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Zaragoza

​La magia del cine de Méliès, en el Caixaforum

Más de 140 objetos y 23 películas, además de aparatos y otras curiosidades pueden contemplarse en esta muestra.

Ana Usieto. Zaragoza Actualizada 04/02/2016 a las 12:30
Exposicion Georges Méliès

"Cuando Georges Lucas, el creador de la saga de ‘La guerra de las galaxias’, visitó la Cinémathèque Française, quiso poner sus manos sobre la primera cámara de Georges Méliès. Fue como si hubiera tocado un trozo de la cruz de Jesucristo". La escena que describe Laurent Mannoni, director científico del patrimonio de la institución cinematográfica francesa, da idea de la trascendencia e influencia de Méliès (1861-1938) en el cine actual, sobre todo en el que recurre a los efectos especiales y hace de la recreación de mundos fantásticos su razón de ser. Los hallazgos técnicos y artísticos de Méliès son el incontestable germen de esta manera de hacer cine que, casi cien años después de la muerte del cineasta, sigue siendo la de más éxito entre el gran público.

Precisamente, en esa conexión que aún perdura entre Méliès y la forma en que el cine moldea la cultura popular más actual, pone el acento la exposición, comisariada por Mannoni, que desde este miércoles y hasta el 8 de mayo puede verse en el Caixaforum de Zaragoza. A través de más de 140 piezas y 23 películas, el visitante podrá sumergirse en el universo visionario de Méliès, que supo conectar la fantasía y sus conocimientos sobre magia con la técnica cinematográfica, entonces en sus albores.

También, en un sentido más amplio y profundo, Mannoni dijo que la exposición busca -"en un año que ha acabado tan mal en Francia" (en referencia a los atentados islamistas)- "hacer entrar a la gente en un mundo de fantasía, hacerles soñar, porque el cine está para eso y es increíble cómo más de 100 años después de su invención, esta magia sigue funcionando entre los jóvenes, que salen sorprendidos y fascinados".

De la linterna a la gran pantalla

La línea de la vida de Méliès es también la de la propia historia del cine y, así, la exposición parte de los primeros ingenios para reproducir imágenes en movimiento (sombras chinescas, linternas mágicas, fantasmagoría, ilusiones ópticas o discos estroboscópicos) hasta llegar a los homenajes que grandes del cine rindieron al cineasta francés, como la película ‘La invención de Hugo’, de Martin Scorsese, que se proyecta en bucle al final del recorrido.

"Méliès tenía un estilo propio, sus películas se reconocen enseguida", dijo ayer Mannoni en Zaragoza, en la presentación de la exposición. "Es el inventor del cine como arte y de la narración cinematográfica, está en el origen del cine moderno, él estableció todos los activos sobre los que reposa", añadió. "A partir de sistemas antiguos crea nuevos modos de expresión, fusiona la magia, el mundo de las hadas, con el cinematógrafo".

Fundador de una industria

Méliès es, además, comúnmente asumido como el fundador de la industria del cine. No es casualidad que en Estados Unidos sea particularmente conocido y admirado.

Genio avanzado y premonitorio, Méliès fue todo un personaje. Rechazó la vida fácil que le hubiera supuesto hacerse cargo del boyante negocio familiar, una fábrica de zapatos, para introducirse en los misterios de la magia, dirigiendo a una ‘troupe’ de ilusionistas. A la par, se interesó en la fotografía animada, en una época en la que las fronteras entre cine e ilusionismo eran difusas. La primera cámara, que se compró en Londres, le sirvió para hacer proyecciones en su espectáculo en el teatro Robert-Houdin, pero su capacidad de creación era desbordante.

Era un autodidacta y un «hombre orquesta», en palabras de Mannoni. Él mismo distribuía sus filmes, actuaba, escribía los guiones, diseñaba el vestuario, los decorados y hasta su estudio acristalado de Montreuil (del que puede verse una preciosa maqueta en la exposición). En ese escenario, mientras despertaba el siglo XX, Méliès facturó algunas de las películas más influyentes de la historia del cine, incluida su icónica ‘Viaje a la Luna’ (1902), que ya entonces fue un éxito internacional.

Tal era la sofisticación de sus trucos que aunque le surgieron multitud de imitadores nadie logró saber cómo lograba realmente sus efectos. Mannoni califica de «tesoro» lo que se puede ver en la exposición en Zaragoza. Primero, por su importancia en la historia del cine. Pero, sobre todo, porque el legado de Méliès es frágil y precioso ya que apenas se conserva la mitad de su obra. «Si podemos ver lo que hay en la exposición es gracias a su familia, en concreto a su hija, que en 2003 donó todo su haber a la Cinémathèque Française, con lo que ahora se ha convertido en la más completa posible», explicó Mannoni.

Dibujos e ingenios

En la muestra de Zaragoza, en una sala de 300 metros cuadrados, pueden verse bustos trucados, algunos de los dibujos que el propio Méliès hacía como guión visual de sus películas, un cinematógrafo Lumiére, una linterna mágica Nollet, autómatas, cajas decorados, una capa de mago, autómatas (incluido el que Scorsese usó en ‘La invención de Hugo’), carteles o sombras chinescas.

La búsqueda de obra de Méliès continúa. «Se sigue buscando y encontrando», dice Mannini quien contó que hace pocos meses se ha encontrado el segundo filme que rodó Méliès, una sesión de prestidigitación. Aunque cada vez las esperanzas son menores al tratarse de un material muy delicado, muy fácilmente inflamable.


 







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