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Aragón

La recompensa de convertir la obligación en devoción

Javier Sancho y la cooperativa del Campo de San Isidro de Mazaleón consiguen el primer premio a la Calidad en los galardones al Mejor Aceite del Bajo Aragón.

Verónica Esteban, gerente de la cooperativa San Isidro, y Javier Sancho, en las instalaciones de la almazara.
Verónica Esteban, gerente de la cooperativa San Isidro, y Javier Sancho, en las instalaciones de la almazara.
Heraldo

Convertir la obligación en devoción y lograr con ello el reconocimiento al trabajo bien hecho. Esto es lo que acaba de experimentar Javier Sancho, hasta hace unos días gerente y maestro almazarero de la cooperativa del Campo de San Isidro de Mazaleón, quien ha visto como el esfuerzo que lleva realizando desde hace casi una docena de años ha tenido su recompensa con la concesión del Primer Premio a la Calidad otorgado dentro de los galardones Mejor Aceite del Bajo Aragón 2018.

Javier Sancho llegó a la cooperativa en 2006, por una serie de casualidades de la vida. Él era informático de profesión, pero cuando dejó su Barcelona natal y se traslado Calaceite, la localidad de su mujer, se dio cuenta de que era complicado trabajar en el mundo de las nuevas tecnologías, en un núcleo rural tan pequeño.

Entonces le ofrecieron ejercer de administrativo en la cooperativa de Mazaleón. «Durante estos años me ha tocado hacer de todo, desde labores de administración a tareas de molinero o maestro almazarero. Ha sido una formación autodidacta y este premio no hubiera sido posible sin la implicación de todos y cada uno de los socios que forman parte de la cooperativa y que han seguido los dictados que marca el Consejo Regulador para conseguir cada día aceites de mejor calidad», indica Sancho, quien durante este tiempo ha recorrido las principales almazaras de Aragón y del resto de España para «aprender de la mano de los mejores».

A lo largo de este tiempo, Javier ha apostado por el trabajo en equipo con la finalidad de dar a conocer el aceite Empeltre de la provincia de Teruel, ponerlo en valor y conseguir que se hiciera con un hueco en los principales mercados gastronómicos. «Es un aceite de gran calidad, con unas excelentes cualidades organolépticas, pero hasta la fecha se nos ha tenido muy poco en cuenta. Ni el Gobierno central nos apoya en sus campañas publicitarias, donde sí que tienen cabida otras variedades».

Fruto de su esfuerzo es este galardón a la Calidad, algo que le satisface especialmente porque significa el triunfo del trabajo bien hecho. «En los últimos años, los agricultores han hecho el esfuerzo de recoger las aceitunas mucho antes de lo que era habitual y, aunque el rendimiento es menor, la realidad es que nuestros aceites destacan ahora más dentro del competitivo mercado en el que nos movemos», matiza.

Con la sensación de haber hecho un buen trabajo, Javier ha vuelto a darle una vuelta de tuerca a su futuro profesional y ha vuelto a su orígenes, la informática, aunque en este caso como docente. Pero se va con la convicción de que un buen maestro almazarero debe tener un conocimiento profundo sobre los aceites, calidades, catas y características para poder obtener la máxima cantidad posible de alta calidad al menor coste.

Más información en el Suplemento Heraldo del Campo

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