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Zaragoza

Una nevera contra el despilfarro de alimentos

Esta semana, se ha instalado en la iglesia Evangélica Bautista de Zaragoza la primera Nevera Solidaria de la capital aragonesa.

Ariadna Cañaveras. Zaragoza 29/07/2016 a las 06:00
Inauguración de la primera Nevera Solidaria en Zaragoza

Cada año se desperdician en el mundo alrededor de 1.300 millones de toneladas de alimentos, lo que equivale a un tercio de la cantidad producida para el consumo humano, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Contra este hecho, surgió hace cerca de dos años el proyecto Nevera Solidaria, que trata de combatir el despilfarro de comida en España mediante la instalación de frigoríficos -en la calle o en asociaciones- donde depositar comida excedente de restaurantes, entidades o particulares, para ser posteriormente retirada y consumida por aquellos que la necesitan. Ahora, la iniciativa ha llegado a Zaragoza de la mano de la Iglesia Evangélica Bautista de la capital aragonesa.

La primera Nevera Solidaria se instaló el 29 de abril de 2015 en Galdácano (Vizcaya) gracias a la Asociación Humanitaria de Voluntarios de Galdácano (GBGE) y a su presidente, Álvaro Saiz, quien asegura que “solo con el 40% de lo que se tira se acabaría con el hambre en el mundo”. Poco a poco, el proyecto ha ido creciendo y ya cuenta con nueve neveras repartidas por diversos puntos de la Península: el País Vasco, Madrid, Valencia y, desde esta semana, Zaragoza, donde fue inaugurada el pasado lunes, 25 de julio. Se ubica en la iglesia Evangélica Bautista, en la calle Poeta Pablo Neruda, 32, del Actur, y está abierta todos los días de 9.00 a 0.00.

La idea de instalar una Nevera Solidaria en Zaragoza surgió cuando uno de los miembros de la congregación conoció el proyecto a través de un programa de televisión. “Estaba una noche haciendo 'zapping' y vi en 'Comando Actualidad', de La 1, la Nevera Solidaria de Galdácano. Salía un restaurante del País Vasco que depositaba 'tuppers' y también una receptora, una mujer viuda que tenía dos hijos pequeños y que decía que para ella era una bendición”, recuerda José Barrios, miembro del consejo de la Iglesia Evangélica Bautista de Zaragoza y responsable de Infraestructuras.

Desde ese momento, Barrios no pudo dejar de pensar en el proyecto y en la posibilidad de implantarlo en su iglesia. “Me causó mucha impresión, esa noche incluso me desperté varias veces pensando en ello”. Al día siguiente, decidió ponerse en contacto con la asociación para pedir información. Todo fue muy rápido y, dos días después, ya estaba rellenando la “hoja de adhesión”.

Tras conseguir una nevera de segunda mano, era el momento de pasar a la acción y “empezar a captar colaboradores”, apunta Barrios. Para ello, fue a visitar a dos amigos suyos, los propietarios de los restaurantes Sentinel, en el Actur, y Aspen Brasería, en el centro. “Cuenta conmigo”, le dijeron ambos y le prometieron que donarían la comida sobrante de sus respectivos negocios. “Se me pusieron los pelos de punta”, asegura.

Desde la inauguración de la Nevera Solidaria de Zaragoza, son estos dos restaurantes los que la nutren diariamente, aunque Barrios ya está trabajando en conseguir más colaboradores. También hay particulares que contribuyen, especialmente vecinos de la zona y miembros de la congregación. Todos ellos han pasado durante estos primeros días a depositar alimentos en la nevera. “Hay de todo”, cuenta Barrios, desde yogures y fruta, hasta platos elaborados como “macarrones con tomate, filetes de pollo con patatas, marmitaco, hamburguesas, trucha con patatas panadera y pimientos, o tortilla de patata”.

En la iglesia no han contabilizado cuántas personas han pasado ya a retirar alimentos, pero aseguran que está funcionando “de maravilla”. La nevera está situada en una de las puertas laterales del templo para preservar la intimidad del que pasa a recoger comida. “El que atraviesa momentos delicados económicamente, y más si es vecino de la zona, no querrá que le vean”, reflexiona Barrios.
 

Una nevera abierta a todo el mundo

El “reparo” o la “vergüenza” son dos sentimientos que los voluntarios de la Nevera Solidaria tratan de eliminar. “Intentamos que la gente se sienta cómoda al coger comida”, dice Álvaro Saiz, creador del proyecto. “No es solo para los pobres, no es caridad. Todo el que quiera o lo necesite puede coger comida, el objetivo es evitar el despilfarro”, añade.

“Hay gente en riesgo de exclusión social, pero no es el perfil medio”, explica Saiz, quien aclara que, por ejemplo, en Valencia, la nevera se ubica en el campus de la Universidad y, por tanto, “allí el perfil medio es un universitario”. Otras, como la originaria de Galdácano, están situadas en la calle, con permiso del ayuntamiento, por donde pasan cientos de personas cada día. Y, aunque pueda parecer temerario, “nunca ha habido vandalismo”, constata Saiz.

No obstante, instalar una Nevera Solidaria no es tan fácil como pueda parecer, ya que son muchos los requisitos que se han de cumplir para garantizar las condiciones higiénicas y de mantenimiento necesarias. Por ello, las neveras “siempre se ponen a través de asociaciones que se hacen cargo de ellas”, señala Álvaro Saiz. Además, estas deben contar con una serie de elementos distintivos y de seguridad, como una valla de madera protectora, un pestillo interior y los carteles informativos del proyecto.

Para depositar la comida, también hay que seguir una serie de pautas. La que ha sido cocinada debe ir siempre metida en un 'tupper' en el que se indique la fecha de elaboración -que debe ser el mismo día que se deposita-, los ingredientes y los alérgenos que pueda contener. Además, si lleva en la nevera más de dos días, hay que retirarla para evitar que esta contenga alimentos que hayan podido ponerse malos.

“Todos tenemos alimentos en nuestra nevera que no consumimos o que tiramos porque nos sobran”, apunta Saiz, por eso, el objetivo de la Nevera Solidaria es hacer un mejor reparto de esos productos, llevando a quienes lo necesitan lo que otros no pueden aprovechar.
 







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