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Optimismo contra las adversidades

Los empresarios de la zona de Andorra apelan al talento de la gente del territorio para salir de una situación “delicada”. Su proyecto, una oficina de reactivación industrial.

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El presidente de los empresarios de Andorra, Roberto Miguel, segundo por la derecha, junto a varios compañeros en la Villa Minera.
Pablo Marqués

El cierre de la central de Andorra en junio de 2020 supondrá el final de una era para toda una comarca. El futuro pinta negro, como el carbón, y la sensación de incertidumbre es un fantasma que rodea a los pueblos que, de una manera u otra, dependen de la térmica. Pese a todo, los empresarios apuestan por cambiar el discurso y mirar al futuro con optimismo para hacer frente a lo que viene. "La situación es delicada y se palpa la desesperación, pero debemos cambiar el discurso y dejar de lamentarnos. Vienen tiempos difíciles, pero aquí hay empresas con talento, que funcionan y que contemplan un futuro en el territorio", comenta Roberto Miguel, presidente de la Asociación Empresarial de Andorra-Sierra de Arcos y Bajo Martín.

"Falta de previsión" es una de las expresiones que más repite Miguel mientras analiza la actual situación de la Villa Minera. Europa ya avisó en 2010 de lo que hoy están viviendo muchas de las regiones mineras españolas. Si no se invertía en materia medioambiental, las centrales de carbón cerrarían en 2020. Pasaron los años con promesas políticas de diferentes colores hasta que en octubre de 2018 Endesa anunció lo que era un secreto a voces: la central cerrará dentro de año y medio. "Hemos perdido el tiempo. Pensamos que la térmica no cerraría nunca, nos acomodamos y no nos preocupamos por el futuro. Ahora debemos prepararnos para lo que viene, que son muchos despidos".

Entonado el mea culpa, Roberto Miguel se acuerda de las administraciones, a quienes critica por no haber impulsado medidas a largo plazo. "Un plan de futuro no se construye en tres años. Si queremos cambiar las cosas debemos ampliar las miras, como han hecho en Albalate o en Ariño".

El presidente de los empresarios habla de dos proyectos concretos. Toro Gips en Albalate y el Balneario en el caso de Ariño. El primero emplea a 30 personas y basa su modelo de negocio en un producto endógeno como es el yeso. Mientras, el complejo termal de Ariño se ha convertido en referente nacional, emplea a más de 50 personas de la zona y tiene proyectada una ampliación a corto plazo. "Son proyectos en los que se lleva trabajando desde hace más de 10 años y que ahora están dando sus frutos. Son ejemplos a seguir. Además, emplean a gente local porque, aunque en ocasiones lo dudemos, aquí tenemos mucho talento".

Con el objetivo de trabajar de cara a lo que viene, los empresarios proponen la creación de "oficina de reactivación industrial por la transición energética". Una herramienta independiente de las instituciones y formada por un equipo multidisciplinar, desde economistas a humanistas, cuyo objetivo será gestionar y asesorar las iniciativas empresariales que muestren interés por instalarse o seguir creciendo en la zona. "Necesitamos ser más transparentes y facilitar la información a los empresarios. Al mismo tiempo, debemos unificar el discurso, evitar que cada uno haga la guerra por su cuenta y ser una única voz de cara al exterior", indica Miguel.

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