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Aragón

Del melón como canción de cuna a semilla para la investigación

El geógrafo Chuma Sahún, de Torres de Berrellén, ha unido su pasión por esta fruta con su interés por recuperar una variedad que desapareció en los 60.

Hay ideas que se fraguan desde la cuna y esta podría ser una de ellas. Desde niño, Chuma Sahún siempre había oído la historia de que hasta mediados del siglo XX el melón de Torres de Berrellén, su pueblo, se vendía por todo el mundo. «Era como una canción de cuna para mí», cuenta. Aunque de formación es geógrafo y trabaja en una consultoría energética, por sus venas corre sangre de agricultor y ganadero -por parte de sus abuelos-, además de la curiosidad por investigar, estudiar y respetar las tradiciones. Con estas mimbres y con su pasión por el melón -también heredada por su hija pequeña-, a Chuma se le encendió la bombilla hace tres años. El objetivo: recuperar el melón verde de Torres, de variedad tendral, el ‘verdadero’.

«Desapareció en los años 60 y prácticamente se había dejado de cultivar», explica. Una de las primeras cosas que hizo fue dar voces por si algún octogenario guardaba en botes semillas, pero muchas habían hibridado. Chuma se dio cuenta enseguida de que no podía seguir solo en este proyecto y se sumaron a él Jesús Causapé, un geólogo también de Torres; un ingeniero agrónomo jubilado e investigadores del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (CITA) y de la Red de Semillas de Aragón.

¿Pero qué hace especial al melón de Torres? «Es alargado, de corteza gruesa, dulce, sabroso, verde -aunque también hay variedad blanca- y colgado, puede conservarse hasta el invierno». Así lo describe Chuma, quien cuenta que gracias al CITA se ha hecho una siembra con autofecundación, que ha permitido «retroceder en el tiempo». «Es una reconstrucción de las características genéticas por la vía natural», explica. Este año ya han plantado melones con estas semillas en huertos experimentales. Recientemente, el CITA y la Asociación Tutelar Asistencial de Discapacitados Intelectuales (Atades), a través de su Centro Especial de Empleo Gardeniers dedicado a la agricultura ecológica, han firmado un acuerdo de colaboración para la recuperación de esta fruta.

Segundo reto: comercializar

Los investigadores tienen claro además que las características del agua y la tierra de Torres -por su nivel de cloruro sódico- lo hacen aún más sabroso y permiten que retenga más agua. «Nuestro primer objetivo es sacar del olvido una variedad perdida», detalla Chuma. Una vez conseguido el primer reto, «que tardará», intentarán comercializarlo. «Ya hay un caldo de cultivo que ilusiona y algunos agricultores han mostrado su interés -añade-. Aunque tiene mucho de sueño, ya parece que se está empezando a hacer realidad».

«Este es un proyecto del pueblo y para el pueblo. Aunque los impulsores fuimos dos, todo el mundo se ha implicado», agradece Chuma. El tejido asociativo local, los vecinos y el Ayuntamiento se han volcado en esto. Y gracias a todos los apoyos se ha conseguido que este fin de semana Torres de Berrellén haya sido la sede de la IX edición de la Feria Aragonesa de la Biodiversidad Agrícola. Además de charlas y ponencias, en la muestra ha habido catas de melón.

Más información en el Suplemento Heraldo del Campo

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