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El auge de las máquinas de ‘vending’: ¿un fenómeno saludable?

Los ingresos generados por las máquinas alcanzaron el año pasado los 2.325 millones de euros a nivel nacional. Los expertos piden que se mejore la calidad de la comida y bebida que en ellas se vende.

Una máquina expendedora en un centro de trabajo.
Una máquina expendedora en un centro de trabajo.
Efe

La presencia de máquinas expendedoras es cada vez mayor. Están en los centros de trabajo y estudio, establecimientos hosteleros, gimnasios... y, ahora más que nunca, a pie de calle. El sector del vending está en pleno crecimiento y ya no solo el centro de las grandes ciudades cuenta con viejos locales reconvertidos en tiendas 24 horas sin personal, sino que el fenómeno se ha extendido a barrios y localidades de menor entidad, donde es posible saciar la sed y el apetito o adquirir unos chicles bien entrada la mañana aunque no haya bares abiertos a la vista. En las calles de Aragón se estima que hay más de 70 tiendas de este tipo.

Los ingresos generados por las máquinas alcanzaron el año pasado los 2.325 millones de euros a nivel nacional, lo que supone un 2,2% más respecto al año anterior, según los datos de la consultora Informa D&B. El crecimiento de las ventas se debe, sobre todo, a la demanda creciente de alimentos y bebidas y a la ampliación del parque de máquinas. Y su oferta, de lo más variada, no deja de extenderse. Desde cortes de carne y hamburguesas calentadas en el momento hasta preservativos y juguetes eróticos, pasando por refrescos de todos los sabores -y colores-, parafarmacia, baterías para recargar el móvil y otros aparatos electrónicos.

Pero las protagonistas indiscutibles siguen siendo la comida y las bebidas carbonatadas, lo que suscita algunas dudas entre médicos y nutricionistas. “La proliferación en espacios públicos y privados de máquinas con alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas es un potente catalizador de su consumo, que contribuye al mantenimiento y progreso de la epidemia de obesidad”, indican desde el Grupo de Trabajo de Nutrición de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE).

La organización apunta que “su bajo precio y sus estrategias de marketing favorecen el desarrollo de la obesidad”. También hace referencia a la amplia disponibilidad de dulces en las dispensadoras de los centros escolares y su entorno: “Predominan las bebidas edulcoradas, bollería, dulces y aperitivos salados, mientras que las frutas y verduras apenas están presentes”.

La SEE ha remitido un informe a las diferentes administraciones públicas en el que recomiendan “regular la oferta para que sea 100% saludable en centros educativos, sanitarios y deportivos con financiación pública y al menos un 50% saludable en otro tipo de centros de la administración pública o con financiación pública”.

Conscientes de las críticas, las empresas han tratado en los últimos años de hacer que su oferta sea más saludable, especialmente en espacios sensibles como colegios y centros sanitarios, donde la bollería industrial va dejando hueco a la fruta envasada. Un claro ejemplo son algunas zonas de espera de los hospitales Miguel Servet y Clínico, donde la concesionaria realizó una importante inversión el pasado año para poder incrementar la oferta de productos saludables en sus máquinas. Misma medida que tomó el Ayuntamiento de Zaragoza durante el anterior mandato.

Clientes más habituales

Según el último informe sobre consumo en máquinas vending de la Asociación Nacional Española de Distribuidores Automáticos (Aneda), el 49% de los consumidores compra en máquinas vending por no disponer de tiempo suficiente. En muchos momentos del día, estas máquinas se presentan como única opción para obtener comida y bebida de forma rápida y sencilla, como por ejemplo de noche, horas en las que restaurantes y supermercados están cerrados.

La penetración de uso de las máquinas de vending es más alta entre los consumidores más jóvenes y desciende con la edad. Esto se refleja en el hecho de que mientras que el 60% de los encuestados de menos de 24 años afirma haber usado vending en los últimos seis meses, el porcentaje desciende hasta el 20% cuando se trata de mayores de 55.

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