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Tercer Milenio

"Solo con productos locales y orgánicos no vamos a ser capaces de alimentar al planeta"

Shay Eliaz, socio líder de ‘agribusiness’ de Deloitte, lidera un estudio que detalla los cuatro escenarios a los que podría enfrentarse el sistema alimentario mundial en 2030.

Shay Eliaz, socio líder de 'agribusiness' de Deloitte.
Shay Eliaz, socio líder de 'agribusiness' de Deloitte.
Guillermo Mestre

Uno de los grandes desafíos futuros es alimentar a una población creciente con menos recursos. Se habla mucho de este reto, pero ¿se están ya tomando medidas?

Sí, hay muchas iniciativas en curso. Se trabaja en dos líneas, una que tiene que ver con la cantidad de tierras que se dedican a la producción de alimentos y el intento de incrementar su productividad y la otra relacionada con la reducción de la cantidad de comida que se desperdicia, que actualmente supone entre el 40% y 45% de total de lo que se produce.

Usted ha liderado la realización de un informe en el que habla de cuatro posibles escenarios alimentarios con los que podríamos encontrarnos en 2030. ¿Puede darnos algunas pinceladas?

Para poder llegar a dibujar estos cuatro escenarios se tuvieron en cuenta muchísimos factores que al final se van sintetizando en dos aspectos principales: como evolucione la demanda y la conectividad de cada uno de los mercados, en términos de comercio, de apertura, de información… La intersección de estos dos ejes definen estos cuatro escenarios, que de manera general son los siguientes: ‘la supervivencia de los más ricos’, un mundo de consumo intensivo de recursos y mercados desconectados donde una división rígida entre los que tienen y los que no tienen; ‘consumo sin control’, con una fuerte conectividad del mercado y un consumo intensivo de los recursos, con un alto crecimiento del PIB pero con un elevado costo medioambiental; ‘lo local es lo nuevo global’, un mundo de mercados locales fragmentados con un consumo eficiente de los recursos en el que los países ricos se centran en los alimentos locales y las regiones dependientes de las importaciones se convierten en zonas de hambre; y ‘sostenibilidad de fuente abierta’, un futuro que vincula los mercados altamente conectados con un consumo eficiente de recursos donde ha aumentado la cooperación y la innovación internacional. Los cuatro son posibles y en cada uno de ellos habrá perdedores y ganadores en función de dónde se esté posicionado y cómo de preparado para poder responder a la situación. El reto para las compañías es prepararse para que ser capaces, en cualquiera de estos escenarios, de ser un actor importante o, cuanto menos, ser capaz de sobrevivir.

Así que el dibujo de ese escenario está en manos de las decisiones que tomen el sistema alimentario Por supuesto, el escenario que acabe dibujándose en 2030 será el resultado de las decisiones que han ido tomando cada uno de los actores de los sistemas de alimentación mundial, desde los gobiernos, a los consumidores o los fabricantes. Por tanto, ese futuro depende de nosotros. Hay que señalar que se ha tomado como referencia temporal el 2030 es porque se pretendía disponer de un periodo lo suficientemente amplio como para que las decisiones de hoy puedan tener un impacto en ese escenario futuro. Pero también se pretendía que no fuera demasiado lejano como para que hiciera irrelevante cualquier acción que se plantee desde hoy.

Como experto, ¿cuál sería para usted el escenario más deseable?

Es aquel en el que se alcanzaría un nivel máximo de eficiencia, tanto en la producción como en el consumo, y se actuaría en un sistema lo más abierto posible, en el que se pudieran intercambiar productos a nivel global. Aunque es cierto que hoy existen tendencias que no lo están poniendo fácil, sobre todo desde el punto de vista de los mercados, donde estamos viendo un retroceso por decisiones a nivel mundial que no van precisamente en esa dirección. Pero sí, si tuviera que elegir ese sería el escenario en el que habría que trabajar.

¿El sector, que suele tener una visión cortoplacista, asume esta responsabilidad a tan largo plazo?

Es una lástima, pero hoy no es posible dar una respuesta única, porque existen compañías que responden a unos intereses y unos mercados con una visión más a corto plazo (las cotizadas, por ejemplo), junto a otras que muestran un compromiso más a futuro. Lo que está claro es que un actor solo no es capaz de alcanzar el reto de poder alimentar a una creciente población de una manera eficiente y, por tanto, lograr estos objetivos es responsabilidad de todos, tanto de los fabricantes, como de las administraciones, de las universidades, del sector de la energía, de la gestión del agua... Todos tienen que ser capaces de trabajar con vistas a este objetivo compartido, a este gran desafío.

A pesar de la necesidad de producir más, están surgiendo numerosas iniciativas alimentarias muy artesanas, de producciones limitadas, ecológicas y orgánicas, muy identificadas con el territorio local... ¿Tienen futuro?

La clave está en saber combinar. La posibilidad de producir mejores alimentos no debe dejar de lado los aspectos de eficiencia y de capacidad que tengamos que tener a nivel global para alimentar al conjunto de la población. Probablemente el gran problema que tengamos es que a través de productos locales y orgánicos no vamos a ser capaces. Por eso tenemos que impulsar palancas que permitan el aumento de la productividad y, al mismo tiempo, no olvidar el objetivo de que la alimentación tiene que ser cada vez de mayor calidad y más segura. Ahí es dónde va a estar el éxito, en las políticas que tengan que ver con la gestión del agua, la eficiencia, el buen uso de la energía... conjugadas con la capacidad de generar productos de gran calidad para todo el planeta.

¿Que características tienen que tener las empresas para estar preparadas para este desafío?

Tienen que ser capaces de producir alimentos seguros, sostenibles y eficientes, a los que la gente pueda acceder.

¿Se ha tenido en cuenta el cambio climático? ¿Se puede trabajar tan a largo plazo con la previsión del clima?

Hay que hablar del cambio climático desde dos vertientes, por un lado quien genera los impactos y, por otro, quien los recibe. La agricultura es claramente un sector que se ve altamente impactado. En los últimos años se han visto sus efectos, por ejemplo, con las sequías en la India que han reducido de forma drástica la producción alimentaria o en California, donde se concentra gran parte de la producción alimentaria de Estados Unidos, también muy afectada por este mismo aspecto. Desde el punto de vista de la contribución al cambio climático también es un sector que tiene una alta responsabilidad, comenzando por la gestión del agua, ya que los sistemas de alimentación consumen el 70% del total del consumo y el sector primario concentra el 10% de este consumo. Y también en el uso de fertilizantes que, de una manera u otra, tienden a terminar en los ríos y en los mares provocando un impacto que afecta de forma decisiva en el cambio climático.

Europa ya habla de la PAC que aplicará a partir de 2020. ¿Cree que es necesario una reforma profunda que termine con decisiones del pasado y se adapte a las nuevas exigencias del futuro de la alimentación mundial?

Las políticas europeas son de las más estrictas del mundo en cuanto a control de la producción, pensadas con el objetivo alimentar de la forma más segura posible a la población, pero también es cierto es que los sistemas de alimentación se han visto politizados, y no solo en Europa, por lo que cuando las medidas que se implementan son las correctas los beneficios son positivos, pero cuando se toman decisiones equivocadas, los perjuicios son claros. Hay que entender también que determinadas políticas restrictivas pueden limitar la posibilidad de que algunos productos puedan comercializarse de una forma más abierta, provocando así deficiencias en el sistema. Disponer de un sistema restrictivo que trata de controlar la producción puede ser más o menos eficiente en la medida en que tu sistema alimentario viva al margen del resto de la globalización, pero es muy complicado en un mundo en el que las transacciones son globales. Lo deseable es que los objetivos que tú defines para tu espacio alimentario sean compatibles con esa movilidad de los alimentos a nivel global.

¿Conoce el sector agroalimentario español? ¿Qué opinión le merece?

Honestamente no soy un experto en lo que es el sistema de alimentación en España, pero en las últimas semanas he tenido la oportunidad de reunirme con los directivos de importantes industrias españolas, además de disfrutar de la comida del país, y he visto que sus objetivos no se alejan en absoluto de los fines que uno puede observar a nivel global, tanto en términos de crecimiento, de sostenibilidad, o de como de entender cuáles son las necesidades de los clientes y adaptar sus producciones a esas demandas. Mi impresión es muy positiva.

Más información en el Suplemento Heraldo del Campo

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