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Aragón

Los repobladores de Sieso de Jaca claman por que se les reconozca dónde viven

Hace diez años que llegaron al pueblo pero se les niega la posibilidad de empadronarse en él.

Una de las manifestaciones de los vecinos de Sieso de Jaca en Caldearenas
Manifestación de los vecinos de Sieso de Jaca en Caldearenas

Llegaron hace diez años cargados de discurso y con ganas de cambiar el mundo. Eran 17 veinteañeros, en su mayoría aragoneses, y se proponían dar una lección de colectividad rehabilitando e instalándose en un Sieso de Jaca abandonado. Entonces les llamaron hippies. Hoy, entre treintañeros y niños, son 25 personas las que viven y trabajan en Sieso de Jaca.

Siguen ocupando unos terrenos que no son suyos y les siguen llamando hippies, pero sus hijos suponen la mitad de los alumnos de la escuela de Caldearenas, tienen luz, agua, ganado, cultivos y además "los pies más pegados al suelo", según confiesa David García, uno de los repobladores iniciales.

Llevan 10 años rehabilitando y habitando un pueblo que fue abandonado en 1965, pero durante ese tiempo no se ha generado ningún documento que acredite que Sieso de Jaca tiene población. Por tamaño y proximidad, el núcleo depende del Ayuntamiento de Caldearenas, pero allí no se les permite empadronarse. El monte donde está ubicado Sieso pertenece al Gobierno de Aragón y durante estos años el consistorio les ha dicho que no puede empadronar a alguien en la propiedad de otra persona o entidad sin su consentimiento. Desde un punto de vista autonómico, el tema ha estado parado durante años.

Como no figuran en el padrón, no pueden votar en las elecciones municipales, no pueden optar a las ayudas de transporte escolar para sus hijos y figuran como pacientes desplazados cada vez que van al médico. Oficialmente Sieso de Jaca no tiene vecinos y además allí nadie paga el IBI, por lo que el consistorio de Caldearenas tampoco ha visto un motivo para acercarles los servicios públicos básicos, como la recogida de basuras.

Los 25 vecinos de Sieso de Jaca dicen querer salir de una vez de este limbo administrativo y este viernes volverán a plantarse en el Ayuntamiento de Caldearenas para pedir su inscripción en el padrón municipal. Lo hicieron también la semana pasada pero se toparon con un consistorio cerrado. Una moción de censura a la anterior alcaldesa (CHA) colocó al frente del ayuntamiento a Primitivo Grasa (PP) hace apenas una semana. Tras años de silencio, Grasa se ha encontrado de repente con las protestas y pide tiempo para informarse y estudiar el asunto antes de posicionarse sobre el tema como alcalde. Al recién llegado Gobierno de Aragón tampoco se le informó de la convocatoria de estas protestas y piden también tiempo para estudiar el conflicto y opinar.

Hacia el autoabastecimiento

Mientras, la vida en Sieso de Jaca continúa como lo ha hecho en los últimos diez años: poco a poco, en colectividad, al margen de la red eléctrica y con la vista puesta en la meta del autoabastecimiento. Entre ellos no usan la moneda pero todos sus habitantes tienen algún empleo remunerado en pueblos del entorno para poder pagar la cuota anual con la que siguen rehabilitando casas y con la que sacan adelante sus "motores económicos". 

Tienen energía gracias a placas fotovoltaicas y obtienen el agua de dos fuentes naturales desde las que han ejecutado infraestructuras hidráulicas. Cultivan y venden patatas y ajos; crían ovejas, gallinas, cerdos y conejos y producen su propio pan, miel y licores. "Los excedentes los vendemos y así vamos obteniendo ingresos", explica David. Sus vecinos se van turnando las tareas y en estos años han aprendido a ser agricultores, ganaderos, apicultores, cocineros, conductores y constructores; además de actores y monitores de tiempo libre en sus campamentos de verano y aulas de la naturaleza.

Sus niños suponen la mitad de los alumnos de la escuela de Caldearenas y se ha convertido en el segundo núcleo más poblado del valle. Sin embargo, desde un punto de vista administrativo, Sieso de Jaca sigue deshabitado y los impuestos de sus vecinos y sus coches siguen saliendo del valle rumbo a las grandes urbes donde aún figuran en el padrón.

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