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Los profesores de la Universidad de Zaragoza reciben con reservas la reducción de departamentos

Dirigentes de la Pompeu Fabra explican cómo hicieron ellos su reestructuración, en el primer encuentro sobre esta medida.

Era el primer encuentro que se llevaba a cabo en la Universidad de Zaragoza acerca de la propuesta de reducción de departamentos en su seno, y el aula magna del Paraninfo se llenó de profesores, jefes de departamento y vicerrectores para escuchar una propuesta similar –aunque mucho más radical– llevada a cabo por la Pompeu Fabra en los últimos años. Antes de comenzar la sesión, entre los docentes se comentaba cómo podría afectar a la organización de sus distintas facultades la medida lanzada por el rectorado y, en especial, las dudas se centraron en cómo encajar determinadas asignaturas en departamentos que, a priori, tienen poca relación con sus contenidos.

Los dos representantes de la Universidad Pompeu Fabra que hablaron ayer despejaron algunas de esas cuestiones… aunque abrieron algún interrogante más. El vicerrector de Planificación de la institución catalana, Carles Ramió, y su gerente, Jaume Badía, explicaron que en sus campus se había decidido prescindir de todos los departamentos, hablando únicamente de facultades, cuyo decano es el encargado de todas las materias que se imparten y, además, de los grupos de investigación asociados.

De hecho, la Pompeu Fabra ha decidido prescindir también de sus institutos de investigación e integrarlos en las facultades. Además, los decanos de cada titulación pasan directamente a ser miembros del consejo de dirección de la Universidad, para que no existan intermediarios en las conversaciones con el rectorado.

Aunque admitieron que el proceso de cambio ha durado unos tres años, aún no se han aprobado los estatutos que ratificaran la nueva estructura y "ha habido fuertes reticencias", se mostraron partidarios del cambio y de adelgazar la administración para hacerla más ágil. "No sabemos cómo será la universidad pública en 10 años, solo que será diferente. Pero nuestro propósito ha sido hacer cambios para que una estructura más ágil nos permita en el futuro hacer más cambios", dijo Ramió.

Los propios ponentes reconocieron que su experiencia no es extrapolable a todos los casos, ya que su centro tiene solo 8 facultades, 350 profesores y alrededor de 12.000 alumnos, pero sí conminaron a los presentes a pensar en la conveniencia de introducir novedades en la estructura universitaria. "Yo también empezaría por reducir el número de departamentos", dijo Ramió.

En el turno de preguntas, los presentes volvieron a mostrar su escepticismo por las afecciones que puedan presentarse en un proceso tan complejo y que supone cambios para todos los implicados. Por ejemplo, les trasladaron sus dudas en cuanto a la negociación que supondría, la posibilidad de elaborar un plan B por si fracasa la propuesta, la concentración de muchos profesores y asignaturas en un mismo departamento o la dificultad de poner en marcha una transformación de este calado en una universidad tan grande como la de Zaragoza.

En cualquier caso, muchos de los asistentes a esta primera reunión se mostraron a favor de llevar a cabo algún tipo de medida de racionalización. En las próximas semanas, seguirán las reuniones para dar los primeros pasos ante el adelgazamiento de su estructura, con la que se pretende reducir a 21 departamentos los 57 existentes en la actualidad.

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