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Aragón

Aragón, un país de montañas

Alberca de Alboré: 1.000 grullas a vista de catalejo

El centro de interpretación de Montmesa vuelve a abrir sus puertas hasta abril, durante el paso migratorio de estas aves, para cuya observación organiza salidas diarias los sábados y domingos.

Grullas alimentándose en unos cultivos del entorno de la alberca del Alboré
Grullas alimentándose en unos cultivos del entorno de la alberca del Alboré
Pablo Vallés

Las grullas han comenzado a llegar a la alberca de Alboré y el centro de interpretación sobre este espacio, que se encuentra en Montmesa, vuelve a estar abierto. Además, organiza salidas guiadas para observar a estas aves esbeltas, que recalan en este humedal, el primero tras pasar los Pirineos, en su viaje migratorio hacia el sur de la Península. Los fines de semana y festivos escolares, el centro permanece abierto de 10.00 a 16.00, de manera ininterrumpida. Así se mantendrá hasta el mes de abril, con el regreso de estas aves migratorias de nuevo al centro y norte de Europa. Dentro del centro, diversos paneles expositivos introducen al visitante en el origen de la alberca y la importancia de este ecosistema para las aves.

A las 16.00 se inicia la salida en grupo, bajo la guía de Pablo Vallés, responsable del centro, para ver el a las grullas alimentándose en los campos limítrofes y luego en su regreso a la alberca, para pasar la noche. «Cogemos los coches y vamos a un mirador que se encuentra en la parte opuesta de la alberca porque es el lugar desde el que podemos ver ahora a las grullas que se quedan invernando con nosotros», explica Vallés. Para la observación «nos situamos en un pequeño bosque ‘escondidos’ para que las grullas no adviertan nuestra presencia, ya que entonces huirían. Por la misma razón, nos situamos a bastante distancia, por lo que es aconsejable acudir con prismáticos, aunque desde el centro montamos dos catalejos, uno para adultos, y otro que ponemos más bajito, para niños», explica el experto. Tanto la visita al centro como la participación en la visita guiada son gratuitas.

Aves invernantes

Los cambios en la agricultura han hecho que algunas de las grullas que antes volaban hasta las zonas más meridionales de la península para pasar el invierno, «se queden ahora en el entorno de la alberca», señala Vallés quien desmiente la falsa idea de que las grullas viajan hasta a África buscando el calor. «Nunca ha sido así, resisten perfectamente las bajas temperaturas; si bajan desde el norte de Europa es porque en invierno disminuyen tanto las horas de sol que no tienen tiempo suficiente para buscar la comida que necesitan, y además en esas latitudes la nieve suele cubrir los campos, con lo que no hallan alimento».

Las grullas migraban «hasta Extremadura donde se alimentan de bellotas, unos frutos que les gustan y les aportan mucha fuerza». ¿Por qué algunas se quedan ahora en Huesca? «Los modernos sistemas de siembra directa, que dejan la semilla sobre la superficie, les permiten alimentarse fácilmente», explica el experto. Incluso, cuando comienza la germinación, las grullas pueden llegar a volar «hasta Sariñena a comer en los arrozales», dice Vallés.

Más de 4.000 grullas

Más de mil ejemplares suelen permanecer durante el invierno en la alberca. Sumadas a las que van llegando en su viaje migratorio hacen que la presencia pueda subir hasta «las 4.000 grullas algunos días», afirma el biólogo.

El espectáculo de verlas volviendo en bandadas, realizando curiosos vuelos que parecen coreografías en el aire, es siempre un momento emocionante para el espectador.

A las grullas «les gusta dormir rodeadas de agua porque así, si se acerca un zorro u otro predador, oyen el chapoteo», dice Vallés. Alboré les ofrece unas condiciones idóneas como dormidero «al ser una lámina de agua muy extensa y con muy poco calado: pueden quedarse dormidas con las patas dentro del agua y tienen una gran superficie líquida alrededor, lo que no podrían hacer en un pantano porque, para que no les cubriera, tendrían que quedarse muy cerca de la orilla», explica.

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