
"Salir a la fresca era la terapia de la época"
Ambar y HERALDO visitan Ibdes a través de la iniciativa 'A la fresca, qué bien sienta', que pretende recorrer Aragón para descubrir cómo se vive esta tradición en distintos pueblos de la Comunidad.
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Cuenta la leyenda que el Pelado de Ibdes era un personaje travieso que tenía la habilidad de ser el culpable de todo lo malo y extraño que ocurría en el pueblo. "¡Habrá sido el pelado!" era una frase habitual en las calles de la localidad, que siempre ha contado con historias que pasan de generación en generación y que han sido relatadas por sus vecinos cuando salían a tomar la fresca en verano.
Una costumbre, esta última, que sigue arraigada en el día a día de Ibdes, como se pudo comprobar recientemente en la segunda parada de 'A la fresca, qué bien sienta', iniciativa que impulsan Ambar y HERALDO con el fin de descubrir cómo se vive esta tradición en distintos pueblos de la Comunidad. Tras pasar por La Puebla de Híjar, el siguiente destino fue este municipio de la comarca Comunidad de Calatayud, situado en una ubicación privilegiada, dentro del triángulo que forman Alhama de Aragón, Jaraba y el Monasterio de Piedra, donde las cascadas, los balnearios y las grutas dejan prendados cada año a numerosos amantes de la naturaleza.
Al igual que ocurre en otros muchos puntos del territorio, durante el verano, la población de la localidad aumenta de manera notable, como pudo verse hace unos días durante la final del Mundial de Fútbol entre España y Argentina, una jornada en la que se vivió un gran ambiente. Así, la afluencia extra del periodo estival unida al hábito de los vecinos que viven allí durante todo el año hace que las noches a la fresca estén llenas de interés. "Yo las vivo desde que era un bebé. Y la mayoría de los vecinos también. Es una manera de juntarnos todos, de echarnos unas risas y de pasar tiempo de calidad", explica Marta Sinusia.
Desde jugar al pilla-pilla por parte de los más pequeños, hasta organizar los detalles de sus planes para las próximas fiestas (que comienzan el próximo 14 de agosto) en el caso de los jóvenes, pasando por relatar las anécdotas que recuerdan con más cariño de su niñez en lo relativo a las personas mayores. Todas las generaciones del pueblo disfrutan de la fresca. “Salimos todos los días, sobre las 20.30 o las 21.00, a la puerta de casa. Nos juntamos con los vecinos de alrededor y hablamos de los cotilleos y de las cosas que han pasado por la noche, como de la gente que se ha metido a la piscina”, señala entre risas el joven Marcos Esteban.

Su madre, Silvia Guajardo, destaca que el pueblo le da "calidad de vida", permitiéndole una tranquilidad que no tiene de la misma forma en la ciudad. Y recordó uno de los temas que ha protagonizado más conversaciones este año, ‘El Peladico de Ibdes’, un libro escrito por el docente y autor Alejandro Remacha y publicado este 2026, que ha rescatado esta figura popular del municipio para transformarla en un relato lleno de valores, memoria y aprendizaje.
Cartas y alguna trampa
De la fresca saben también mucho Chon Pasamón y Antonia Delgado, dos veteranas que recuerdan que cuando eran pequeñas esta práctica empezaba a media tarde, sobre las 18.00. "Había mucha más gente. Se salía con las mesas y las cartas. Los niños corrían por la calle y los adultos hablaban de sus cosas", apunta Pasamón, quien recuerda con una sonrisa haber hecho travesuras como tocar los timbres e irse corriendo y otras "peores". "Ya de más mayores jugábamos al guiñote, haciendo alguna trampa, porque eso es lo primero que se aprende", agrega bromeando.

Por su parte, las usuarias del Centro de Mayores de Ibdes también son fieles a la fresca. "Salimos a la calle San Pascual, al parque de los Cantones… Y hacemos la tertulia sobre lo que ha pasado en el día, lo que hemos vivido cada una, lo que vamos a hacer para comer… Leemos el periódico del pueblo, que está muy interesante”, indican Angelines Guajardo y Laura Morón.
Además de hacer clases de yoga, memoria o zumba en el centro, sus integrantes quedan todas las mañanas para andar, razón por la cual trasnochan menos que antes cuando salen a la fresca. “Hace años se juntaba toda la familia. De niñas jugábamos al burro, al escondecucas… A veces con una caja de cartón y cuatro tabas ya nos entreteníamos”, expone Morón. Ya de más mayores, Cándida Ibáñez se acuerda de que jugaban por las tardes a la brisca o el seisillo, apostando pequeñas cantidades de dinero. “La tertulia llegaba más hacia la noche. Allí cada una contaba sus experiencias y eso nos venía muy bien. Porque apenas conocíamos los psicólogos, entonces era la comunicación que había entonces, que era algo muy bonito y la terapia de la época”, añade.
Una serie de recuerdos, todos ellos, vividos a la fresca, una costumbre esencial de la memoria colectiva de los pueblos y que continuaremos descubriendo en próximos episodios de 'A la fresca, qué bien sienta'.