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Ardisa mira al río, honra a los suyos y se apunta al toque culinario del sur

El municipio de las Cinco Villas es el destino anual de una bajada popular del río desde Santa Eulalia, y la actual administración de su bar organiza comidas populares los sábados con los arroces y el marisco como estrellas.

Vista desde la ribera de Ardisa de un kayak de dos plazas que surca el Gállego.
Vista desde la ribera de Ardisa de un kayak de dos plazas que surca el Gállego.
Laura Uranga

Pasear por Ardisa es un placer, sereno por decantación y variado por estímulos visuales. Muy cerca de la plaza, la hermosa casa El Hortal (vivienda de uso turístico) sirve de inicio para el recorrido por la ribera del Gállego hasta el mirador y la bajada al embarcadero, que sirve una vez al año de meta para el descenso popular de 15 kilómetros desde el puente metálico de Santa Eulalia, que este agosto cumplió su cuarta edición. Hasta la llegada de los fríos más virulentos es común ver pasar embarcaciones ligeras tipo kayak, impulsadas por palistas, que se abren paso entre la profusa vegetación de las orillas. "Ahora están arreglando el arenal por aquí arriba –apunta Fina Palacio, vecina del pueblo y hermana de Angelines, alcaldesa desde hace 20 años– y van a cortar unos cuantos chopos de la ribera en cuanto acaben de hacer el tramo de calle que falta; esto de abajo es muy bonito, pero parece un poco Vietnam. El embarcadero también está muy majo". Su hermana Angelines recuerda que en verano vienen los Ebronautas a hacer descensos por la zona los sábados y domingos. Los fines de semana también hay notable afluencia de cazadores.

El pueblo exhibe ciertos detalles que no se ven en todos sitios. Por ejemplo, este verano se han instalado cámaras de seguridad en distintos puntos del casco urbano, conectadas con las autoridades y las fuerzas del orden. "Así estamos un poco más tranquilos –explica Fina– porque hubo robos en algunas otros años. Los agentes de la guardia civil llegan enseguida desde Luna, y también tenemos a los de Ayerbe al lado". Las calles están muy cuidadas, y siguiendo la vía contigua al río y su embarcadero está la zona deportiva, muy bien dotada en cuanto a instalaciones, y el lavadero rehabilitado en 2010, que se utiliza una vez al año para recordar esta práctica tan común en el medio rural. El resto del año se vacía de agua, para que no haya riesgo de accidentes cuando llegan los peques en fechas festivas.

El éxodo y los que se quedaron

"Aquí en los sesenta se fue mucha gente a Huesca, Zaragoza y Barcelona, quedamos un puñado. A día de hoy –apunta Fina– nos queda nuestro carpintero, que incluso con algún problema de salud trabaja muy bien, y el bar. La asociación cultural Virgen de Miramonte, llamada así en honor de nuestra ermita, ha funcionado hasta este año pero ahora no hay nadie que la lleve; hacía cosas para los críos en verano y muchas otra actividades.Eran muy interesantes las clases de pintura figurativa con una señora que vive en Barcelona, Marta Cabeza, y tiene aquí casa desde hace 40 años".

Ardisa siempre fue un municipio agrícola, y hace algo más de medio siglo se formaron en el pueblo varias cuadrillas de obreros que iban a trabajar a Tormos, al embalse, incluyendo al padre de Fina y Angelines. "Mi padre –recuerda Fina– era de Agüero, muy cerca de aquí, y conoció a mi madre en las fiestas de los pueblos; se casaron en Ardisa, porque ella era de aquí, y aquí nacimos los cuatro hermanos, también está Mirabel, la de la casa El Hortal, y un hermano. Yo fui a la escuela aquí, estábamos 26 chicas y la escuela de los chicos, que estaba en el actual bar, tenía un número parecido. Casi todos pasamos las temporadas de más frío en Zaragoza, pero aquí tenemos los servicios básicos, vienen camiones para la compra casi todos los días de la semana, y mantenemos el autobús a Zaragoza. Recuerdo que mi padre se daba vuelta por Zaragoza un par de veces al mes; iba a ver a la Virgen, compraba cosas para el huerto y se daba una vuelta por la ciudad, y siempre cogía el autobús de madrugón para volver por la tarde o algún día después, No quería que lo llevásemos ni lo trajésemos, porque temía que si no usaba el transporte acabasen quitándolo. Ahora pasa un poco con las furgonetas de alimentación, vamos comprando; una vecina, la señora Carmen no falla nunca, por ejemplo; no quiere que dejen de venir".

Fina y Carlos, su marido, llevaron trece años el bar de Ardisa, y desde que él se prejubiló pasan largas temporadas en el pueblo, donde también mantienen un pequeño huerto. Este año hubo un ‘impasse’ con el establecimiento, pero se acabó arreglando. "Ha llegado José, que es andaluz y cocina de maravilla. Los sábados hace cosas especiales a buen precio como paellas o arroz negro riquísimo, patatas con sepia, puntillas que le salen divinas, unas salmueras de aúpa… se da mucha maña".

Angelines ha echado adelante muchas iniciativas en sus dos décadas al frente del ayuntamiento, y otra que quiere acometer en el futuro próximo es la posibilidad de convertir la casa natal del futbolista Ramón Torralba en un museo en memoria del deportista y su hijo artista, Juan José. "La idea –remata la alcaldesa– está hablada con el albacea del testamento de Juan José, y le pareció muy bonita, pero la familia debe ponerse de acuerdo. Tienen muchos recuerdos bonitos de ambos, y sería una obra magnífica".

Ramón y Juan José Torralba, dos figuras de alcance en el mundo del fútbol y la pintura

Tras el edificio del bar, en una calle contigua, se yergue la casa del futbolista Ramón Torralba Larraz, nacido en Ardisa en 1895 y fallecido en México DF en 1986. Torralba fue jugador del primer equipo del F. C. Barcelona entre 1914 y 1928, y titular fijo en doce de sus catorce temporadas. Jugaba de mediocentro de contención, todo fuerza y sacrificio, y formó una gran sociedad con Sancho y Samitier. Fue el primer jugador en la historia del Barça en recibir un homenaje (1917) en el campo de la calle Industria, cuando aún comenzaba su carrera. A su retirada, e 1 de julio de 1928, recibió otro en el campo de Las Corts.

No es el único Torralba famoso con raíz en Ardisa. Juan José, hijo de Ramón, nació en México DF en 1937. Aprendió a pintar en la Escuela de Bellas Artes de la capital mexicana y desde 1958 alternó su vida entre Guanajuato y Barcelona, donde abrió taller. Grabador y pintor, colaboró con Joan Miró, Henry Moore o Antoni Tàpies. Murió en 2010. P. F.

Los imprescindibles

Castillo de la Ballesta

Se sitúa un kilómetro al sur de Ardisa, junto a una zona del río con varios meandros. Las vistas desde lo alto de su torre abarcan buena parte de la vega del Gállego, y también incluyen la ermita de la Virgen de Miramonte.

Casas de Esper

Pedanía de Ardisa, cuenta con hermosas casas solariegas y en sus alrededores hay numerosos yacimientos prehistóricos, romanos y medievales. También había allí unas minas de cobre explotadas entre 1950 y 1954.

El Crucero del Crucifijo

Es todo un orgullo del pueblo, y recibe a sus visitantes. Originalmente estuvo en la bifurcación de los viejos caminos de Puendeluna y Casas de Esper. Su altura total aproximada es de cuatro metros.

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