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Heraldo del Campo

Una jornada didáctica para ser pastor por un día

La Borda de Pastores, en Pardina de Ayés, ofrece una experiencia turística para dar a conocer la ganadería ovina y saborear la calidad del Ternasco de Aragón.

Esta actividad es muy demandada por familias con niños.
Esta actividad es muy demandada por familias con niños.
La Borda de Pastores

La hoja de ruta de un viaje por el Alto Gállego incluye, sin ninguna duda, una parada en municipios como Sallent de Gállego, Panticosa o Pueyo de Jaca, una visita a las iglesias del Serrablo y la realización de actividades como barranquismo en Escarrilla. A todas estas propuestas de turismo activo se suma una muy especial: convertirse en pastor por un día para conocer la realidad de las explotaciones ganaderas.

En Pardina de Ayés, en el Alto Gállego, Vicente Sancho y Teresa Nogueras regentan una casa rural donde, además de alojamiento y un entorno único, ofrecen la experiencia turística de conocer de cerca al ganado. "Las personas salen de aquí con una idea certera de lo que es la ganadería de ovino y de la importancia que tiene, puesto que hay pueblos que sobreviven por este trabajo y es fundamental en el cuidado de los montes -cuenta Sancho-. Además, no es tan bucólico como parece. Es un oficio duro, donde trabajas 365 días al año haga el tiempo que haga".

La actividad se realiza en la Borda de Pastores, a cargo de Vicente y Teresa y bajo la supervisión del Grupo Cooperativo Pastores, al que Sancho pertenece "casi desde su creación". El trabajo conjunto de ambas partes permite dar a conocer "la calidad del ternasco, una palabra propia del Consejo Regulador de la D. O.", explica el regente. Así, esta curiosa propuesta promociona el ternasco de Aragón y su venta.

Actividad educativa

Además de disfrutar de una jornada diferente, la experiencia es educativa. "Primero se les enseñan las instalaciones, el horno, la ermita, el museo... Se proyecta un documental sobre el pastoreo y se explica qué era la pardina", detalla Sancho. Después, se dirigen a hacer la actividad ‘de campo’, aunque siempre "depende de cómo estén los animales, porque si, por ejemplo, es época de parir, no se puede sacar a todo el rebaño". Cada experiencia es única puesto que el gerente reconoce que hay quienes tienen la suerte de "ver parir y ver a corderos recién nacidos".

La aventura no termina aquí. Para seguir sintiéndose en la piel de un pastor, tras estar con el rebaño se puede degustar una comida tradicional: migas, ensalada y ternasco de Aragón en diversas elaboraciones -churrascos, adobado, a la brasa...-. Este momento gastronómico también es didáctico, ya que enseñan a distinguir entre diversas carnes y se aprende a apreciar la calidad y el trabajo que hay detrás de un buen producto.

El aprendizaje es mutuo, tanto para los clientes como para los propios responsables ya que "viene gente de todo el mundo con la que se produce un intercambio cultural recíproco que te llena", señala Sancho. Para el gerente, ganadero de toda la vida, su trabajo es un oficio sacrificado pero, junto a esta rama turística, "es muy gratificante". Vicente, Teresa y su familia conviven con quienes se alojan en la Borda, de forma que el aprendizaje es aún mayor. Con esta iniciativa se destierra la idea de que la ganadería es una actividad menor, "ya que incluso enseñamos cómo funciona el control de cada animal del rebaño mediante GPS".

Turismo y aprendizaje se combinan en esta experiencia que permite apreciar los oficios de antaño, que siguen estando a la orden del día.

Más información en el Suplemento de Heraldo del Campo.

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