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día internacional del reciclaje

Una fecha que busca despertar las conciencias ante un desafío vital

El objetivo de la jornada es sensibilizar sobre el tratamiento de los desechos para proteger el planeta.

Cada año ocho millones de toneladas de plástico acaban en el océano, lo que equivaldría al vertido de un camión de basura cada minuto.
Cada año ocho millones de toneladas de plástico acaban en el océano, lo que equivaldría al vertido de un camión de basura cada minuto.
Freepik

Ciudades convertidas en auténticos vertederos, zonas en las que han desaparecido los recursos naturales o donde la contaminación del aire registra unos niveles tan altos que afectan a la salud de sus habitantes. Estas escenas, que podrían aparecer en cualquier historia apocalíptica, no son tan lejanas. No se tratan de pensamientos distópicos sino de las consecuencias, ya visibles en algunas partes del mundo, de la contaminación extrema. Una situación que se alerta a diario y que cada 17 de mayo se escucha con más fuerza, con la celebración del Día Internacional del Reciclaje. Esta cita, creada por Naciones Unidas, tiene como objetivo sensibilizar sobre la importancia de tratar los desechos como corresponde, para no contribuir al cambio climático y proteger el planeta. De esta manera se pretende señalar esta problemática para que los gobiernos y los estados tomen medidas y para que los ciudadanos lo exijan a sus representantes.

Para dar visibilidad a este problema, durante todo el día de hoy el reciclaje se convierte en el protagonista de diversos actos e iniciativas en las que se enseñan las claves para una correcta división de los residuos.

¿Qué depara el futuro?

El ‘continente basura’, ubicado en el Pacífico Norte, es uno de los ejemplos que más se utiliza al hablar de contaminación. Esta enorme isla flotante, formada por residuos plásticos cuyo tamaño equivale a la Península Ibérica, es una muestra a la que se recurre para despertar conciencias porque recuerda cada día las consecuencias de no reciclar. Sin embargo, los resultados de este problema pueden ser mucho peores en el futuro. Una mala gestión de los residuos puede hacer que aumenten en tal medida que no haya espacio para tratarlos y clasificarlos (algo que ya se observa en algunos países como Reino Unido).

No reciclar supondría un aumento de la producción de los artículos de consumo diario, algo que supone un mayor uso de recursos naturales. Llegaría un momento en que estos escasearían, subirían de precio y, a largo plazo, podrían desaparecer en ciertas regiones del mundo. Además, para poder conseguirlos las empresas tendrían que irrumpir en los ecosistemas que hasta el momento se han mantenido vírgenes. Es decir, aumentaría la deforestación de bosques y reservas naturales, el uso de productos químicos y conservantes y, por tanto, la desaparición de especies animales y vegetales que tienen como hábitats estos espacios. Un abuso que, por otro lado, ya se puede observar en la explotación forestal de zonas subdesarrolladas. Junto a estos efectos, la expulsión de gases tóxicos puede ser también una de las consecuencias de no reciclar.

Los desechos o materiales que no se tratan deben ser incinerados en el menor tiempo posible. Esto genera cenizas y gases tóxicos que aumentarían los niveles de contaminación en el aire, generando a su vez problemas respiratorios para los habitantes de ciudades o regiones enteras. Pero no es solo eso, también habría un aumento de los gases de efecto invernadero, que elevaría la temperatura media de la Tierra e incidiría directamente en el calentamiento global. Como exploran diversos estudios, si no se instauran medidas de cambio desde las entidades, que tengan en cuenta la gestión y el tratamiento de los residuos así como la sobreexplotación, el planeta puede experimentar un aumento de de temperatura de hasta seis grados en 2050, sobrepasando con creces así el máximo de dos grados de aumento sobre la temperatura actual, un incremento que se establece ya como seguro según los especialistas.

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