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Aragón

Las solicitudes de admisión en los colegios mayores aragoneses vuelven a crecer

Los responsables de estos servicios de alojamiento hablan de una tendencia positiva en comparación con los últimos años. 

Pilar Soro. Zaragoza Actualizada 26/08/2016 a las 10:51
Interior del colegio mayor Pedro Cerbuna.Guillermo Mestre

A estas alturas de verano, ya son pocos los universitarios que no tienen cerrado su alojamiento para el próximo curso, pues asegurar el lugar en el que van a vivir y convivir durante más de nueve meses es una de las prioridades para padres y alumnos, sobre todo, de primer curso de carrera. Así lo reflejan las cifras de ocupación de los cuatro colegios mayores de la Universidad de Zaragoza, que la última semana de julio ya habían completado todas sus vacantes y varios de ellos cuentan con listas de espera.

Las opciones de alojamiento son múltiples: desde el piso de un familiar al alquiler de un inmueble compartido, una habitación en uno de ellos o en una residencia universitaria o colegio mayor. En Aragón, existen cuatro centros de fundación propia de la Universidad -CM Pedro Cerbuna y CM Santa Isabel, en Zaragoza; CM Ramón Acín, en Huesca; y CM Pablo Serrano, en Teruel- y siete colegios mayores promovidos por entidades privadas y adscritos a la Universidad –Miraflores, Cardenal Xavierre, Virgen del Carmen o ‘Carmelo’, Josefa Segovia, Azaila, La Anunciata y Peñalba-.

En concreto, este próximo curso, el Pedro Cerbuna contará con 260 colegiales y el Santa Isabel, con unos 200. Para las 75 plazas ofertadas en el primero, el colegio ha recibido 271 solicitudes; y para las 52 vacantes del Santa Isabel, han sido 88. En Huesca, el número de plazas ofertadas y cubiertas ha sido de 91, y en Teruel, de 95. “Estamos satisfechos por volver a llenar y la situación es buena, pues seguimos teniendo más demanda que oferta y todas las vacantes que hemos sacado ya están cubiertas”, afirma José Luis Múzquiz, coordinador de recursos y alojamientos para estudiantes de la Universidad de Zaragoza, quien incide en la fidelización de centros como el Cerbuna, de un 75%.

“Desde la última semana de julio, los movimientos han sido mínimos”, señala Múzquiz. Si bien, es muy posible que algunos de los colegios comiencen el curso con una o dos plazas libres, algo habitual por el movimiento de alumnos entre universidades. Por ejemplo, en carreras como Medicina, “los jóvenes pueden cambiar de facultad dependiendo de dónde sean admitidos, quedando habitaciones libres. Ha habido cursos en los que hemos recibido a estudiantes nuevos hasta en el mes de diciembre”, recuerda el responsable.

Aunque la tendencia de solicitudes va en aumento –se ha registrado una media de 20 más por colegio-, este sigue siendo mínimo comparado con las cifras de los cursos previos a la crisis. Así, uno de los mejores fue el 2009-2010, momento en el que el Colegio Mayor Universitario Pedro Cerbuna alcanzó las 461 solicitudes y el Santa Isabel sumó más de 360 peticiones. Pero los anteriores guarismos fueron disminuyendo hasta los cursos 2014-2015 y 2015-2016, años de mayor equilibrio. ¿Qué es lo que ocurrió? Para José Luis Múzquiz, la explicación es sencilla: “Cuando llega la crisis, una de las formas de ahorrar para las familias es hacerlo a través del alojamiento en pisos en detrimento del colegio mayor, ya que la primera opción es más económica”. En el caso del CM Santa Isabel, además, la caída en la demanda se vio también afectada por la apertura de la Residencia Universitaria Goya en el año 2010. Múzquiz añade que el estudiante, tras haber comenzado una nueva andadura en un piso, es complicado que regrese a vivir a un colegio y se adapte a su filosofía.

Mientras, hace aproximadamente cuatro años, algunos de los colegios mayores de la comunidad rondaban el 50 y el 60% de ocupación, según Maribel Suárez, representante de los Colegios Mayores Universitarios de Aragón en el Consejo Nacional. “Ya el año pasado comenzamos a remontar y este, algunos como el Cerbuna o el ‘Carmelo’ están al cien por cien y con listas de espera. Otros cifran su ocupación en torno al 80 y 90%, pero ya hemos superado esas cifras negativas de años atrás”, asegura Suárez. Para la también directora del CM Peñalba, la razón de este comportamiento en los últimos años se debe igualmente a la “fuerte crisis”, que ha influido mucho en las decisiones sobre el alojamiento universitario.

Sin embargo, Maribel Suárez identifica una tendencia muy reciente. "Estamos percibiendo que viene gente de vuelta incluso de los pisos. De hecho, hemos recibido a varios que han regresado al colegio por malas experiencias con personas que no conocían”, indica, al tiempo que apunta que el primer año de carrera puede que el estudiante no tenga ni la madurez ni las herramientas suficientes para vivir solo en un piso.

En el caso del Peñalba, colegio femenino, es uno de los más pequeños con 62 plazas y, aunque todavía quedan algunas vacantes, su ocupación actualmente está casi cerrada. Allí, el periodo de matriculación finaliza cuando arranca el curso universitario, mientras que a finales de año ya comienzan las entrevistas y las reservas para el próximo curso, siempre condicionadas por la nota y la admisión en los estudios. “En esta ocasión ha habido bastantes complicaciones con las entradas en carreras como Veterinaria o Medicina, en las que ha subido la nota de corte, de estudiantes que habían reservado desde el País Vasco o Cataluña”, relata la responsable del centro.

De entre los privados, el colegio más potente es el CM Virgen del Carmen o ‘Carmelo’, que cuenta con más de 200 plazas y que ha dejado de ser únicamente masculino. En el 2016-2017, cuando celebran su cincuenta aniversario, residirán en sus instalaciones aproximadamente 40 chicas. El resto de colegios –el Cardenal Xavierre se acerca al centenar de plazas y los otros cinco poseen entre 35 y 66- mantienen unas cifras muy similares: “Han pasado su crisis y vuelven a estar en torno al 80% de ocupación”, asegura Maribel Suárez.

En cuanto al precio, el más barato de los colegios mayores públicos es el CM Santa Isabel, cuya cuota colegial mensual de solo alojamiento es de 308 euros. Mientras, el que más cuesta es el Pedro Cerbuna, con 605 euros mensuales en pensión completa. Ambos, al igual que los de Huesca y Teruel, mantienen un coste similar al de hace dos años. Con respecto a los de titularidad privada, la representante de los Colegios Mayores Universitarios de Aragón establece una horquilla de entre los 675 euros mensuales con habitación compartida, hasta los 800 euros al mes de los centros con precios más altos, que incluyen todos los servicios y la habitación individual. En el caso del CM Peñalba, el precio se ha incrementado este curso: “Hemos estado cinco años sin subirlo, buscando soluciones alternativas como becas, préstamos o créditos dependientes de los resultados académicos con el objetivo de que los chavales no se tengan que quedar fuera”, cuentan.
 

Las competencias trasversales se imponen

Para el coordinador del servicio de recursos y alojamientos de la Universidad de Zaragoza, los colegios mayores tienen que seguir evolucionando para cumplir las expectativas de los estudiantes y aportar un valor añadido a su estancia. En este sentido, el tema de las competencias trasversales se impone: “Creo que la tendencia va a ir en esa línea, pues tenemos que ofrecer algo más para recuperar lo que perdimos con la crisis, yendo más allá de la convivencia, de las actividades y las conferencias, y abordando otras aspectos de formación suplementaria como los idiomas, la cooperación social o las formas de trabajar”, explica Múzquiz.

Igualmente, la representante de los Colegios Mayores Universitarios de Aragón tiene claro que a raíz de las competencias asociadas al Plan Bolonia, los colegios se están revalorizando en su labor a la hora de completar la vida del aula, enriqueciendo la convivencia o potenciando aficiones culturales: “Están adscritos a la Universidad y forman al alumno en competencias a las que la institución académica no llega, como el hablar en público, el idioma o el trabajar en equipo, además de valores como la tolerancia, la solidaridad, la participación o el voluntariado”, concluye Suárez.







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