Salir a la fresca en Gelsa

"La fresca es el primer momento de socialización en el pueblo"

Ambar y HERALDO visitan Gelsa a través de la iniciativa 'A la fresca, qué bien sienta', que recorre varios pueblos de Aragón para descubrir cómo se vive esta tradición en la Comunidad.

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Más de 1.600 moriscos vivieron en Gelsa en la época de Al-Ándalus, estableciéndose en un barrio que se extiende por el casco antiguo, formando un entramado de calles estrechas, con casas blancas y con frecuentes cubiertos, las edificaciones que cruzan sobre la vía para comunicar viviendas a ambos lados que son tan características de este municipio zaragozano. Tras la reconquista, muchos de los que vivían en la localidad acordaron con los nobles que gobernaban la zona quedarse como mudéjares, debido sobre todo a la importancia de esta población tanto en número como por sus labores en el cultivo del campo, en albañilería y en otros trabajos artesanales. Así, la permanencia de esta cultura en el pueblo contribuyó a que el barrio morisco haya trascendido hasta la actualidad casi intacto, convirtiéndose además en uno de los lugares preferidos por sus vecinos para salir a tomar la fresca en verano.

Un hábito que sigue plenamente vigente en el municipio, como se reflejó en la tercera parada de 'A la fresca, qué bien sienta', iniciativa que impulsan Ambar y HERALDO con el fin de descubrir cómo se vive esta tradición en distintos pueblos de la Comunidad. Tras pasar por La Puebla de Híjar e Ibdes, el siguiente destino fue este municipio de la Ribera Baja del Ebro, en el que también cabe destacar su iglesia parroquial, dedicada a San Pedro Apóstol y del siglo XVII, que custodia en su interior el relicario de la Santa Espina;  además de la ermita del Buen Suceso y el antiguo casino, actual ayuntamiento.

Reunidos en el bonito marco que ofrece el barrio morisco, los vecinos más veteranos hablan de la importancia histórica que esta costumbre ha tenido en la vida del pueblo: "Recuerdo que hace años en todas las calles había vecinos que se juntaban, y los niños acudíamos por grupos a tomar la fresca, recorrer el pueblo y jugar a escondernos, al marro o a policías y ladrones. Como no había otro entretenimiento, era nuestra creatividad lo que nos motivaba para estar ahí hasta las doce de la noche", explica Mariano Catalán. Por su parte, Antonio Marqués rememora las travesuras que se producían en las frescas de su niñez: "Había una tradición muy curiosa, que consistía en tirarles al suelo en febrero, para Carnaval, tiestos como botijos o cerámicas a los vecinos que les sabía mal. Los rompíamos y salíamos corriendo como locos”, comenta entre risas.

Tal era la trascendencia de la fresca que los adultos tenían sus propios códigos, como decir que había "ropa tendida" si aparecía un niño y se estaba hablando de cosas que no eran apropiadas para su edad. Además, también se llegaron a crear pareados, como el que decía "Carretera que hasta el puente lleva a los enamorados, quien de la cooperativa alguna vez no ha pasado". "Porque, a partir de la cooperativa, ya no había luz", indica con una sonrisa Catalán. 

Los jóvenes también se animan a salir a la fresca en Gelsa.
Los jóvenes también se animan a salir a la fresca en Gelsa.

La alcaldesa del pueblo, Isabel Álvarez, señala que está práctica sobre todo la llevan a cabo las personas mayores y los niños, que a partir de los 7 años empiezan a juntarse en grupos, ir con las bicis y jugar en diferentes frescas. "En verano los críos que hay se multiplican por tres o por cuatro, y hacen piña todos, sin importarles la edad. La fresca es el primer momento de socialización, luego vienen las fiestas y otros eventos", afirma. Los gelsanos que están junto a ella coinciden en destacar la bondad y el carácter acogedor de los vecinos, así como el buen ambiente que se vive en la localidad. "En las frescas te enteras de amores, desamores, embarazos, las casas que están en venta, quién a venido a vivir, cómo ha ido la cosecha... Lo mejor que tiene es que permite socializar con la gente. Recuerdo que antes era de los pocos momentos que había para hacerlo, tras estar los vecinos todo el día trabajando. Es una libertad que se tiene aquí y que no está en la ciudad, y que hace que los niños puedan estar jugando tranquilamente por las calles", expone Miguel Ángel García, concejal de Deportes.

conversaciones hasta medianoche

El reparto de chocolate con churros en invierno y de jamón con tomate en las fiestas de verano, la concentración de ranchos y otras muchas actividades y talleres dan vida al pueblo gracias a la Asociación de Mujeres Virgen del Buen Suceso, cyas integrantes aprovechan las frescas tanto para planear estos actos como para hablar de sus vidas. "En mi calle somos cinco vecinas y salimos todos los días a charlar hasta las doce o doce y media de la noche. Salimos después de cenar y en lugar de ver la tele conversamos de los cotilleos y de nuestras cosas”, manifiesta Conchita García. En estos encuentros se enteran de muchas cosas sobre Gelsa y evocan sus primeras frescas: "Recuerdo con mucho cariño cuando iba a la fresca a la calle de mi abuela porque había muchos niños. Salíamos todos a las 9 o a las 10 y nos dejaban allí hasta las 12 chillando, corriendo y divirtiéndonos. Es muy bonito el recuerdo. Jugábamos al pilla-pilla y al escondite, hacíamos bailes…", apunta María José Salvador.

"Algo de lo que me acuerdo con mucha ternura es que en la calle baja salía a bailar con mi amiga Ana Continente y a las abuelicas les gustaba tanto que hasta nos daban propina. Hacíamos una coreografía corta y ellas encantadas. Y si íbamos corriendo por las calles todas nos decían cosas bonitas: '¡Mira que maja está la chica de la Benita', hablaban. Era un vínculo muy cercano y muy familiar", comenta Marian Espinosa.

El barrio morisco de Gelsa se convierte en verano en un lugar ideal para salir a tomar la fresca.
El barrio morisco de Gelsa se convierte en verano en un lugar ideal para salir a tomar la fresca.

La naturaleza, la tranquilidad, la familiaridad, la libertad y los servicios de los que dispone el pueblo son algunos de los beneficios que sus habitantes destacan del mismo, sin olvidar, por supuesto, las fiestas, que se celebran entre el 6 y el 12 de septiembre. En ellas, los jóvenes también se reúnen a tomar la fresca y poner en común sus experiencias en actos tan originales como el café taskin, en el que una charanga va reclutando a los gelsanos para que se sumen a un recorrido en el que se forman en el suelo hileras de personas esperando a que una gran sulfatadora repleta de 'taskin' (un combinado de varios alcoholes y café) les lance esta peculiar bebida. "Es un momento muy chulo porque nos organizamos por grupos, nos disfrazamos y participa todo el pueblo. Recorremos las calles con la charanga y vamos bebiendo el taskin, cuya receta cambia dependiendo a quién le preguntes. No sabemos bien qué lleva, lo sabremos en el futuro cuando nosotros preparemos la sulfatadora para las nuevas generaciones", señala Leyre Marqués, para quien venir a Gelsa en el verano siempre ha sido muy importante porque significaba "salir con sus amigos".

Amigos suyos como Alejandro Carreras o Ángela Guerrero indican que el aumento de la población del pueblo en verano lleva a que sean más numerosas tanto las frescas como las quedadas en lugares como las piscinas municipales. "Lo que más me gusta de Gelsa es la unión que tenemos todos. Aunque seas de edades o peñas diferentes cuando te ves con un grupo te sientas esté quien esté", expone Carreras. Asimismo, recuerdan cómo hace años empleaban este hábito en jugar al chocolate inglés, a polis y cacos o al lobo. Un programa que fue cambiando con el tiempo y que ahora consiste en salir con unas cervezas Ambar a hacer un repaso de todo lo que ha pasado la noche festiva anterior o a poner en común las anécdotas familiares.

Una serie de recuerdos, todos ellos, vividos a la fresca, una costumbre esencial de la memoria colectiva de los pueblos cuyos detalles dan forma a 'A la fresca, qué bien sienta'.

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