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Tercer Milenio

Del campo al coche con una impresora 3D

El centro aragonés de investigación Aitiip coordina un proyecto europeo para la utilización de residuos agrícolas en la fabricación de componentes de los automóviles.

Miembros del equipo del Proyecto Bárbara durante su presentación en Zaragoza.
Miembros del equipo del Proyecto Bárbara durante su presentación en Zaragoza.
Aittip

Transformar los residuos vegetales procedentes del campo en material de impresión en 3D es el objetivo del proyecto Barbara que coordina la fundación Aitiip. Se trata de una iniciativa enmarcada en el Programa Marco de Investigación e Innovación de la Unión Europea Horizonte 2020, contempla la fabricación de prototipos, como tiradores de puertas, frentes de salpicaderos de coches y uniones de vigas, mediante técnicas avanzadas de impresión en 3D y bioplásticos.

Estos nuevos materiales deberán estar basados en residuos alimentarios de vegetales y frutos como zanahorias, almendras o granadas y agrícolas como el maíz, así como de disponer de determinadas propiedades mecánicas, térmicas, estéticas, ópticas y antimicrobianas que los hagan aptos para su uso industrial en componentes para sectores como la automoción o la construcción.

El proyecto, que cuenta con un presupuesto de 2,7 millones de euros, reúne a once socios de España, Italia, Alemania, Suecia y Bélgica. Aitiip, además de coordinar todo el proyecto, será el responsable de desarrollar el nuevo proceso de impresión 3D y fabricará los primeros prototipos. Junto al centro tecnológico, también colaborarán con el proyecto Fecoam y Cargill, proveedores de residuos alimentarios; Celabor, KTH y la Universidad de Alicante, que participarán en el desarrollo de los procesos químicos de extracción de las moléculas funcionales y polisacáridos; Nurel y Tecnopackaging, los encargados del desarrollo del material y de las bobinas para impresoras; y por último, Acciona Construcción y el Centro Ricierche FIAT, quienes validarán esos prototipos. Todo el proceso estará monitorizado por la Universidad Italiana Di Perugia.

En lo que respecta a los residuos vegetales, durante el desarrollo del proyecto, correrá a cargo de la Federación de Cooperativas Agroalimentarias de Murcia, que es uno de los socios. No obstante, desde Aitiip animan a cualquier productor del sector agrario a colaborar con ellos en el futuro. La directora de Investigación de Aitiip y coordinadora del proyecto Barbara, Berta Gonzalvo, afirma que los componentes que podrían generarse, «no vienen a sustituir a aquellos que se fabrican con productos derivados del petróleo, sino a coexistir con ellos». No obstante, en un momento en el que periódicamente se especula con el agotamiento de esta fuente de energía, estos nuevos materiales «podrían convertirse en una buena alternativa», señala.

«Además -afirma Gonzalvo-, esta nueva aplicación para los residuos vegetales puede suponer una vía de negocio para el sector agrario, y contribuir a hacer una economía más sostenible en un momento en el que según la FAO se desperdicia un tercio de la producción de alimentos».

Los socios de Barbara, que contará con 36 meses de duración, cubren toda la cadena del proyecto, ya que entre ellos se encuentran desde proveedores de residuos agrícolas y alimentarios hasta usuarios industriales finales de automoción y construcción, que serán claves a la hora de validar las piezas de demostración que se llevarán a cabo.

Este programa europeo contribuye a la creación de dos nuevas cadenas de valor y al desarrollo de una industria moderna y orientada al futuro, que promueven procesos de extracción más ecológicos, reduciendo potencialmente el consumo de energía y de materiales.

Fábricas del futuro

La fundación Aitiip, cuya sede se ubica en el polígono zaragozano Empresarium, emplea a 80 personas y tiene una facturación de alrededor de ocho millones de euros. Su actividad se centra en todas las fases de la cadena de desarrollo de productos plásticos para diversos sectores industriales, a los que acompañan en estos procesos.

«Buscamos la mejora continua de los procesos industriales y esto, actualmente, pasa por la industria de productos biobasados y por la generación de una economía circular que debe estar liderada por la fábrica del futuro que ha de ser más eficiente, más ergonómica y más respetuosa con el medio ambiente. Algo a lo que el proyecto Barbara contribuirá en gran medida». asegura Berta Gonzalvo.

Más información en el Suplemento Heraldo del Campo

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