Despliega el menú
Aragón

El gazpacho turolense se abre paso desde Híjar

La empresa Tomate Las Valles, ubicada en la localidad turolense de Híjar, está ultimando el proceso de producción de su primer gazpacho artesano.

El empresario Pablo Gimeno, en las instalaciones de su empresa de transformación de tomate.
El empresario Pablo Gimeno, en las instalaciones de su empresa de transformación de tomate.
Ana Mallor ==

Desde hace poco más de un año, el empresario Pablo Gimeno está inmerso en un apasionante proyecto: convertir parte de las más de 500 toneladas de tomates rosa que cultivan en su huerto e invernadero de la localidad turolense de Híjar en un delicioso gazpacho, cien por cien artesanal. El broche de oro de una iniciativa que arrancó en 2004, momento en el que decidió apostar por el cultivo de esta hortaliza y convertirla en su modo de vida, primero como meros productores y ahora también como transformadores finales.

«En los últimos años, la producción de tomate no ha dejado de crecer y decidimos apostar por el gazpacho. Es un sueño que podremos materializar muy pronto y que nos permitirá completar todo el ciclo. Después de muchas pruebas, creo que hemos conseguido un producto de calidad que comercializaremos con el nombre de Bal de Plana, como guiño al lugar donde se ubica nuestro invernadero y huerto», indica Pablo Gimeno.

Entre ambos centros de producción suman casi 7 hectáreas de suelo, 1,5 hectáreas en el invernadero y 5,5 en suelo agrícola. Y se dedican exclusivamente al tomate rosa porque en los estudios de mercado que hicieron previamente vieron que era el producto más demandado por los potenciales consumidores que destacan principalmente «su piel fina, su pulpa suave y su sabor dulce y nada ácido que lo hace único respecto a otras variedades».

Este importante volumen de producción hace que en plena campaña proporcione trabajo a más de 20 personas, «sobre todo magrebíes que viven en Híjar y otros que llevan años viajando desde su país hasta el pueblo para trabajar en la campaña», señala.

Consumo energético

En esta apuesta por el tomate rosa, Pablo ha dado una vuelta de tuerca más y desde hace unos años ha sustituido el gasóleo que necesita el invernadero para calentarse por biomasa procedente de una planta gramínea, el arundo donax, una especie invasora muy abundante.

«El consumo energético en los invernaderos es un factor muy importante a considerar dentro de los costes de producción. Por eso nosotros hemos apostado por los residuos de cañas que generan en una empresa cercana a la nuestra y que nos permite conseguir un mayor ahorro energético a la vez que cuidamos el medio ambiente», matiza orgulloso.

Más información en el Suplemento Heraldo del Campo

Etiquetas
Comentarios