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Aragón

entrevista

Octavio Gómez Milián: "Las matemáticas dan la paz, las humanidades dan la vida"

El escritor y profesor (Zaragoza, 1978) presentará el día 30 en Antígona ‘Despierto sabiéndome mortal’, un monólogo interior teatral sobre la obra de Sergio Algora

Octavio Gómez Milián, siempre rodeado de novelas y poemarios.
Octavio Gómez Milián, siempre rodeado de novelas y poemarios.
Jaime Oriz

Publica lo que puede considerarse una oda al imaginario creativo de Sergio Algora.

Aloma Rodríguez contaba que Sergio se le había aparecido en sueños a las semanas de morirse diciéndole que todo estaba bien. A mí y otros amigos nos pasó lo mismo. Las casualidades metafísicas existen hasta que les vence la probabilidad. Eso no es de poeta, es de científico. Empecé a escribir recordando anécdotas de Sergio, les di forma de obra teatral y lo compartí con el actor Saúl Blasco. Después, el editor David Giménez nos animó a publicarlo.

¿Qué supuso Sergio Algora para Zaragoza?

Era alimento, era la risa y la autenticidad. Nada de él era impostado. Vivió y murió en su ciudad. Cantó y escribió. Paseó, cerró bares y amó muchas veces y de manera muy diferente. ¿Qué más se le puede pedir? Por suerte, su obra se ha cuidado y podemos ver cómo ejercía de demiurgo entre la última época analógica de vinilos y fanzines y la primera revolución digital de blogs y descargas.

Hay cantidad de referencias a rincones de la ciudad en su obra.

Es la Zaragoza que yo llamo sumergida, la del Bonanza, Sopa de Letras, el rastro de la plaza de Toros, Plasticland, La estación del silencio, los bajos de la Casa Magnética, La caja de los hilos, la fonda la Peña, el Pascualillo... Donde los ojos se encendían y los corazones se aceleraban.

Ahora vive en Ateca, ¿qué aporta el entorno rural a su creación?

El silencio de la noche. Poder dedicar un rato todos los días a escribir, reflexionar sobre lo que me ha sucedido en la vida, a quién conocí, qué ratos pasé con esa gente... No descarto que mi vida en Ateca acabe dando para una novela, en unos pocos años he acumulado un buen puñado de vivencias.

En el libro también cita a una veintena de poetas aragoneses.

Son escritores que de alguna manera relacionaba con Algora. Hablé con Ángel Gracia y Jesús Jiménez y me sugirieron poetas como Fernando Andú, Francisco Pino, Ángel Guinda... Una de mis obsesiones es la materia de la que está hecha la poesía aragonesa.

Se le tilda de ‘agitador cultural’, ¿se siente identificado con el calificativo?

Hace unos años no paraba, pero desde que me puse a dar clase por institutos de Aragón no puedo llegar a tanto. Es generacional. Yo crecí animado por mis mayores y ahora les toca a los más jóvenes.

Como profesor, ¿cómo transmite sus inquietudes culturales?

Por un lado está el temario pero, por otro, el cómo hacer que esas lecciones y esas horas que pasamos juntos tengan un ‘extra’. Organizo certámenes de poesía, propongo interpretaciones artísticas de elementos matemáticos, entremezclo videojuegos y números...

¡Olvidaba que es ingeniero químico y matemático!

Las matemáticas dan la paz, las humanidades dan la vida. Hay que tener de las dos. Las ciencias tienen una exigencia mental deductiva que abren un número casi de imágenes e ideales aristotélicos.

El suyo es un libro pergeñado en Ateca y editado en Remolinos.

En las grandes ciudades no es que las propuestas funcionen mejor, es que hay más gente. En Remolinos, Andorra o Graus hay talento esforzándose en sacar ambiciosos proyectos adelante. Eso es bellísimo. Los chicos tienen ahora todo a su alcance:que lo encuentren o no apasionante es responsabilidad suya, de sus padres y sus maestros.

Le escuchamos en el Hotel Margot de Aragón Radio siempre con música –permítame– añeja. ¿El trap no le interesa?

Me apasiona la música pop en Aragón desde comienzos de los 80. ¡Es un mina insondable! El trap también me fascina, pero si los alumnos me piden escuchar a Yung Beef, les pongo su colaboración con Los Planetas.

Confiese, ¿le da al ‘spoken word’ porque no sabe cantar?

Antes decía que si supiera cantar y tocar la guitarra no daría la paliza con reseñas de discos y poemas. Luego me he dado cuenta de que uno disfruta con estilos artísticos distintos.

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