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"Era uno de mis sueños: vivir un viaje solidario”

La joven Olga Arbeláez ha participado, junto a la oenegé Ilumináfrica, como voluntaria en hospital de Ebomé, en Camerún.

Olga Arbeláez, óptica-optometrista en el hospital de Ebomé, en Camerún.
Olga Arbeláez, óptica-optometrista en el hospital de Ebomé, en Camerún.
Fundación Ilumináfrica

Una búsqueda casual en Google fue lo que llevó a Olga Arbeláez, de 36 años, a aterrizar en el hospital de Ebomé, en la región camerunesa de Kribi. “Desconocía por completo que había oenegés que necesitarán ópticos. Un día, por casualidad, estudiando francés, al unir en el buscador ambas palabras tuve la suerte de dar con la página de Ilumináfrica”, explica Arbeláez. Para la joven: “Aunque era un tema que siempre había resonado en mi cabeza, lo tenía un poco olvidado, ya que nunca pensé que con mi profesión fuera a tener esta oportunidad. Fue una sorpresa inesperada y, sin dudarlo, se convirtió en un proyecto a cumplir. Era uno de mis sueños: vivir un viaje solidario”.

“En aquel momento pensé que, quizás para ser la primera vez en África, Camerún era un buena zona para iniciarme en este continente, con el añadido de que es un lugar costero a la vez que cuenta con selva tropical, lo cual era muy atractivo. Desde luego me encantó", cuenta la óptica sobre su elección de destino. 

Una vez allí, "para mí, lo más duro fue enfrentarme a las verdaderas injusticias que se ven en África. Este fue quizás el choque más fuerte al principio". "Una de las cosas más complicadas es ver cuántos niños mueren por malaria a edades tempranas por falta de medios económicos. En lo que respecta a la óptica, me marcó cuando venía gente mayor con problemas oculares que en su día tenían solución y que, por descuido o falta de información, han acabado en cegueras irreversibles".

Como recomendación, la óptica afirma: "Muchos deberíamos probar una vez en la vida una experiencia similar, y abrir nuestra mente para aportar en lo que sea posible. Estando allí, sentía que estaba haciendo poco, aunque al ser los cameruneses gente tan agradecida me llenaba de satisfacción ayudar con cualquier gesto, por pequeño que fuera. Todo aporte nunca es suficiente pero siempre es mejor que nada"

Pero, durante su experiencia, Arbeláez no solo ha dado. "Sin duda he recibido una enorme lección de vida: cómo saber valorar hasta lo más insignificante. Me llevo para mí mucho más de lo que he podido entregar. La enseñanza es tan grande que ninguna escuela me la habría podido mostrar".

A modo de conclusión, la joven resume que esta experiencia le ha cambiado mucho. "En lo profesional, nunca me había sentido tan útil y con tantas ganas de aprender. A nivel personal, puedo decir que ha modificado la perspectiva desde la que miro el mundo".

- Leer otros testimonios.

- Participa en el V Concurso de Microrrelatos solidarios Ilumináfrica.

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