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Heraldo Joven

Las dos caras del deporte

Apenas 24 horas pueden servir para vivir situaciones radicalmente opuestas en un terreno de juego.

24 horas pueden servir para vivir situaciones radicalmente opuestas en un terreno de juego.
Francisco Jiménez/Afición

El deporte sirve en muchos casos como espejo para millones de personas en todo el mundo. Tanto las disciplinas con un mayor número de adeptos, como aquellas que presentan un índice de seguidores mucho menor, generalmente aglutinan un importante cúmulo de valores que, con el tiempo, pueden acabar inculcándose a cualquier sociedad civilizada.

Los más pequeños suelen ser auténticas esponjas ante sus ídolos. ¿Cuántas veces hemos visto a un joven futbolista celebrar un gol como Cristiano Ronaldo o tirar un triple al más puro estilo Lebron James? Los niños tratan de imitar en muchas ocasiones el comportamiento de auténticas estrellas mundiales, a pesar de que estas, en momentos puntuales, ofrezcan actitudes poco ejemplarizantes.

El pasado fin de semana, el partido de fútbol de categoría benjamín (niños de 9 y 10 años) contó con una espontánea e inusual acción, que mostró el lado más humano del deporte. Samuel Rozas, futbolista del Hernán Cortés, chocó en un remate con el portero del CD Ebro. El balón entró en la portería y el tanto subió al marcador.

Sin embargo, la jugada quedará grabada en el recuerdo de los presentes por la humana y humilde reacción del jugador atacante, que en lugar de celebrar junto al resto de sus compañeros su gol, optó por interesarse por el estado del guardameta del equipo rival. "Era más importante que él estuviera bien que celebrar el 2-0", afirmó Samuel tras el partido.

Si observamos mínimamente cualquier partido de la alta competición, donde cada fin de semana vemos a futbolistas fingiendo lesiones, tratando de engañar al árbitro o, incluso, agrediendo a rivales ante miles de ojos en todo el mundo, resultará francamente complicado encontrar una acción tan constructiva como la del joven jugador del Hernán Cortés.

La cruz en menos de un día

Apenas 24 horas después de que el García Traid acogiera una de las imágenes más hermosas de la temporada, el fútbol aragonés vivía un episodio radicalmente opuesto, mostrando el lado más oscuro y negativo que, desgraciadamente, también puede brotar en el mundo del deporte. Una vez concluido el encuentro de Tercera División, disputado entre el Valdefierro y el Illueca, una trifulca entre varios miembros del publicó derivó en dos traslados al hospital.

La violencia, que tan presente estuvo hace unos meses en diferentes campos de fútbol de Aragón, volvió a golpear con fuerza el mundo del deporte. Un colectivo que mueve millones de personas en sus diferentes modalidades, que sirve como herramienta educativa para muchos colegios e instituciones anónimas, pero que, en algunas ocasiones, ofrece una doble cara que perjudica gravemente el futuro y la formación de miles de niños.

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