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Aragón

Las comarcas mineras aragonesas han perdido 1.500 vecinos desde que comenzó la crisis del carbón

Algunos municipios como Ariño, que a final de año cerrará su mina de interior, han perdido casi un 17% de su censo.

Central Térmica de Andorra
La centra de Andorra, en Teruel.
Eva Defior

Los municipios aragoneses ligados al carbón llevan años viviendo en la incertidumbre. Pequeños municipios en su mayoría cuya principal fuente de empleo ha sido en su historia reciente toda la industria generada en torno al mineral, y que ahora, pendientes del futuro que pueda tener todo el sector, empiezan a notar los primeros síntomas.

Las comarcas mineras de Aragón, tanto las Cuencas Mineras, como Andorra-Sierra de Arcos, como otras zonas del Bajo Aragón o el Bajo Martín, han perdido desde el año 2011 más de 1.500 vecinos. Fue en ese año cuando comenzó la fase más dura de recortes de ayudas al carbón, que entre otras cosas provocó el cierre de la mina de interior de Mequinenza y que en menos de dos semanas cerrará también la mina subterránea de Ariño.

Este municipio a apenas 17 kilómetros de la central térmica de Andorra ha pasado de contar con 914 habitantes hace cinco años a 763 censados en la actualidad. Casi un 16% menos de vecinos, lo que le hace ser unos de los pueblos que más población ha perdido de Aragón.

Parte de este descenso es achacable a la despoblación y la tasa de envejecimiento que en sí tiene la Comunidad, pero otro tanto se debe atrabajadores de la industria de la mina que han tenido que buscarse trabajo en otros lugares. En dos semanas, cuando cierren su mina de interior que estaba ocupando a unos 130 trabajadores, el pueblo correrá el riesgo de volverse a resentir. De todos los trabajadores, 21 seguirán en la mina hasta jubilarse y prejubilarse con las labores de cierre, y Samca está trabajando para recolocar a la totalidad de sus trabajadores en plantilla en otras minas o industrias que tiene, pero su alcalde, también trabajador del pozo, da por hecho que no se podrá mantener todo el empleo.

“Muchos de los trabajadores de empresas anexas y subcontratas no van a poder ser recolocados. A no ser que se abran nuevas opciones, unas 20 personas del pueblo se van a quedar sin empleo. Eso son además unos 8 niños de la escuela que, si se van, harán que haya un profesor menos el curso que viene”, señala el regidor, Joaquín Noé.

Aunque el caso de Ariño es especialmente grave, también han perdido población Estercuel, (unos 50 hasta quedarse en apenas 229 vecinos), Utrillas (150 menos) o Alcorisa (300 habitantes menos), todos pueblos que tienen trabajadores en las minas de Ariño o en la central de Andorra, otro municipio que también ha visto caer su censo en 300 vecinos.La única certeza es que la incertidumbre se prorroga

La crisis del carbón, generada desde que en 2011 la Unión Europea anunciara el cese de subvenciones para las minas no rentables a partir de 2018, está supeditada en Aragón a la continuidad de la central térmica de Endesa. La eléctrica (ahora propiedad de la italiana Enel), debe decidir si invierte en la planta antes de 2020 para que continúe su actividad. Aunque en un principio se marcó el 2016 como el año en el que debía anunciarse si se hacía o no esta actualización, por el momento los trabajadores lo único que saben es que aún no hay una decisión tomada. En lo que va de año, entre prejubilaciones, despidos y no renovaciones en subcontratas, se han perdido 200 empleos en el sector de las comarcas mineras turolenses.

“En las últimas reuniones lo que sabemos es que las inversiones por el momento no las van a hacer, pero que tampoco descartan hacerlas. Esto quiere decir que quizá en 2019 se anuncie la inversión, pero mientras tanto el resultado es que seguimos igual que el año pasado”, señala Hilario Mombiela , presidente del comité de empresa de la térmica, que funcionando a plena actividad llega a dar trabajo a unas 400 personas.

El carbón vuelve a quemarse ante la crisis de las nucleares francesas

Pero en lo que parece el cierre de un año negro para el carbón, el sector ha encontrado recientemente un aliado inesperado para reclamar su necesidad dentro del sistema energético nacional. Desde finales de octubre una veintena de centrales nucleares en Francia están inoperativas debido a varios problemas estructurales en sus generadores de vapor que se están revisando. Ante esto, la demanda de electricidad en España y Francia ha quedado descubierta, dando entrada en el mercado, de nuevo, al carbón.

Ahora mismo la central de Andorra está funcionando después de que a mediados de septiembre Samca suspendiera la extracción de carbón por falta de demanda. “Se está funcionando por el momento con el stock que había extraído, y es posible que si la crisis en Francia continúa volvamos a extraer”, señala Sebastián Ruiz, presidente del Comité de Empresa de Samca a cielo abierto.

Para los mineros, “esta es una muestra de que el carbón es un elemento necesario dentro del mix energético español”. El único recurso autóctono que se puede tener bajo demanda (debido a la dependencia de las renovables de variables climáticas) listo para tener a disposición.

En base a esto, los sindicatos esperan que, ya con el nuevo Gobierno en marcha, se den movimientos para conocer el marco regulatorio del mineral o, en el mejor de los casos según sus deseos, se cumpla con el plan del carbón 2013-2018, un documento que pese a estar firmado nunca ha llegado a cumplirse, y en el que se especifica que la hulla tenga un peso del 7,5% dentro de la producción de energía.

De hacerse, comenta Sebastian Ruiz, el futuro de la térmica y de la mina a cielo abierto de Samca estaría casi garantizado. “Si se diera el 7,5% reconociendo que es un recurso estratégico se podría seguir adelante sin problemas, y siendo rentable para todos”, argumenta.Unas comarcas sin otro tipo de industria

El posible drama que supondría el cese del carbón en la zona es, pese a todo, visible. Los planes de reindustrialización apenas han funcionado hasta la fecha, a excepción si cabe de Escucha, el municipio donde estaba la otra gran central aragonesa y que ha conseguido mantenerse a pesar del golpe que supuso su cierre en 2012.

En Andorra, por ejemplo, aún está visible el esqueleto de lo que iba a ser una nueva cementera que nunca llegó a entrar en funcionamiento. Cemex, la empresa que erigió la planta, tuvo que devolver las ayudas que había cobrado.

Desde septiembre de este año el Gobierno de Aragón ha formado una nueva comisión de seguimiento de la reindustrialización para continuar apoyando la llegada de nuevas empresas a la zona, aunque de momento sin novedades a la espera de que se resuelva la continuidad o no de la central.

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