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Aragón

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A la caza del conejo

Los cuantiosos daños que los conejos provocan en los cultivos aragoneses (especialmente cereal y leñosos) ha obligado al Gobierno a dictar un decreto ley con medidas «extraordinarias y urgentes» para reducir la sobrepoblación de estos animales. Y con esta norma, la caza se convierte en obligación.

Los titulares de los cotos tienen ahora la obligación de dar caza a los conejos con el fin de minimizar los daños que causan en los cultivos. heraldo
Los titulares de los cotos tienen ahora la obligación de dar caza a los conejos con el fin de minimizar los daños que causan en los cultivos.
Heraldo.es

Cazar conejos en Aragón ya no es solo un deporte o pura diversión. Se ha convertido en una obligación, al menos hasta el 31 de diciembre de 2021. Y es que estos (aparentemente simpáticos) animales están causando daños «desproporcionados y de extrema gravedad» en los cultivos de la Comunidad. No lo denuncian (que también) los agricultores de los municipios afectados por esta devorada plaga. La contundente afirmación llega desde el Gobierno de Aragón, concretamente de la consejería de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente, que detalla que estos animalillos «consumen las cosechas de cereales durante su periodo de germinación hasta el estado de la espiga y roen las cortezas y las ramas jóvenes de los cultivos leñosos llegando incluso a secarlos».

No solo los agricultores salen mal parados con la presencia (demasiada) de los conejos. Porque su consumo excesivo de especies vegetales, especialmente aquellas que son más agradables para el paladar, está afectando tanto a la ganadería extensiva como a otros animales salvajes con los que comparten habitat. «Se estima que en las zonas áridas 16 conejos equivalen al consumo en campo de una oveja de carne», señala la consejería.

No hay cifras concretas sobre las pérdidas que están ocasionando en el campo aragonés. Lo que si está cuantificado es el número de municipios por lo que se ha ido extendiendo su presencia, hasta cuantificar en este momento 118 localidades afectadas repartidas por las tres provincias. De ellas 72 están en Zaragoza, 38 en Huesca y 8 en Teruel.

Y en todas ellas, los agricultores se ven «desbordados» por los daños agrarios provocados por los conejos en sus explotaciones. Tanto, que «en numerosas zonas se están dejando de cultivar grandes extensiones agrícolas, sobre todo de cereal», porque el impacto de estos animales, unido, eso sí, a otros condicionantes negativos como la sequía, hace que no sea rentable su cultivo». Aún más. Por si «la considerable merma» de la economía rural no fuera ya suficiente problema, la superpoblación de conejos está afectando además a la convivencia entre cazadores y agricultores. Los primeros consideran que son los únicos que están haciendo algo por controlar dicha sobrepoblación. Los productores creen que es el único sector perjudicado por una especie cinegética objeto de la caza lúdica o deportiva.

Todos estos argumentos los firman de puño y letra el presidente del Gobierno de Aragón, Javier Lambán, y el consejero de Agricultura, Joaquín Olona, en un decreto publicado en el BOAel pasado 11 de octubre en el que se justifica que el actual ritmo de crecimiento de las superficies afectadas por la voracidad de estos animales obliga a tomar «medidas extraordinarias y urgentes» para minimizar el problema. Comienza así la caza (obligatoria) del conejo en Aragón

Hasta ahora se podía cazar conejos. Ahora es obligatorio hacerlo. Al menos para los cotos de caza. Hay una razón de peso (económico). Esta especie, cuya población ha crecido desproporcionadamente, ha convertido los cultivos de cereal o las cortezas de los leñosos en los ingredientes preferidos de su dieta, diezmando cosechas y provocando grandes pérdidas en el sector agrícola de Aragón, donde se han convertido en la auténtica pesadilla de los agricultores.

La necesidad de buscar soluciones ha hecho que el Gobierno de Aragón centrara su mirada en los cotos de caza. Y es que dado que se trata de una especie cinegética los efectos que estos animales causan en los campos de cultivo no pueden abordarse a través de la ley de sanidad vegetal, pero tienen perfecto encaje en la Ley de Caza de Aragón. Porque esta norma contempla una amplia variedad de actuaciones con las que hacer frente a las pérdidas ocasionadas por los conejos mediante su caza y captura, pero, tal y como los hechos ponen de manifiesto, «no siempre están siendo suficientemente utilizadas por todos los titulares de los derechos cinegéticos», señala el departamento de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente. Por eso, y para conseguir esa efectividad, el Gobierno de Aragón, a través del departamento que dirige Joaquín Olona, ha aprobado un decreto que «intensifica» la caza del conejo con el fin de «reequilibrar» su población.

¿Quién?

En este «control población» juega un papel destacado la Federación Aragonesa de Caza por su condición de entidad colaboradora de la Administración. Ella tendrá que crear y mantener un registro actualizado de los cazadores habilitados por el Ejecutivo aragonés. Y a ella podrán dirigirse los ayuntamientos para solicitar el envío de cazadores, que dispondrán de una autorización concreta de caza tanto para terrenos cinegéticos como para los que no lo son. Una licencia que será expedida por el consistorio afectado.

Pero los auténticos protagonistas del decreto son los titulares de los cotos de caza, porque sobre ellos recaen las principales obligaciones. Tienen un plazo máximo de 30 días (a contar desde la entrada en vigor del decreto publicado el día 11 de octubre) para tomar uno de estos dos caminos. El primero exige el establecimiento y la puesta en marcha «con carácter urgente» de un plan de medidas para intensificar la caza del conejo. Se comprometen así a reequilibrar su población y atenuar los daños que ocasionan en los cultivos. Este plan tendrá se presentarse en el Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (Inaga) y tiene que contener, como mínimo, la justificación de medidas adoptadas, entre las que se tienen que incluir la invitación gratuita al número de cazadores no socios que sean necesarios para cumplir los objetivos. Además, debe establecer la obligación de realizar la caza efectiva en el coto al menos 20 días de cada mes.

Hay otra opción. Porque si no se puede realizar dicho plan es obligado solicitar al departamento de Agricultura que intervenga a través de la Federación de Caza, aunque serán los socios o cazadores del coto los que sigan realizando el control de la población del conejo tal y como establece el plan general de caza.

Si los titulares de los cotos no adoptan ninguna de estas dos alternativas habrá sanciones. El decreto faculta al consejero de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente a «imponer multas coercitivas» que serán de 1.000 euros por cada mes de retraso en el incumplimiento de la obligación, si bien habrá un apercibimiento previo al interesado.

¿Cómo?

En Aragón no solo se debe cazar más. Además se puede hacer con nuevas modalidades. El decreto permite la captura a la espera en la madriguera durante todo el año. Será posible también la caza en vivo de conejos los 365 días, para lo que se permiten jaulas-trampa sin que para ello sea necesario disponer de licencia. Para el trampeo, en cambio, será perceptiva la autorización del titular en los terrenos cinegéticos y del propietario o arrendatario en el que caso de que se realicen en en tierras agrícolas.

Se puede cazar de día y de noche, pero si se opta por hacerlo cuando ya no hay luz, los cazadores deberán utilizar dispositivos de iluminación artificial adecuados, con el objetivo de que la captura sea eficaz, pero sobre todo resulte segura.

Y está permitido además utilizar hurones, sin que para ello sea necesario –como sucedía hasta ahora– una autorización emitida por el Inaga. Esta polémica técnica (considerada un método masivo, no selectivo porque arrasa con todo lo que hay ) consiste en utilizar al pequeño depredador para conseguir que todos los conejos salgan de la madriguera. Para ello, se introduce en ella al hurón, que busca inmediatamente a su presa y hace que el atemorizado conejo corra a salvarse buscando una salida. Es cierto que puede que este depredador puede dar muerte a los conejos, pero lo más habitual es que estos salgan despavoridos (y con vida) de su escondite.

¿Cúándo y dónde?

La veda esta abierta. Pero el decreto pone límites temporales y físicos. Todas estas medidas estarán permitidas hasta el 31 de diciembre de 2021, solo podrán aplicarse en los términos municipales en los que se ha confirmado la sobrepoblación de conejos –y ya van 118 repartidos por las tres provincias aragonesas–, y únicamente en aquellas parcelas afectadas y en una franja perimetral de 100 metros alrededor de las mismas.

Aquí entran en juego los ayuntamientos. A ellos tendrán que dirigirse los agricultores (propietarios o arrendatarios) para solicitar el envío de cazadores a sus cultivos, pero también el ayuntamiento puede realizar este llamamiento aunque no lo haya pedido el productor. Y será el consistorio el que expedirá a dichos cazadores la autorización expresa en la que se concretarán las fechas y los lugares en las que puede realizarse las capturas.

En los cotos situados en las localidades donde está declarada la plaga se permitirá que todos los socios puedan cazar conejos durante todos los días del año. Y siempre toda la caza se realizará de manera no lucrativa.

Para comprobar la efectividad de las medidas que impone el decreto aragonés, cada tres meses la dirección general competente en materia de caza evaluará el resultado de las medidas. Se hará, según recoge la norma, tomando en consideración los conejos cazados y la reducción efectiva de daños agrícolas. También se evaluará la respuesta que los cazadores han dado a los llamamientos realizados por los ayuntamientos a las entidades colaboradoras de caza, que contarán con apoyo económico de la consejería de Agricultura.

Habrá que esperar para conocer los resultados, aunque, a priori y a pesar de que valoran las medidas «excepcionales y urgentes» puestas en marcha en Aragón, las organizaciones agrarias no muestran su confianza en la total eficacia del decreto. Y no porque piensen que no va a contribuir a reducir el problema, sino porque están convencidos de que «no será suficiente» para acabar con la plaga.

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