal, pero con la crisis las plazas se empezaron a reducir -de 350 se pasó a 100-, hasta que llegó un año en el que no hubo convocatoria.

"Entonces decidí dejarlo para intentar trabajar en un despacho y tuve suerte. Yo no me puedo quejar, pero muchos compañeros tuvieron que aceptar condiciones precarias de jefes que se aprovechaban de la situación", completa Gracia, coincidiendo en cierto modo con la opinión que Héctor Pascual, de 32 años, traslada del ámbito de la Ingeniería.

«Al acabar la carrera en Zaragoza (2011), tanto mis compañeros como yo tuvimos muy complicado encontrar empresas que nos dieran la oportunidad de hacer las prácticas. Finalmente encontré una de energías renovables en la que hice el proyecto final. Mi labor fue como la de cualquier otro ingeniero de los que estaban en plantilla, pero sin cobrar nada. Al terminar, debido a la crisis económica y al rechazo del Gobierno de España a las energías limpias, la empresa no contó conmigo para formar parte de su plantilla y opté por registrarme en la Seguridad Social como autónomo para ayudar a compañías pequeñas en su oficina técnica», señala Pascual, que en febrero, tras cinco años trabajando en el sector de las telecomunicaciones sin encontrar "la felicidad", decidió cambiar de vida.

"Este trabajo me generaba un gran estrés y ansiedad, y presenté mi baja voluntaria para empezar en un establecimiento de café de especialidad en San Sebastián. El alta estaba prevista para el 23 de febrero, pero el maldito virus lo paralizó todo. Los trabajadores de esta empresa permanecen en ERTE y, hasta que todo se resuelva, estoy sin paro y sin trabajo porque la decisión de abandonar el puesto de ingeniero fue voluntaria", concluye.

Héctor Pascual dejó la ingeniera para dedicarse al mundo del café
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La otra cara

Los denominados ‘millenials’ son probablemente la generación mejor preparada de la historia de España, pero también hay un sector de estos jóvenes con bajo nivel formativo, que no han culminado con éxito las etapas educativas y, por consiguiente, han tenido menos oportunidades. "Su falta de competencias y habilidades profesionales ha supuesto una dificultad para su incorporación al mercado laboral, cada vez más tecnificado", valora Carlos Gómez Bahillo, que recuerda que hay una porción de jóvenes con poca capacidad reflexiva. "Su fuente de conocimiento siempre ha sido internet, los libros cada vez tienen menos espacio en su casa. Saben buscar en la red, pero les falta espíritu crítico para discriminar, analizar e interpretar la información que seleccionan", explica.

Los ‘Millenials’ son una generación tecnológica para la que el conocimiento, el saber, la información, las comunicaciones y las relaciones económicas y comerciales pasan por la red. Internet es la fuente de todo. El mundo digital forma parte de ellos mismos y les resulta casi imposible no estar conectados en todo momento. Los jóvenes hablan menos entre ellos de forma presencial, pero se comunican mucho más y con mayor frecuencia. La comunicación telefónica está siendo sustituida por la mensajería instantánea –WhatsApp, Facebook Messenger o Telegram–, herramientas que se han convertido en la principal forma de comunicación de los jóvenes españoles, según el Informe Sociedad Digital en España 2018. La tecnología comunicativa está plenamente integrada en esta generación.

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