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El desempleo lleva a más de 3.600 adultos a estudiar la ESO e incluso hay lista de espera

El número de matriculados en Aragón se ha disparado un 30% desde que empezó la crisis. Un perfil habitual es el de jóvenes que dejaron el instituto por trabajar en la construcción

El fuerte desempleo que sufre la Comunidad está disparando el número de adultos que estudia la ESO para mejorar sus posibilidades de encontrar empleo. Los matriculados en estos cursos han aumentado un 30% desde que empezó la crisis y, según el Ministerio de Educación, 3.629 personas recibieron estos cursos el año pasado. En las aulas para adultos también han notado este incremento y, de hecho, apuntan que, sobre todo en Zaragoza, han aparecido hasta pequeñas listas de espera que "van en aumento". Los profesores consultados hablan de entre 250 y 300 personas. Por ejemplo en el centro Juan José Lorente (Las Delicias), 30 personas se quedaron fuera el pasado cuatrimestre.

No obstante, los docentes apuntan que esta lista de espera suele correr conforme avanza el curso porque la educación para adultos tiene una circunstancia especial: que no es raro que se produzcan abandonos cuando un alumno encuentra trabajo o se ve incapaz de conciliar su vida familiar y, en su caso laboral, con el estudio. También está la opción de sacarse la ESO a distancia, un servicio que gestiona el instituto José Manuel Blecua, si bien este centro también está cubriendo las 500 plazas que saca cada cuatrimestre.

Personas de edades muy variadas

Simplificar el perfil de los adultos que estudian Secundaria no es fácil porque hay una amplia variedad de casos. Todos ellos tienen más de 18 años porque esta es la edad legal para asistir a estos cursos y también existe un porcentaje similar de hombres y mujeres.

Pero en cuanto a las edades hay mucha diversidad. De hecho, cuando empezó la crisis se empezó a notar un fuerte aumento de la llegada de personas más jóvenes –de entre 18 y 30 años–, que en muchos casos habían abandonado los estudios para trabajar, especialmente en la construcción.

El estallido de la burbuja inmobiliaria les dejó en el desempleo y sin apenas cualificación. "Se han visto en la necesidad de estudiar. No obstante, los más jóvenes que vienen ahora, de entre 18 y 20 años, suelen tener peores resultados porque precisamente algunos no han trabajado nunca desde que dejaron el colegio y no se han visto con la necesidad de tener el título para encontrar empleo. Llegan menos maduros, con el método de trabajar del instituto muy reciente, y se les hace complicado, sobre todo porque aquí se da mucho más libertad al alumno", apunta un profesor que prefiere permanecer en el anonimato.

Conforme la crisis se fue haciendo más dura aumentó también el número de adultos de todas las edades. En estos momentos pueden encontrarse personas de 40, 50 y 60 años, muchos de ellos en el desempleo y otros con trabajo que han decidido mejorar su currículo. "Algunos vienen con el antiguo graduado escolar y, legalmente, entran en 3º de la ESO. Pero hay algunos que llevan mucho tiempo sin estudiar y ese nivel se les hace muy difícil. En esos casos les recomendados que empiecen en 1º o 2º, aunque la decisión siempre depende del alumno", apunta un profesor del centro Casa del Canal, en el paseo de Cuéllar.

Al igual que con el graduado escolar, hay alumnos que acuden solo con asignaturas pendientes de 3º y 4º y se sacan solo esas. También hay casos –aunque son excepción– de amas de casa que se apuntan para intentar ayudar a sus hijos;e incluso personas más mayores que lo hacen por curiosidad.

Un curso por cuatrimestre

El currículo de la ESO se imparte de forma distinta a estas edades, ya que en lugar de que existan asignaturas como tales, los conocimientos se reparten en cinco módulos. Además, cada curso se concentra en un cuatrimestre, de forma que el que empieza desde abajo podría sacarse el título de Secundaria en solo dos años. Los exámenes –siempre presenciales aunque se estudie a distancia– se suelen celebrar en enero y junio.

Según los datos del Ministerio de Educación, de las 3.629 personas que estudiaron estos cursos el año pasado, el 70% lo hicieron de forma presencial y, el resto (1.081 alumnos) a distancia. En este caso, el instituto Blecua ofrece a sus alumnos todos los contenidos y ejercicios en una plataforma virtual, donde también pueden ponerse en contacto con el profesor. Y para intentar eliminar ese "hándicap" para los que no tienen internet, el centro ofrece a sus alumnos un aula con ordenadores. Este servicio, al igual que las clases presenciales, es completamente gratuito, si bien en las aulas es necesario que los alumnos paguen los libros y fotocopias que sean necesarias.

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