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especial mujeres de éxito

Marta Robles: "Me pusieron etiquetas contra las que he tenido que luchar siempre"

Desde que comenzase sus primeras prácticas en la facultad, la periodista no ha dejado de sentir "el veneno en las venas" de una profesión en la que sigue habiendo desigualdad entre hombres y mujeres.

La periodista y escritora madrileña Marta Robles.
La periodista y escritora madrileña Marta Robles.
Gonzalo Pérez-Mata.

Con una amplia trayectoria en los medios de comunicación y 16 libros publicados en su haber, Marta Robles es una de las periodistas y escritoras más reconocidas del país. Un TP de oro, dos antenas de oro, el Premio Nacional de Comunicación o el Fernando Lara de Novela son algunos de los numerosos galardones que dan lustre a una exitosa trayectoria que, sin embargo, no estuvo exenta de dificultades en sus inicios.

¿Cuándo empezó a escribir?

Llevo escribiendo toda la vida y presentándome a concursos literarios desde que era una niña. En cuanto al periodismo, entré en la facultad empujada por mi primer novio, que me convenció de que tenía dotes para la comunicación. Pero desde que empecé la carrera se me metió ese veneno en las venas que nunca ha vuelto a salir; por eso sé que, aunque pueda llegar el día en que solo me dedique a la literatura, nunca dejaré de ser periodista. 

¿Cómo fueron los comienzos de su carrera profesional?

Empecé en prácticas en el 87 en la revista ‘Tiempo’. Antes había colaborado en el Magisterio Español, a través de una cátedra de la facultad, y en una revista de golf, pero ‘Tiempo’ fue mi primer trabajo periodístico serio. Las mujeres entonces no lo teníamos fácil. A mí me estigmatizó mucho ser rubia, mona y pertenecer a una familia de clase media, que me había proporcionado una educación de pago. Me colocaron una serie de etiquetas contra las que he tenido que luchar durante toda mi carrera. A los hombres no les pasaba entonces y tampoco ahora.

¿Qué consejo le daría a las mujeres que se estén iniciando en estos ámbitos?

Creo que para ser periodista es imprescindible tener curiosidad, una pasión que no entienda de horario ni de condición, honestidad y ganas de conseguir que el mundo sea un poco mejor. Es básico para ser periodista y escritor y te mejora como ser humano.

¿Ser mujer le ha supuesto algún problema en su carrera?

Desde luego. Cuando yo empecé, aunque había periodistas consagradas destacadas en la profesión, casi eran inexistentes en las jefaturas de sección o en las direcciones de los medios. Además de eso, había mucho machismo en el trato. Yo distingo bien entre piropos y groserías y entre groserías y acoso. Los piropos se dan entre iguales y las groserías puede ser que también, pero quien las recibe se puede defender. El acoso se da cuando la persona tiene autoridad sobre ti. Y puede ser de acto, pero también de palabra. Y solo con la palabra puede hacerte sentirte incómoda e indefensa. Sucedía antes y sigue ocurriendo ahora, pero ya en mucho menor medida porque antes las cosas ni se contaban ni se denunciaban. Y ahora sí.

¿Qué opina del techo de cristal?

Por una parte, hay determinados ámbitos de la sociedad donde parece que la tradición ampara ese techo de cristal y sigue admitiendo solo hombres en determinados cargos. Con todo, eso que sucedía en instituciones de todo tipo se ha ido equilibrando poco a poco, en buena medida, gracias a las cuotas. Por otra parte, las propias mujeres nos hemos puesto en muchas ocasiones –y aún seguimos haciéndolo- un techo de cristal, que tiene que ver, sobre todo, con la maternidad. Conciliar la vida profesional y personal no es fácil porque parece que es solo cosa de mujeres y que no les corresponde a los hombres. Hasta que la responsabilidad de los hijos no se divida a la mitad siempre habrá desigualdad.

El 1 de octubre se cumplieron 89 años de la aprobación del voto femenino. ¿Se ha avanzado estos años como se debería en los derechos de la mujer?

Si algo celebro yo de aquel día, además del voto, es que mi adorada Clara Campoamor defendiera también nuestro derecho a equivocarnos. Yo siempre digo que no se trata de que las mujeres seamos ‘superwoman’, que no queremos ser perfectas. Habrá igualdad cuando haya el mismo número de mujeres buenas, malas y regulares que hombres.

¿Qué medidas cree que serían necesarias para avanzar hacia esa igualdad?

Yo soy feminista de toda la vida. Y aunque sé que al principio tuvimos que luchar las mujeres solas, ahora creo que es necesario defender el feminismo inclusivo. Sobre todo porque ahora hay muchos hombres que apoyan y luchan por el feminismo. No se trata de enfrentarnos, sino de encontrar el consenso y caminar de la mano. Si no conseguimos que ellos también defiendan el feminismo, difícilmente lograremos la igualdad.

Su último libro, ‘La chica a la que no supiste amar’, es una novela negra sobre la trata de mujeres. ¿Por qué es importante leerlo?

Porque incluye una reflexión sobre lo que se esconde en la cara B de la sociedad, donde hay muchos cómplices de este turbio negocio, que no son ni proxenetas ni puteros, sino gente normal que facilita que exista esa esclavitud del siglo XXI y saca partido. Gente que hace como si no supiera nada de esto, aunque sepa que España está llena de puticlubs.

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