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Ritos y conjuros de Aragón en la Noche de San Juan

Se trata de la noche más corta del año y su celebración data de hace más de 7.000 años, pero ¿cómo se mantiene la tradición en distintos puntos de Aragón?

Hoguera de San Antón.
Hoguera de San Antón.
José Miguel Marco

Un año más llega una de las noches más mágicas del año, la de San Juan, caracterizada por el encendido de enormes hogueras por diferentes rincones de Aragón –y del resto de España- en torno a una tradición cuyo origen se desconoce, si bien es cierto que existen textos que sitúan esta práctica hace más de 7.000 años. Así lo explica Carmen Gallego, profesora de Antropología Social y Cultural de la Universidad de Zaragoza.

La experta en rituales asegura que se trata de una festividad vinculada a ciertos ritos de origen pagano previos al cristianismo, cuyo objetivo era celebrar el solsticio de verano. Sin embargo, como ocurrió con otras tantas celebraciones, éste se apropió de algunas fiestas clave dotándola de otro significado al vincularla a la víspera de la celebración del nacimiento de San Juan Bautista. De ahí el nombre de ‘La noche de San Juan’. “Se trata de una tradición que pervive en la zona norte de Europa, en algunos puntos de América Latina y, en España, en Aragón y la zona norte y en puntos del Levante”, asegura.

“Todas estas culturas coinciden a la hora de celebrar la noche más corta del año, una velada vinculada con el ciclo agrícola y que utiliza el fuego como elemento principal como símbolo de purificación y de eliminación de aquello considerado como malo”, añade. En este tipo de rituales también se utilizan otros elementos como el agua y la tierra.

En el marco de esta velada tan especial hay quienes llevarán a cabo otro tipo de rituales como darse un baño en agua con sal para arrastrar las energías negativas o infusionar una serie de hierbas como laurel, albaca o romero, en busca de un mejor estado de salud. “También hay quien enciende una o dos velas a media noche, eligiendo un color según el objetivo, como el rojo que atrae el amor o el blanco la paz”, asegura Gallego.

Pero si hay una tradición que se lleva la palma en nuestros días en torno a esta festividad es la tradición de quemar una lista con aquellas cosas que quieres dejar atrás o, en su defecto, con los deseos que se quieren cumplir. Hoy en día, en el Pirineo Aragonés perviven tradiciones milenarias en varios pueblos como San Juan de Plan con su ‘Corrida de la Falleta’, en Sobrarbe.

“Los vecinos encienden unas teas y antorchas y recorren el centro del pueblo”, explica la antropóloga. En otros lugares como en Sahún, utilizan unas varas de avellano y corteza de abedul para llevar a cabo su tradicional volteo de bolas de fuego, mientras que en Bonanza se dedican a saltar sobre las brasas. “También se aprovecha para quemar muebles o elementos viejos como símbolo de renovación”, asegura la antropóloga.

Pero, ¿por qué perduran en nuestros días este tipo de rituales tan antiguos? Según Andrea Rodríguez, psicóloga sanitaria perteneciente al Colegio Profesional de Psicología de Aragón, este tipo de acciones, independientemente de la época en la que se hayan desarrollado, tienen un rasgo en común: “todas ellas se basan en llevar a cabo una serie de acciones con un valor simbólico con el objetivo de conseguir algo”.

“La mayoría de rituales presentan un componente psicológico y social muy importante ligado al sentimiento de pertenencia a un grupo o una colectividad ya que afianza los lazos de unión”, apunta la experta. Es por eso que la mayoría de ritos se relacionan con la superstición, reconocida en la jerga psicológica como una acción de causa-efecto en la que se llevan a cabo una serie de acciones muy concretas en busca de una recompensa y normalmente relacionada con la buena o mala suerte. “En ocasiones, esta acción se lleva a cabo por inseguridad y miedo, porque ¿qué pasa si todo el mundo tira la moneda al pozo y yo no, y luego se cumple?”, resume.

Se trata de una realidad que existe desde el origen de los tiempos, ligada a una creencia contraria a la razón en la que atribuimos un carácter mágico o sobrenatural a determinados sucesos. “Existen cientos de ejemplos en nuestro días, como en las bodas, donde la novia lleva a cabo una serie de acciones para garantizar el buen fin del matrimonio, o en el ámbito académico, cuando un estudiante se pone una camiseta porque le da suerte”, explica Rodríguez.

Profecía auto cumplida

El problema aparece cuando estas creencias acaban dominando nuestras acciones y limitando nuestra vida. “Existe un fenómeno por el que asociamos sucesos cercanos en el tiempo aportando esta visión de causalidad y, si se cumple lo que esperábamos, le damos un valor a dicha acción. Es lo que se denomina profecía auto cumplida”, asevera. En todos estos casos, el objetivo es la búsqueda de seguridad y confianza.

Sin embargo, se dan casos de personas con tendencia a crear conductas de este tipo que acaban rigiendo su vida hasta el punto de que estas supersticiones nublan su pensamiento. “Son individuos que orientan sus creencias hacia ciencias con baja fiabilidad que llegan a ver condicionado su comportamiento”, asegura. La mayoría de los casos no revisten de gravedad, y es un fenómeno que puede corregirse enfrentándose al propio ritual: “por ejemplo, retarse a salir de casa sin el amuleto y comprobar que el día discurre con normalidad”. No obstante, en el caso de llegar a ver limitada la actividad diaria, asegura que es importante buscar ayuda profesional en este campo.

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