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ARAGÓN

"La imagen de las llamas daba miedo, nunca había visto nada parecido"

Los vecinos de Leciñena y localidades vecinas siguieron "con preocupación" la evolución del incendio mientras trataban de ayudar en todo lo posible a los efectivos.

Varios vecinos preparan bolsas con comida y bebida para el operativo de extinción.
Varios vecinos preparan bolsas con comida y bebida para el operativo de extinción.
Francisco Jiménez

Decenas de vecinos de Leciñena se volcaron este miércoles en la extinción del que ya es el mayor incendio en Aragón desde 2015. Los agricultores siguieron utilizando tractores y cubas para frenar el avance de las llamas y el resto, se centraron en preparar bocadillos, agua y fruta fresca para el operativo, en el que llegaron a trabajar unas 150 personas.

Los vecinos llevaron hasta allí café, melocotones e incluso gazpacho. Muchos apenas habían dormido una hora. Las panaderías hicieron más pan que cualquier otro día y el camión que habitualmente abastece a las tiendas de agua descargó directamente en el almacén anexo al centro de mando avanzado del Gobierno de Aragón, donde dejó decenas de botellas. También se ofreció ayuda desde los bares de la localidad.

Víctor Pastor, concejal del Ayuntamiento de Leciñena, pasó en dicho almacén toda la noche."Hemos estado pendientes de todo. En especial, de si se necesitaba agua y comida", aseguró. La noche anterior, los vecinos agotaron"todo el pan" de las tiendas y los supermercados cercanos.

Muchos se enteraron de lo ocurrido"al minuto". Otros, al escuchar las campanas. "En cuanto tocan, todo el mundo sabe lo que tiene que hacer. La gente acude de inmediato al punto de encuentro", comentaba ayer una vecina.

La localidad no había sido testigo "jamás" de un incendio similar."Ha sido un golpe muy duro", aseguró Chema Gracia, vecino de Leciñena. Él vivió el episodio "con rabia y preocupación", ya que el fuego arrasó uno de los recursos más valiosos del municipio: su naturaleza.

Las llamas se quedaron a solo unos metros del albergue santuario de Nuestra Señora de Magallón, de donde tuvieron que ser desalojados una treintena de vehículos. Allí quemaron, según los efectivos del Gobierno de Aragón, cientos de hectáreas de sabina, pinar y romeros. "Todavía no nos dejan subir, no sabemos en qué condiciones estará todo. Esperamos poder hacerlo en las próximas horas", decía por la tarde María Pilar Torres, gerente del establecimiento. El alojamiento tendrá que cancelar sus reservas más inmediatas, tanto para el restaurante como para la hospedería. "Esperemos que se resuelva todo cuanto antes", añadió Torres.

Un daño irreparable

La sensación era este miércoles de pesadumbre, ya que, si bien no hubo afecciones a los cascos urbanos, el área arrasada tardará décadas en recuperarse. "Llevará mucho tiempo", confirmaba José Antonio Alberón desde su tractor.

El suyo fue uno de los cerca de cien vehículos particulares que ayudaron a combatir el fuego, cuya extinción se vio dificultada por los cambios del viento y las propias características del terreno.

Leciñena, en todo caso, no estuvo sola en su lucha contra las llamas. También hubo vecinos de Perdiguera que se acercaron hasta la localidad para aportar su granito de arena. Adelino Antonio Da Silva estuvo ayudando hasta las 4.00. "La imagen de las llamas daba miedo. Parecía un incendio muy peligroso.Llevo 32 años aquí y nunca había visto nada parecido", manifestó a las puertas de la planta potabilizadora del municipio, utilizada por los helicópteros para cargar agua.

Los vecinos consultados esperan que este episodio sirva para endurecer la ley en todo lo referente al uso de vehículos en periodos de máxima alerta. Aseguran no entender que los agricultores tengan que retrasar la cosecha y haya personas que puedan circular libremente con ‘buggies’ como el que, supuestamente, provocó el incendio.

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