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Francisco Marcellán: "El bipartidismo sigue la lógica de una regla matemática"

Recién nombrado presidente de la Real Sociedad Matemática Española, este aragonés insiste en los retos de unas ciencias fundamentales para avanzar como sociedad.

Marcellán, que presidirá la Sociedad durante los próximos tres años, en una reciente visita a Zaragoza. De fondo, el Paraninfo.
Marcellán, que presidirá la Sociedad durante los próximos tres años, en una reciente visita a Zaragoza. De fondo, el Paraninfo.
José Miguel Marco

Preside usted la Real Sociedad Matemática Española. ¿Por qué cuesta tanto acercar estas ciencias a la sociedad?

Tenemos una sociedad anumérica: la gente maneja datos sin pensarlos. Los críos se acostumbran a hacer las cuentas con calculadora y pierden la agilidad mental y la capacidad espacial. ¿Para qué van a dibujar una esfera si puede hacerlo el ordenador? Aprender matemáticas cuesta, y no estamos en una sociedad de esfuerzo: cuesta pensar, tener capacidad para decidir y aprender del error. Como la filosofía, las matemáticas tienen una visión de utilidad mínima y la gente va a lo práctico.

Sin embargo, las matemáticas gobiernan nuestra rutina.

Sí, están en los dígitos de control de las cuentas bancarias, los códigos de barras o la organización del tráfico. También cuando un periodista hace un porcentaje de los votos electorales es interesante que sepa interpretarlos: la sociedad debe tener elementos de juicio para valorar la realidad.

¿Qué lectura hace como matemático de los últimos comicios?

Hay una ley electoral profundamente injusta. Usar el criterio binario de la regla D’Hont de dividir por dos puede originar falta de representación. Y se dan situaciones profundamente injustas: en Madrid, IU, con más de 900.000 votos, solo ha logrado dos escaños y el PNV, con 200.000, tiene seis. Eso es un ejemplo de cómo las matemáticas, utilizadas con un fin no estrictamente matemático, dan lugar a que en algunas provincias el bipartidismo se consolide, porque es la consecuencia lógica a una regla matemática.

¿Habría alternativa?

Primero habría que plantearse si la circunscripción debe ser la provincia. En la Constitución se primó un sistema que garantizaba estabilidad, y al final los grandes hiperrepresentados son los partidos nacionalistas. Los debates se centran en D’Hont sí, o D’Hont no, y lo que habría que hacer es hacer diferentes simulaciones (de nuevo, ahí están las matemáticas) para ver qué modelo es más justo.

Uno de los retos de su mandato será el relevo generacional.

El núcleo protagonista en las matemáticas españolas sigue siendo la generación que hizo las tesis doctorales entre el 75 y el 85. Las nuevas generaciones acaban las tesis y se van al extranjero, pero el problema es el retorno, y los últimos tres años del Gobierno del PP han sido una masacre para esos jóvenes. Se han congelado las oportunidades de la plantilla y el coste que va a tener para el sistema va a ser brutal. El programa estrella postdoctoral, el Ramón y Cajal, solo oferta cinco becas al año en matemáticas. Yeso es la nada.

¿Y su sociedad no tiene margen de influencia en estas cuotas?

Podemos hacer una labor de ‘lobby’, de insistir en que ningún talento matemático se puede desperdiciar. También pensamos que hay que buscar otros nichos de oportunidad. En Alemania o Francia, muchos matemáticos trabajan en empresas en departamentos de I+D+i. Pero en la empresa media española, eso no ocurre.

¿Debería tender España a eso?

El modelo empresario debería estar equilibrado. Y también tiene que haber investigación académica. España en estos momentos es la séptima potencia mundial en matemáticas en cuanto a publicaciones y hay nueve universidades españolas entre las 200 mejores del mundo en matemáticas.

Entonces, ¿por qué salimos peor en la mayoría de los ránquins?

Un ránquin se basa en unos criterios, y si quieres cumplirlos debes adaptarte a ellos, por lo que no vas a tener libertad. También es cierto que si quieres tener premios nobel, habrá que decirle al Ministerio que habilite los medios para tenerlos, con todo lo que supone.

¿No es una quimera en la situación económica actual?

Ese planteamiento es un error. Lo que hay que hacer es plantear los retornos de tu inversión, y no puede ser a corto plazo. Hay que transmitir los objetivos y dar estabilidad a las políticas que quieres aplicar. El 2% de aportación del PIB a la ciencia tendría que ser un compromiso de Estado, así como tener mecanismos para regular que ese retorno se va a producir. Pero falta algo más.

¿El qué?

Falta complicidad de la gente con las políticas. Todos vemos que se hacen en un despacho, que aparecen en el BOE y que exigen cosas en contra del objetivo creado. En los proyectos de investigación del Plan Nacional a 3 años no se hace una evaluación seria cuando finalizan, sino una auditoria económica. Ni siquiera se ha medido todavía el impacto del sistema del Ramón y Cajal, y empezó en 2001.

Usted fue secretario general de política científica. ¿Es tan lenta y cortoplacista la Administración?

Sí. Mucha gente que hace política está encerrada en un despacho, imaginando escenarios, mandándolos al boletín y sin tocar tierra. A mí me gustaba recibir la valoración de los investigadores y sus alternativas. La falta de comunicación entre la base de los investigadores y los decididores se traduce en ignorancia desde abajo de las políticas y desconsideración desde arriba al trabajo de base.

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