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Soledad

Un 63% de los aragoneses que viven solos querrían estar acompañados

Según la encuesta de A+M para HERALDO, un 19% de los aragoneses viven solos, la mayoría sin alternativa. La familia y los servicios sociales se consideran dos pilares fundamentales.

Mayores que ayudan a mayores. El programa de atención a la tercera edad de Cruz Roja en Zaragoza está formado por 12 técnicos especializados. Estos profesionales cuentan con la ayuda de decenas de voluntarios.Muchos de ellos son personas que ya han cumplido 65 años, con buena salud y ganas de ayudar a otros mayores.Cruz Roja

La soledad, entendida como un "sentimiento de vacío y tristeza" y en un alto porcentaje de casos consecuencia de "haber perdido a las personas queridas", afecta a casi la mitad de los aragoneses entrevistados, pues un 47,3% declara haberse sentido solo en el último año.

En la actualidad, según la encuesta de A+M para HERALDO, un 19,4% de los encuestados vive solo, pero de estos, un alto porcentaje, el 63%, preferiría estar acompañado. Así, un 33,8% afirma que su situación es fruto de no tener a nadie con quien vivir y un 29,3% asegura que le gustaría estar con hijos y familiares.

En Aragón, con un alto porcentaje de población envejecida, esta realidad no es ajena para muchos. Así pues, aunque el 57% de los entrevistados declara que no tiene a ningún allegado que viva solo, un 43%, casi la mitad, reconoce tener a algún familiar o persona cercana en esta situación. En estos casos, apenas la mitad de los encuestados declara "visitar, hablar o mantener contacto diario" con esa persona que está sola; un 20,7% lo hace "varias veces por semana"; el 9,1%, "una vez a la semana" y el 8,3% "varias veces al mes". Paradójicamente, cuando son preguntados por quién debería atender a estas personas que se sienten solas, la mayoría de los encuestados (82,2%) responde que la familia, seguido aunque de lejos por los servicios de asistencia social (13,7%), la teleasistencia (3,8%) y las asociaciones de voluntarios (0,3%). Gustavo García, responsable en Aragón de la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes en Servicios Sociales, comenta a este respecto la importancia que tiene el voluntariado de acompañamiento para hacer frente a "uno de los mayores problemas de exclusión" que hay en España, la soledad no voluntaria. "Cuando hablamos de soledad hablamos de personas a las que nadie visita, que no tienen relaciones sociales ni nadie que les pregunte qué tal han pasado el día o si les duele la rodilla. En nuestros informes venimos reflejando desde hace años que la marginación se expresa así, pero es una marginación callada, que genera problemas muy serios", advierte García, quien conoce de cerca esta realidad en Aragón, tras jubilarse después de 20 años de experiencia como director del Albergue Municipal de Zaragoza y de Casa Amparo. "Esa soledad -confiesa- la he vivido allí, y los recuerdos más tristes que tengo y los más duros que yo me llevo, aparte del fallecimiento o la retirada de algún menor, son de soledad, no de carencias materiales que se pueden resolver".

Un factor de riesgo para padecer enfermedades

Los datos que ofrecen las encuestas a nivel estatal reflejan que en España hay tres millones de personas mayores de 18 años que viven solas. Atendiendo a la última encuesta del INE sobre familias, 1,9 personas mayores de 65 años se encuentran en esta situación y, según estiman los expertos, la mayoría –en torno a dos terceras partes– de las personas que viven en soledad son mayores de 65 años. 

"Además del sufrimiento que genera para muchos vivir solos -problemas de seguridad, físicos, mentales-, el deterioro de estas personas se agrava no solamente por la soledad en sí sino por sus consecuencias. A mí me ha tocado rescatar a ancianos que han sido encontrados solos, tirados en el suelo. Hay situaciones dramáticas que hemos visto en los últimos tiempos y que exigen un compromiso muy grande por parte de todos", destaca García, al citar un estudio reciente publicado hace dos semanas por la Asociación Médica de Canadá (CMA) para reivindicar la importancia de la inversión en servicios sociales. "La soledad y sus consecuencias agravan todo tipo de deterioros propios de la edad, y eso conlleva un mayor uso -en ocasiones innecesario- de recursos sanitarios que podría evitarse. La gente llega un momento en que va al médico a contarle lo que le pasa al que tiene al lado en la sala de espera. Este estudio realizado en Canadá durante 31 años concluye que repercute más en la salud de los ciudadanos un incremento en la inversión en servicios sociales que la inversión en Sanidad", añade.

Las soluciones: recursos, voluntariado y buena vecindad

En este sentido, otro de los problemas que pone de manifiesto esta encuesta es el aislamiento que enfrentan muchas personas, vivan solas o no, pues más del 90% declara no pertenecer a ninguna asociación, ya sea deportiva, política, cultural, religiosa, juvenil, de mujeres, de mayores o grupos de tertulias. La solución a este respecto pasa por promover el voluntariado de acompañamiento a personas que por diversas circunstancias vivan en soledad, pero también a aquellas que se sientan solas aun siendo cuidadas. "El problema de la soledad es que se puede sentir también acompañado como, por ejemplo, en Casa Amparo u otras muchas residencias públicas y privadas. Te pueden cuidar y tratar con mucho cariño todos los sanitarios, terapeutas etc., que si no tienes nunca nadie que venga a verte o te saque de vez en cuando vas a estar igual", advierte García al hablar de la "importante labor" que realizan los voluntarios municipales. "Este es uno de los proyectos de los que más orgulloso estoy porque he visto la diferencia entre vivir bien -estar atendidos- y ser felices; a una persona sola le pones una voluntaria que va a verle y está con él o con ella, y le cambia la forma de relacionarse y la vida", recalca. 

Así pues, cuando se dice que la soledad de los mayores se puede resolver con medidas por parte de la Administración, la propia Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales hace "autocrítica" y apunta a la que sería una posible solución. "La administración tiene que cambiar porque cumple un papel que no está haciendo bien en buena medida, pero la sociedad tiene que implicarse pagando impuestos y siendo solidarios en el acompañamiento, porque la soledad no se soluciona solo con recursos", subraya García, quien añade que la compañía "no te la da un funcionario, te la da la gente. Necesitamos a la sociedad", reivindica acerca de la importancia de establecer coordinadamente todo un caudal de solidaridad ciudadana que jugaría no solo en beneficio de las personas mayores que viven solas, sino de toda la ciudad. "Humanizaría la vida, crearíamos entornos mucho más humanos y convivenciales. Todos saldríamos ganando", defiende.

Otra solución pasaría por incrementar los servicios domiciliarios, "una prioridad absoluta" en servicios sociales para que la gente pueda vivir dignamente en su domicilio y también aumentar las ayudas para suprimir barreras arquitectónicas, como el cambiar por ejemplo una bañera por un plato de ducha. "La ayuda a domicilio no la recibe toda la gente que la debería recibir y el porcentaje de horas que se dan es bajísimo. En Aragón, desde hace dos años se ha desarrollado más que en otros sitios, pero no tiene todavía la intensidad que debería tener", critica. 

Junto a la ayuda a domicilio, la teleasistencia avanzada, entendida "no solo como ese botón que alguien aprieta", sino como un servicio "inteligente y asequible económicamente" porque se adapta a los hábitos de vida de la persona sola, sería a juicio de este experto otro aspecto a mejorar para que la la gente pudiera permanecer el máximo tiempo posible en sus casas.

La otra parte, que complementa a todas ellas, es el acompañamiento, porque "con estos servicios no resuelves la soledad, solamente la alivias", puntualiza. "Los servicios sociales tenemos un papel, pero necesitamos a la sociedad. Hace falta gente que quiera acompañar, y luego otra cosa muy bonita que daría calidad a la ciudad: la buena vecindad". Como ejemplo, pone el caso de una persona con demencia que viva sola y que posiblemente no se dirija a los servicios sociales a pedir ayuda. "Con un buen vecino, este se encargaría de alertar a los servicios sociales del deterioro de esta persona; y más aún, si consiguiéramos involucrar al comercio de proximidad, como una panadería, puede ser muy importante de cara a esa persona mayor que va todos los días y de repente uno no acude. Podrían hacer de antena a los servicios sociales y orquestar así todo un caudal de solidaridad ciudadana en el que todos saldríamos beneficiados", concluye García. 





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