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Música

La ópera barroca se sube al Metro en Buenos Aires

Integrantes del grupo Ópera Periférica estrenaron una adaptación moderna de una ópera en una de las principales paradas del transporte.

Efe. Buenos Aires Actualizada 16/08/2016 a las 21:51
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La ópera barroca se sube al Metro en Buenos Aires

 Al bajar del vagón en una de las principales paradas del Subte, el metro de Buenos Aires, este martes no se oían chirridos. Las arias de la ópera barroca 'La Serva Padrona' se imponían a los ruidos mecánicos gracias a un grupo de artistas que saca este género de los teatros y lo lleva a espacios alternativos.

Caracterizados con gafas de sol oscuras y maletas de ruedas que no desentonaban con las decenas de teléfonos móviles empuñados por los sorprendidos transeúntes del Subte desde el momento en que sonó la primera nota, los integrantes del grupo Ópera Periférica estrenaron una adaptación moderna de la ópera que Giovanni Baptista Pergolesi presentó en 1733.

La consigna era clara: en una hora de alto tránsito, el mediodía, interpretarían el primer acto de la obra en una estación y el segundo en otra, con el objetivo de acercar esta disciplina, alejada del día a día de la mayor parte de la sociedad, al gran público.
Serpina, la "criada patrona", inició su plan de seducir a su patrón, el millonario soltero Uberto, primero en un extremo de la línea H -que recorre de norte a sur la capital conectando la zona más rica con las más humildes- y luego en el otro.


"Es muy gratificante para nosotros, que siempre estamos dentro de un teatro con un público muy selecto, abrirlo a la comunidad", dijo a Efe Alfredo Martínez, el barítono de origen colombiano que interpreta a Uberto.


Para Julieta Schena, encargada de dar voz a Serpina, "siempre es enriquecedor dialogar con distintos espacios y distintas situaciones" porque hay factores "que tienen que ver con lo inesperado, con la sorpresa", "que en un teatro normal no pasan". También cambia la relación con el público, que ya no está sentado en la oscuridad del patio de butacas sino frente a frente con los artistas.


"Normalmente (la del público) siempre es como una reacción de sorpresa, de qué está haciendo esta gente acá... Pero se enganchan", agregó Schena.

El hombre detrás del montaje es Pablo Foradori, impulsor desde 2014 del grupo Ópera Periférica. Formado en el emblemático Teatro Colón de Buenos Aires, Foradori ya ha puesto, por ejemplo, a Mozart en medio de una de las zonas de chabolas de la capital argentina.

En el futuro planean llevar la iniciativa a un hospital psiquiátrico y cruzar el charco en 2017 para tocar en las estaciones madrileñas de Atocha y Chamartín. "Para la ópera, me parece que ayuda a desacartonar un poco al género, a dejar de vincular la ópera con cierta idea de perteneciente a cierta clase social", dijo a Efe Foradori, mientras para el público, la "cercanía" con los intérpretes hace que el espectáculo sea "mucho más ameno" y "abordable".

"El deseo es que la ópera se vuelva un objeto de consumo un poco más masivo", concluyó. Pocos de los que pasaban por allí mientras sonaba la música se permitieron siguieron de largo. Los más, dejaron ir el siguiente tren para no marcharse sin al menos una foto. "Para Snaptchat", comentaba un grupo de jóvenes que guardaban sus teléfonos mientras se alejaban por los pasillos.

"Muy interesante. Son espacios culturales que se generan de la nada en un momento cotidiano que es el subterráneo. Además, acá pasan millones de personas", contó Sergio, un enfermero que hasta ahora solo había disfrutado de la ópera en directo una vez, en el Teatro Colón, hábitat natural del género en la capital argentina.

"Está bueno, me gusta, le agrega un 'acting' (matiz en la interpretación) siendo ópera", opinó Matías, un estudiante de Derecho que al salir de clase se encontró con el espectáculo.
Otra pasajera, Silvia, que este martes retrasó unos minutos su salida del Subte para escuchar la obra, apuntó: "me encanta, ojalá que la gente lo sepa disfrutar".

Y al finalizar la obra una cosa que no cambia y otra que sí: los aplausos del público con el eco del recinto, igual que en un teatro, y la satisfacción de los músicos, cantantes y espectadores mientras esperaban para tomar el metro, cada uno hacia su parada. 







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