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La tensión electoral copa la escena y amenaza seriamente las cuentas de 2019

Lambán asegura que no aceptará condiciones, mientras que Escartín pone cinco cuestiones sobre la mesa.

Javier Lambán, a su llegada este lunes a unas jornadas en Zuera
Lambán avisa de que no tolerará "privilegios" a vascos y catalanes en los presupuestos
Oliver Duch

No se dice claramente, pero en los mentideros políticos cunde la idea de que la legislatura en el Parlamento aragonés se ha dado por amortizada y pocos confían ya en la posibilidad de que el Gobierno PSOE-CHA pueda aprobar los cuartos presupuestos de su mandato: la tensión electoral ha salido a escena y la izquierda no parece muy dispuesta, al menos a priori, a ceder.

El camino presupuestario del presidente Javier Lambán no ha sido precisamente de rosas en esta legislatura. Podemos le ha puesto en las tres ocasiones anteriores las cosas muy difíciles a la hora de negociar los presupuestos, pero luego ha sacado pecho de ello. Ahora, ambos han doblado la apuesta.

Los de morado aseguran que no negociarán nada hasta que el Gobierno se comprometa a incluir en el borrador cinco medidas "baratas y de justicia" que forman parte de su ADN y de sus compromisos electorales.

Y enfrente el Gobierno ha sacado a relucir su orgullo y rechaza rotundamente condicionantes previos para la negociación. A una mesa de diálogo, aducen desde el PSOE, se acude sin prejuicios y sin exigencias, y para algo los socialistas forman parte del Gobierno y los de morado, no.

El líder de Podemos, Nacho Escartín, había recibido hasta ahora alabanzas del Gobierno solo por contraste. Es decir, que se le percibía más dócil y proclive al entendimiento de las izquierdas que su antecesor, Pablo Echenique, a quien nadie en la bancada socialista parecía echar en falta.

Pero Escartín quiere dejar su impronta y pretende obligar a Lambán, a siete meses exactos de las elecciones autonómicas y municipales, a hablarle "de tú a tú", apoyándose en los únicamente 6.000 votos que separaron a ambos partidos en los comicios de 2015. Marcar el territorio, se llama.

Así, mientras unos insisten y los otros no ceden, la pregunta obligada es si este enrocamiento tiene que ver con el postureo cara a la militancia y al electorado, o si responde a sólidos principios políticos.

Mientras todos aseguran que la pelota no está en su tejado, lo cierto es que existe una altísima probabilidad de que Aragón concluya la novena legislatura con un presupuesto prorrogado.

Y eso a pesar de que el PSOE se empeña en asegurar que las propuestas de Podemos son razonables.

La escenificación llegó a su punto culminante el jueves, cuando el consejero de Hacienda, Fernando Gimeno, dejó sillas vacías en la mesa a la que había llamado a sentarse a los cuatro grupos de la izquierda y a la que solo acudieron los portavoces de los dos que lo sustentan, PSOE y CHA.

Tras el encuentro, Gimeno apeló a partes iguales a la responsabilidad de los ausentes y a los milagros, que el titular de Hacienda parece haber comprobado que también existen en política.

En el reciente debate sobre el estado de la Comunidad, Lambán hizo gala de coherencia al decir que quería pactar cualquier cosa importante solo con la izquierda. Podemos e IU le sacaron a relucir el pacto con PP, PAR y Ciudadanos para reducir a su mínima expresión el impuesto de sucesiones en la Comunidad.

El recuerdo de ese pacto fiscal dio alas a Escartín, y también a la diputada de IU, Patricia Luquin, para poner en evidencia que Lambán está instalado en la equidistancia en lugar de apostar decididamente por la mayoría de izquierdas.

Es posible que Lambán no se quiera cerrar la puerta a virar su estrategia de pactos y coaliciones, a pesar de que el contexto nacional parece demostrar que el partido de Albert Rivera no se siente muy cómodo jugando en el mismo equipo que los socialistas: la ruptura de su acuerdo ha precipitado las elecciones en Andalucía.

Habría que preguntarse, por último, por qué en el Congreso de los Diputados el propio Sánchez y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, sí han sido capaces de sellar un acuerdo presupuestario, a priori sin demasiados problemas.

En definitiva, que andan revueltas las aguas, sobre todo las que se tienen que depurar, a cuenta del manido ICA, y revolucionado el gallinero parlamentario en Aragón, donde jefes y gregarios tienen puesta la mirada en las elecciones de mayo sabiendo que el pastel solo tiene 67 escaños y que muchos quieren probar el dulce.

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