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Heraldo Saludable

Los trastornos de la conducta alimentaria no son solo cosa de adolescentes

La unidad de referencia para adultos en Aragón atiende cada año a cerca de 300 pacientes y recibe 10 nuevos casos al mes.

Entre un 20 y un 30% de los TCA que se detectan en adultos son trastornos que no se solucionaron en la adolescencia. El resto se desarrollan a partir de los 18 años.
Pilar Ostalé

Todo empieza en un quinto piso del paseo Sagasta. Merche te abre la puerta, te dice que te sientes, que estará contigo en un par de minutos y vuelve a cerrar la puerta de su despacho. Está reunida y de dentro salen las voces decididas de un padre y una madre algo desesperados. El problema de su hija se ha adueñado de la casa y ya no saben cómo abrir nuevas vías de comunicación que no estén contaminadas por la culpa o el reproche.

Mientras esperas, la mirada vaga entre los recortes de periódico que cuelgan de las paredes. 'Aumentan los casos de anorexia en menores', 'Médicos y familiares urgen más recursos ante el repunte de los trastornos de la conducta alimentaria'... Son titulares que conoces, los has visto mil veces y te preguntas si, ante semejante urgencia social, tú tienes siquiera derecho a pedir ayuda. A quitarle tiempo a esta trabajadora social o a engrosar las listas de espera cuando tienes casi treinta años y deberías ser capaz de dejar todo esto atrás.

Y aún así no puedes hacerlo. No puedes dejar de despertarte y acostarte pensando en tu cuerpo, ni de dar vueltas en la cama evaluando lo que has comido, el deporte que has hecho o el que harás mañana. De pesarte de forma compulsiva seis o siete veces al día ni de impedir que tu estado anímico dependa casi por completo de lo que dure el control sobre lo que comes o del número que aparezca ese día en la dichosa pantalla de la báscula.

Te miras la marca del nudillo que no ve nadie más. De normal es casi imperceptible pero hoy está de un color rojo intenso que revela la pésima tarde que pasaste ayer. La palpas y decides que ya está bien, que te quedas. Que llevas quince años avergonzándote en silencio y que tienes derecho a pedir ayuda.

En ese momento se abre la puerta del despacho.

Primer paso

Los padres y su hija adolescente abandonan el piso entre promesas por cumplir de cara a la próxima cita. Te quedas a solas con Merche. Ya no hay vuelta atrás.

- Hola. Te escribí un correo para pedir información...

- Sí, pasa, siéntate.

- Gracias.

- Cuéntame

- ...

- Qué necesitas.

- ...

Y las lágrimas empiezan a brotar. A ti te cogen por sorpresa pero Merche acerca la caja de pañuelos.

- Tranquila, para eso están. Cuéntame.

- Quiero parar -aciertas a decir, en voz alta, después de tantos años-.

- Ya estás aquí -contesta ella-.

Recursos para adultos

Te explica que, en principio, Ardaba no tiene recursos para adultos. Es la asociación de familiares de enfermos de la conducta alimentaria y centran su atención en los adolescentes. Sin embargo, por primera vez, alguien empieza a darte la información que necesitas: quién te puede ayudar y dónde está. Es más, tras hablar un rato contigo y evaluar tu nivel de necesidad, redacta un pequeño informe, lo introduce en un sobre y te lo da para que lo lleves tú misma a la unidad especializada en trastornos de la conducta alimentaria en adultos que hay en el Hospital Provincial de Zaragoza. Es la unidad de referencia en Aragón y ni siquiera sabías que estaba ahí. Su mera existencia dice mucho. No eres la única con este problema y los TCA no son solo cosa de adolescentes.

De hecho, esta unidad especializada de la planta de Psiquiatría del Hospital Provincial de Zaragoza atiende cada año a más de 300 pacientes adultos con trastornos de la conducta alimentaria. Una cifra muy similar a la de la unidad infanto-juvenil del Hospital Clínico Lozano Blesa. Lo que pasa es que de los adultos se habla poco: "Hay mayor sentimiento de vergüenza y la mayoría lo viven en silencio", justifica el psiquiatra Ruiz Lázaro.

Pilar Soro es la enfermera de esta unidad y la primera cara que ven los pacientes adultos que llegan allí. Cada mes recibe más de diez nuevos casos de TCA que requieren tratamientos que oscilan entre los dos y los cinco años de duración.

En el documento que ha redactado Merche y que le has entregado a Pilar hay dos palabras que le ponen por fin un nombre a lo que te pasa. Es posible que ni siquiera lo hubieses escuchado porque pensabas que solo existían la anorexia, la bulimia y los trastornos por atracón. Otra cosa que vas a aprender en este proceso: existen tal cantidad de matices y subtipos que si quisiésemos hacer un esquema nos quedaría un dibujo tan complejo como el de cualquier plano de metro. Y cuantos más años pasas pensando que encontrarás solo la salida más opciones tienes de ir haciendo transbordos y de ir sumando apellidos al trastorno. Aquí, en la unidad de adultos, son más frecuentes las bulimias y los trastornos por atracón que las anorexias, y los pacientes pueden llevar años arrastrando su problema antes de aparecer por allí la primera vez.

"Entre un 20 y un 30% de los casos que vemos en adultos son trastornos que no se solucionaron en la adolescencia, que llevan más de cinco años de evolución y se han cronificado", matiza Ruiz Lázaro. También ven a jóvenes que debutaron entre los 18 y los 25 años y a muchas personas adultas con trastorno por atracón: "Más o menos un 30% de los adultos obesos se podrían encuadrar ahí".

Pedir ayuda

"En adolescentes estos problemas se detectan antes porque están los padres detrás, pero los adultos lo viven en silencio y tardan mucho más en pedir ayuda" enfatiza el psiquiatra. De hecho, la bulimia puede pasar desapercibida durante años. Es una enfermedad muy vergonzante porque acarrea una fuerte sensación de descontrol. Quienes la padecen suelen tener un peso normal y es difícil de percibir. Para cuando son detectados, esos comportamientos se han cronificado y afianzado como vía para lidiar con emociones que no saben gestionar. Suele haber, además, afectación de la personalidad y una mayor comorbilidad y lleva mucho tiempo y trabajo cambiar ese proceso mental. Pero puede hacerse, insisten los especialistas.

Se nota que en la unidad de adultos, como en la de jóvenes, también están desbordados. Sin embargo, la enfermera responsable trata de estar disponible para sus pacientes siempre que la necesiten e intenta ver ella misma a los nuevos con tan solo unos días de margen desde que son derivados por primera vez.

-No te van a dejar sola. Y para cualquier cosa, puedes contar conmigo-, te había dicho Merche en el piso de Sagasta. Y tenía razón. Los profesionales se esfuerzan por que la falta de personal, recursos y espacio que vienen denunciando afecte lo menos posible a sus pacientes. Están ahí y están dispuestos a ayudarte.

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