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Aragón

Las huelgas van a la baja pero son cada vez más largas y complejas

Los conflictos laborales llevan dos años a la baja tras tocar techo en los años más complicados de la crisis.

Víctor Millán. Zaragoza Actualizada 13/02/2016 a las 12:34
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Manifestación del sector de la limpiezaSandra Lario

Los ciudadanos de Zaragoza lo conocen de primera mano. Más de 60 días de paros parciales en la huelga del bus urbano han trastocado el funcionamiento de la capital y avivado el debate hasta cotas rara veces vistas antes en otros conflictos laborales. Pero también lo saben los propios trabajadores de Auzsa, los del servicio del 061, o los de HP Outsourcing, tres de las huelgas más recientes que han tenido lugar en Aragón con duraciones más prolongadas.

Los conflictos laborales llevan dos años a la baja tras tocar techo en los años más complicados de la crisis. Los recortes en el sector público, las bajadas de salario en las empresas, así como el descuelgue de multitud de convenios han tocado prácticamente todos los sectores. Un panorama que ahora parece que empieza a cambiar, aunque para algunos es por la mejora económica y para otros por el escaso margen de actuación que les queda a los trabajadores.

Sea por el motivo que sea, o seguramente porque ambas posturas tienen parte de razón, lo cierto es que en 2015 se consolidó la tendencia a la baja en el número de huelgas que se dieron tanto en el ámbito nacional como en el de la Comunidad. Con los datos que ofrece el Ministerio de Empleo, Aragón vivió hasta noviembre de 2015 un total de 35 huelgas. Son siete menos que las ocurridas hasta las mismas fechas del año anterior, cuando el número de conflictos ya comenzó a congelarse tibiamente tras dispararse, especialmente en 2013.

 

Cuatro años de la reforma laboral de 2012


Para los sindicatos, la explicación del auge y actual descenso de los conflictos laborales tiene nombre y apellidos: la reforma laboral de 2012 que redujo la indemnización por despido improcedente de los 45 a los 33 días, amplió las causas por las que se puede argumentar un despido objetivo -el que se da por causas económicas u organizativas en la empresa-, y fijó el límite de la prórroga de los convenios colectivos vencidos en dos años.

“Obviamente fue la causa que produjo que las manifestaciones en el ámbito laboral y las huelgas se dispararan en un comienzo -en 2012, los sindicatos convocaron dos huelgas generales-, pero también es la culpable del actual modelo de contratación, totalmente precario, y la que ha hecho que al reducir indemnizaciones un trabajador se lo piense mucho a la hora de movilizarse o mostrar su descontento. Estos años ha habido mucho miedo por parte de los trabajadores a perder sus puestos de trabajo, y lo sigue habiendo”, señala Goyo Hervás, secretario de Organización y Formación Sindical de Comisiones Obreras Aragón.

Pero no es solo el temor a perder el empleo lo que ha podido hacer que las huelgas desciendan según los sindicatos, que también reconocen que la mejora económica ha llegado a algunas empresas, sino la evolución del mercado laboral.

Tras conocer los datos de la última EPA, UGT emitió un informe en el que cifraba que el 35% de los asalariados a nivel nacional cobran menos del salario mínimo interprofesional, algo que achacan a las contrataciones parciales y el auge que ha tenido el sector servicios en este tiempo en detrimento de la industria, además del factor de que cada jornada de huelga es restado del sueldo, lo que también ha contribuido a que las huelgas sean cada vez más parciales, y que a la postre, el número de jornadas no trabajadas por los conflictos haya pasado de 46.450 en 2013 -el año más convulso- en Aragón, a apenas 6.500 durante 2015.

Conflictos enquistados


Para escenificar este diagnóstico, los sindicatos aluden a las estadísticas de la Organización Internacional del Trabajo, que señalan que en 2013, año de más conflictividad en Europa, fue en la muchas veces citada Alemania donde más huelgas se produjeron del mundo, seguida de Argentina y posteriormente, en tercer lugar, de España.

“Que se convoque una huelga es la última carta que tienen los trabajadores cuando la negociación no ha llegado a buen término. Dicho esto, una vez que se llega a ese punto, solo las empresas que tienen una buena estructura laboral y cierto número de trabajadores consiguen llevarlas a cabo. En Alemania el peso de la industria sigue siendo fundamental, pero en España durante estos años se ha echado el cierre a muchas plantas y el mercado laboral se está sustentado en empresas muy pequeñas, donde además muchos de sus trabajadores entran y salen de forma continua, por lo que es muy difícil que se afiance una comunidad de trabajadores fuerte que saque adelante negociaciones o que en un momento dado pueda presionar utilizando la opción de hacer huelga”, valora el representante de CC.OO.

El caso de Auzsa responde de forma clara a este patrón. Un comité de empresa afianzado y con un porcentaje más elevado que la media de trabajadores fijos que puede mantener huelgas de forma indefinida. Las trabajadoras de limpieza de Zaragoza, cuyo convenio finalizó el 31 de diciembre, son la otra cara. Un colectivo muy amplio y compuesto por muchas empresas que pese a llevar más de cuatro años con el salario congelado y varias movilizaciones, solo ahora se han planteado la idea de ir a una huelga tras no conseguir avanzar en la negociación y ver cómo sus condiciones pueden empeorar al perder definitivamente el convenio. El conflicto del servicio del 061, que se acaba de resolver en la Comunidad, es el tercer ejemplo, una huelga con servicios mínimos del 100% por pertenecer al ámbito de las urgencias y que a la postre ha dilatado la negociación durante 436 días.

“Se está negociando en todas las empresas y convenios por subidas salariales pírricas, y aún con todo no se consiguen acuerdos, por lo que es normal que muchos procesos, a pesar de que haya descendido la conflictividad, se encallen”, comenta Hervás, quien recuerda también la huelga de los trabajadores de Panrico que en Cataluña estuvieron ocho meses de huelga, o el también complicado y alargado proceso que vivieron los trabajadores de HP en Zaragoza.

De la pancarta a meditar el voto


Pero si se sale del ámbito sindical y de los efectos de la recuperación económica, los sociólogos apuntan un tercer elemento que condiciona que la conflictividad tienda a la baja: 2015, año de elecciones por antonomasia, y la expectativa de ver qué pasará en las urnas.

“Si nos fijamos hay una evolución muy clara que está ligada por una parte a la cierta mejoría que se ha podido dar en algunas empresas, y por otra la aparición y posterior institucionalización de muchas protestas. 2013 fue un año con muchas manifestaciones y huelgas. Aparecieron las Mareas y las protestas de muchos colectivos debido a que también fueron los años con más recortes. Sin embargo, a partir de mediados de 2014, cuando comenzó el ciclo electoral con las europeas, esto se ha congelado y ha tendido a la baja”, explica David Pac, decano del Colegio de Doctores y Licenciados en Ciencias Políticas y Sociología de Aragón y profesor de la Universidad de Zaragoza.

En su opinión, la aparición primero de Podemos, y después el auge de Ciudadanos ha canalizado buena parte de esta protesta, que se ha “institucionalizado”, algo que va de la mano también de la menor desafección política que hay ahora en comparación con unos años atrás.

Datos positivos en medio de la complejidad de los conflictos


Desde el SAMA, el organismo aragonés que sirve como mediador y claro observador de todos los conflictos que acontecen en la Comunidad, el recién cerrado 2015 se ha saldado como un año en el que se pueden escrutar también los primeros apuntes positivos.

El número de expedientes que llegaron a sus oficinas se redujeron un 7,5% hasta quedarse en 7.010, de los que 122 eran colectivos. Para hacerse una idea, en 2013 el número de colectivos ascendió a 164. En total, los acuerdos que tuvieron lugar gracias a su mediación evitaron el año pasado 196.607 horas de huelga. Un tiempo de trabajo que de haberse perdido, habría debilitado tanto a empresas como a trabajadores, y por lo tanto a la economía en general.

“La conflictividad laboral es muy difícil medirla con datos estadísticos como si estos fueran categóricos, pero sí que es cierto que el pasado año encontramos dos tendencias que son esperanzadoras. La primera, que el número de expedientes cerrados con acuerdo aumentó considerablemente, y la segunda, y quizá la que más se pueda relacionar con que empieza a haber un mejor clima, es que los despidos por causa objetiva y expedientes por impago también han bajado”, explica Concha Gil, directora del Servicio Aragonés de Mediación y Arbitraje.

Gil explica sin embargo que las cifras siguen siendo elevadas en comparación a lo que se consideran los años anteriores a la crisis, y que a la hora de sentarse a mediar entre dos partes, “cada conflicto es un mundo, y hay algunos en los que cuesta encontrar más puntos en común entre las dos partes. Pero todos tienen sus causas, y todos se acaban solucionando tarde o temprano”, señala.







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