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Aragón

"Es muy estresante porque a los niños los etiquetan de vagos e inmaduros"

Mª Jesús Blanque es madre de dos niños diagnosticados de dislexia.

Hugo (12 años), Andrés (14 años) y Mª Jesús Blanque, durante la entrevista en Heraldo.
Hugo (12 años), Andrés (14 años) y Mª Jesús Blanque, durante la entrevista en Heraldo.
José Miguel Marco

Mª Jesús Blanque conoce este problema por partida doble, ya que sus dos hijos, Andrés y Hugo, son disléxicos. Blanque explica que, de entrada, y hasta que fueron diagnosticados, la familia lo pasó mal. "Se genera mucho estrés y ansiedad porque a los niños les ponen la etiqueta de vagos e inmaduros", dice.

En su caso, la detección de este problema en ambos chavales fue casi simultánea. A Andrés, el mayor, le diagnosticaron la dislexia con 10 años. "Como era el pequeño de la clase porque cumplía años en diciembre, sus problemas de lectoescritura fueron atribuidos a la inmadurez del niño", apunta. Al pequeño, Hugo, le fue detectada antes la dificultad para leer y escribir: "En tercero de primaria, con 8 años, empezó a tener problemas. Y prácticamente se les diagnosticó la dislexia a la vez a los dos hermanos", recuerda.

Según su experiencia, es muy importante que los profesores sepan interpretar las señales de alerta y es también fundamental que las familias se impliquen: "Hay que luchar por que les hagan adaptaciones en el colegio y por tener el apoyo de un logopeda", afirma. Entre los signos que deben tenerse en cuenta cita la falta de atención de los niños, las faltas de ortografía, las omisiones o cambios del orden de las letras, entre otros.

Blanque asegura que la dislexia no tiene por qué ser una cortapisa para cursar estudios universitarios si así lo quieren los afectados por este trastorno. "Tienen que ser constantes y tenaces eso sí, porque les cuesta más esfuerzo. Hay que recordar que en España se calcula que el 40% del fracaso escolar se debe a dislexias sin diagnosticar y sin tratar", argumenta.

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