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Juan Alberto Belloch: “Nunca he hablado con el alcalde Santisteve. Ni me ha llamado ni me ha hecho una sola pregunta”

El exalcalde socialista de Zaragoza (2003-2015), exministro (1993-1996) y exvocal del Consejo General del Poder Judicial analiza la situación política y la crisis del PSOE.

Juan Alberto Belloch, en su despacho en la Audiencia Provincial de Zaragoza.
Juan Alberto Belloch en su despacho en la Audiencia Provincial de Zaragoza.
Oliver Duch

¿Añora la vida política?

No, para nada. Salvo el grupo de amigos que hice. Afortunadamente, mantenemos la amistad y la relación. La política fue apasionante hace unos años. Hoy es un oficio realmente terrible.

¿Y cómo lo han recibido sus compañeros de la magistratura?

Muy bien. Me ha sorprendido incluso. Yo pensaba que después tantos años de ‘exiliado en la política’ podía tener algún tipo de repercusión negativa. Pero no. Me han recibido con cariño, con afecto y me ayudan. Y son muy buenos en todos los sentidos. Los magistrados de la Audiencia de Zaragoza son muy competentes.

Ahora que ha vuelto a la magistratura, ¿qué hay que reformar en la Justicia?

Sustancialmente, los problemas que tenía la Justicia cuando yo me incorporé a la política siguen siendo muy parecidos: dilaciones indebidas, falta de recursos… Y después, fallos institucionales. El Consejo General del Poder Judicial está teniendo muchos problemas. No ha habido un sistema bueno, lo reconozco, pero el que adoptó Ruiz-Gallardón es el peor. En estos momentos tiene problemas de credibilidad por la politización. Hay que dignificarlo. Y hay que abordar también la reforma que yo no hice: pasar la instrucción al Ministerio Fiscal. Es esencial y básico para agilizar los procesos judiciales con las debidas garantías.

¿Qué piensa cuando el gobierno municipal de ZEC cuestiona su gestión en los doce años que estuvo como alcalde (2003-2015)?

La verdad es que me pasé doce años intentando ser un buen alcalde. Y ahora aspiro a ser el mejor exalcalde. Eso significa que no pienso entrar en ninguna consideración. No hay nada peor que un exalgo tratando de subrayar lo importante de lo que él hizo y negarle el pan y la sal a quien le ha sustituido. No voy a criticar a nadie. Otra cosa es que esté profundamente orgulloso del legado que hemos dejado a la ciudad.

¿Suele hablar con el actual alcalde Pedro Santisteve?

Nunca.

¿No tienen ningún tipo de relación?

Ninguna. Ni me ha llamado ni me ha hecho una sola pregunta. Yo sí que se las hice a José Atarés cuando le sustituí y mantuvimos una relación de cordialidad y de normalidad.

¿Tampoco le explicaron por qué quisieron sentar en el banquillo a todo el gobierno socialista que usted dirigió por el tema Tuzsa?

En absoluto. Pero vamos, da igual. Ya ve que todas las denuncias se van archivando. Así que pueden seguir hasta que se aburran, porque no hay nada de nada.

¿Piensa lo mismo del informe del Tribunal de Cuentas sobre el tranvía?

Ha dejado claro que no hay ninguna cuestión judicial. Sin ningún género de dudas. Puede que hubiera errores administrativos, pero en ningún caso hay responsabilidades políticas, civiles o penales. Así de rotundo.

Si volviera a ser alcalde, ¿apostaría otra vez por el tranvía?

Eso requiere matizaciones. Por descontado, que si yo siguiera siendo alcalde, ya estaría construyendo la segunda línea. Eso lo primero. Pero es verdad, analizando ahora desde cierta distancia y el paso de los años, que Zaragoza tiene muchas ventajas y también muchos inconvenientes.

¿A qué se refiere concretamente?

Es que premia la pasividad. El que no hace nada sobrevive de manera perfecta, como es el caso de Luisa Fernanda Rudi, sin querer ofender a nadie. Pero el que hace algo, lo que sea y del partido que sea, es criticado en la proporción directa a la importancia de lo que haga. El ataque es mucho más duro si los proyectos que se han realizado son más destacables. En Zaragoza, castigan hacer cosas. Y en ese sentido, no sé si tendría fuerzas para volver a liarme en proyectos como la Expo, infraestructuras, tranvía...

¿O sea que no lo haría?

Teniendo la ganas y la edad de entonces sí, pero ahora ya no me sentiría con fuerzas y capacidad para meterme en esos berenjenales tan complicados y complejos.

Dice que haría la segunda línea del tranvía, ¿pero considera viable ahora un proyecto así con las dificultades de financiación?

Hablo con una cierta lejanía, pero la clave está en la capacidad o no para lograr financiación privada. Todo lo demás son adornos. Nosotros logramos que el 70% de la línea 1 del tranvía fuera inversión privada. Por eso pudimos hacerlo. Sin esa operación hubiera sido inviable. Para que las empresas pongan recursos, se tienen que fiar, y los interlocutores tener credibilidad. El Ayuntamiento no puede ni tiene medios para pagar solo una línea del tranvía.

Usted cita la confianza para atraer inversiones, ¿con asuntos como la remunicipalización es posible atraer inversiones?

Si contestara incumpliría mi promesa de no valorar la gestión del actual equipo de gobierno.

¿Se arrepiente de alguna de las decisiones que tomó en sus doce años de alcalde?

Pues lo que considero discutible, aunque no me arrepienta, si es mejor ejercer dos que tres legislaturas. Me queda la duda, porque pienso que así como una es insuficiente para poder desarrollar proyectos, dos pueden ser la medida más razonable porque todavía estás con fuerza para acometer los retos. En la tercera, notas la fatiga y cierto cansancio, no solo físicamente, también porque la mayor parte de tus ideas ya las has realizado. Te vas quedando sin programa. Así que siempre he tenido la duda de si tenía que haber repetido la tercera vez.

A su juicio, ¿cuál fue el legado que dejó en sus mandatos?

Yo diría que la recuperación de las riberas de los tres ríos y la mejoras de sus cauces. Cuando yo llegué, el Ebro se usaba para tirar lavadoras y muebles viejos. Luego los cinturones, que por descontando jamás se hubieran hecho o el puente del Tercer Milenio y Ranillas si no hubiera sido por la Expo; la modernización del aeropuerto, la realización de obras en todos los barrios, que eso es poco conocido pero muy relevante, y el gran cambio del modelo de movilidad. Es un legado importante y amplio.

¿Con el tranvía como estrella, claro?

Sí, ha sido uno de los proyectos más premiados a nivel internacional. Ha sido una pieza clave. La lástima es que no se completara con otra línea.

¿Cree que dentro de unos años, todo será más valorado?

No tengo ninguna duda. Estoy orgulloso. Y espero que con el tiempo, Zaragoza termine de resolver un vicio habitual de toda España: la envidia; pero que aquí en esta ciudad adquiere unos rasgos notables. Funciona eso de estar dispuesto a quedarse ciego con tal de ver muerto al adversario. Eso no es un tópico, es una dura realidad. A diferencia de lo que pasa con vascos, navarros, cántabros o catalanes, que cierran filas con lo propio, lo ensalzan y lo ponen en valor, aquí, al que se mueve… Las ganas de modernizar y de cambiar tienen un coste tan alto que es normal que nadie quiera meterse en complicaciones.

¿Teme que el legado de su etapa corra peligro con ZEC?

No. Yo creo que esas obras y proyectos son irreversibles. Sinceramente, no lo creo. Otro cosa es que se hagan de menos o se quieran ignorar, pero nada más.

Usted tuvo que gobernar en minoría, como le sucede ahora a Santisteve. ¿Cree adecuado para lograr pactos el trato que ZEC da al PSOE en el Ayuntamiento?

En general, lo que representa Podemos en sus diversas versiones, vertientes o confluencias es una actitud de soberbia frente al legado de los socialistas, como si ellos pudieran inventar todo lo que se ha hecho en las últimas décadas.

¿Le daría un consejo al alcalde?

Consejo como tal, no. Le podría decir que cuando yo volví a Zaragoza me encontré con una ciudad grande y provinciana y todo mi esfuerzo fue dirigido a lograr una gran capital, moderna y cosmopolita. Ese esfuerzo no debe olvidarlo nadie ni darlo por zanjado. No debe deteriorarse en el futuro. Eso es lo único que me atrevería a decirle.

¿Tuvo el apoyo que reclamó al Gobierno PSOE-PAR de Iglesias?

Con Marcelino, sí. Absolutamente sí. Somos un ejemplo absurdo de los pocos casos de la historia en el que el alcalde y el presidente autonómico se llevan bien. Él nunca se inmiscuyó en los temas de ciudad, ni yo en los de la Comunidad.

¿Cómo calificaría ahora las relaciones con su equipo y el grupo municipal, pese a las tensiones y pugnas que hubo?

En lo que se refiere a Carlos Pérez Anadón, siempre conté con su lealtad. Tuvimos desacuerdos y desencuentros, pero jamás hubo deslealtad. Y hablamos de uno de los principales miembros del equipo de gobierno.

Decía antes que tuvo dudas de volver a encabezar la lista del PSOE al Ayuntamiento en 2015, ¿cree que el resultado hubiera sido mejor?

Las encuestas decían que sí, que uno o dos concejales más, pero eso no modificaría el contexto y el escenario político actual. El factor personal no tiene tanta incidencia como algunos se piensan. Lo importante es el partido que te apoya y lo que opinan los ciudadanos de la gestión.

¿Cómo ve al Gobierno PSOE-CHA que preside Javier Lambán?

Sinceramente, mejor de lo que pensaba. Además ha tenido el acierto de fichar a Fernando Gimeno, uno de los mejores políticos de Aragón. Y esa es una de las claves. Cuando alguien selecciona a los mejores y ficha talento, el resultado es positivo.

¿Cómo vive la crisis del PSOE?

Hay que elegir un camino. Hay que hacer caso a los militantes, que tienen una clara vocación de izquierdas, o hacer caso a los votantes, que son casi en su totalidad de centroizquierda.

Coincide con Marcelino Iglesias.

Es que es así. No es una novedad. Felipe González supo enfrentarse a este dilema y resolverlo, pero era exactamente igual. Ahora no hay un liderazgo tan contundente. Las cosas siempre fueron así. La diferencia es que teníamos un líder capaz de coser esas dos almas, esas dos realidades: la militancia y el electorado.

¿Considera que Pedro Sánchez está fracturando el partido?

Yo creo que debería haber hecho un análisis más humilde de su realidad electoral. Los partidos tienen que presentar candidatos que puedan ganar. Y es evidente que los resultados que tuvo fueron catastróficos, y por dos veces seguidas. Con esos datos, pensar que con su discurso izquierdista puede ganar, no es nada realista.

Tras las generales del 20 de diciembre de 2015, ¿el PSOE ya debería de haber buscado un acuerdo con el PP?

Primero debería de haber dimitido Pedro Sánchez, y luego plantear las cosas en serio. Mi opinión personal es que uno no puede plantear una reforma de la Constitución y al mismo tiempo no querer contar con el PP. Es un absurdo político. Si realmente quieres cambiar la Carta Magna deberás lograr una coalición en la que no sobran ni el PP, ni Podemos ni C’s. Pero sin los populares no se puede hacer. Así que si defiende ese programa, tiene que buscar alianzas estratégicas.

¿Es posible un pacto del PSOE con Podemos?

Eso tiene matices. Si ganara Sánchez, ya veríamos. Con otro candidato, imposible. Es muy complicado un acuerdo de esta naturaleza. Tal vez con lo que significaba el sector del ex número dos Íñigo Errejón, hubiera podido haber acercamientos. Pero si nosotros tenemos dos problemas, Podemos tiene muchos más entre Iglesias, Errejón, los anticapitalistas, las confluencias, los independentistas y los territorios. Lo que está claro es que Pablo Iglesias no quiere ningún acuerdo con el PSOE. Y ya lo demostró.

¿Usted cree que los socialistas hubieran aguantado unas terceras elecciones?

Creo que hubiéramos perdido casi la mitad de los diputados. Y además, lo creen también los que se quejaron de la decisión del comité federal.

¿Susana Díaz es su candidata para dirigir el PSOE?

Sí, sin duda. Yo no soy militante (tuvo que darse de baja al volver a la magistratura), pero sí como votante. Es la única a la que le veo un cierto parecido con el Felipe que yo conocí de joven. Tiene una virtud: atreverse a explicar temas complejos sin populismos, respetando a los que le oyen y sin rebajar el nivel intelectual.

¿Cree posible que en el PSOE pueda convivir un secretario general elegido en primarias y una ejecutiva y unos estatutos elegidos en congreso?

Eso aguanta poco tiempo. Es contrario a la tradición del PSOE y no tiene sentido. Esa separación entre el jefe del partido y el jefe del gobierno solo lo ha sabido hacer en España el PNV. Y con algún que otro encontronazo, como el que sucedió con Carlos Garaikoetxea. En el PSOE va a ser muy complicado cambiar una tradición sin un motivo real.

¿Teme por el futuro del PSOE?

No. Está en una mala época, pero finalmente lo resistirá, como ha sucedido a lo largo de su historia. El PSOE ha sobrevivido a mareas y terremotos muy duros. A medio y largo plazo no tengo dudas. A corto plazo todo depende de cómo resolver el tema del secretario general, el congreso y el candidato.

¿Existe el riesgo de que Podemos acabe quedándose con todo el espacio electoral del PSOE?

El triunfo de Pablo Iglesias en Vistalegre II limita mucho esa posibilidad. Si hubiera ganado Errejón, sí estaría más abierta la batalla en el centroizquierda. Lo que es evidente es que Iglesias no quiere converger con la socialdemocracia.

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