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Las Cortesías de Grisel se celebran por primera vez como Fiesta de Interés Turístico

La declaración se concedió en 2019 y hasta el pasado 23 de abril la representación no se había podido llevar a cabo a causa de la pandemia.

El dance de Grisel se recuperó en 2006, tras 50 años olvidado
El dance de Grisel se recuperó en 2006, tras 50 años olvidado
Asociación La Diezma

La localidad zaragozana de Grisel ha vuelto a celebrar Las Cortesías, una fiesta que rememora un acontecimiento de su historia con los vecinos moriscos del antiguo pueblo de Samangos, ya deshabitado. Aunque su antigüedad exacta no se conoce, la tradición se remonta al menos hasta el año 1880 y desde 2019 es Fiesta de Interés Turístico de Aragón. Por eso, este año, la celebración ha sido todavía más especial, al ser la primera que se ha podido desarrollar desde que se concediera esta distinción. Los dos últimos años, la pandemia impidió que tuviera lugar.

Por fin, este 23 de abril, en Grisel volvió a ser un día grande. Y es que a Las Cortesías acompañan una serie de actividades para todos los públicos que hacen de esta una jornada festiva para disfrutar desde primera hora hasta la noche. Además, al coincidir con el festivo de San Jorge, quienes no viven en el pueblo siempre pueden ir a pasar el día.

El origen de la celebración se remonta a mediados del siglo XIV. Entonces, los pocos habitantes del poblado de Samangos se trasladaron con todas sus pertenencias a Grisel. Pero el cabildo de la catedral de Tarazona, de quien dependían, les obligó a regresar bajo amenaza de dejarles sin tierras. Las Cortesías rememoran el saludo de despedida que los vecinos de ambos núcleos se dieron cuando los de Samangos tuvieron que irse.

La fecha exacta del regreso se desconoce pero la documentación la señala cerca de San Jorge. Aquel 23 de abril, los griseleros dieron pan y vino a sus vecinos para que pudieran acompañar su primera comida de vuelta en Samangos. Conforme se iban y cuando todavía estaban a la vista en el camino de regreso, se saludaron unos a otros como muestra del cariño que se tenían por la convivencia pasada. Estos saludos es lo que hoy se escenifica con un gran pendón y una bandera en lo que se conoce como Las Cortesías. Ahora todos son vecinos de Grisel, pero unos llegan al punto de encuentro portando a la Virgen de Las Mercedes desde la ermita de Samangos y otros lo hacen desde la iglesia del pueblo, con la Virgen de la Huerta a hombros.

Después, el saludo se vuelve a recrear en la plaza de la iglesia donde desde hace unos años también se escenifica el dance de Grisel. Esta tradición estuvo en el olvido durante casi cinco décadas pero se recuperó de la mano de la Asociación Cultural La Diezma en 2006. Desde entonces, los danzantes acompañan con un pasacalles a las procesiones del día de San Jorge y, después de Las Cortesías, se representa el dance en la plaza. Cinco vecinos representan a los personajes, que son el mayoral, el rabadán, el ángel, el diablo y el cipotegato, mientras que ocho personas son los paloteadores que bailan.

Las Cortesías de Grisel, fiesta de interés turístico
Las Cortesías de Grisel, fiesta de interés turístico
Jorge Cacho

La Asociación la Diezma cumple 30 años

Estos 13 integrantes del dance se suman a la veintena de personas que se encargan de llevar las peanas de las vírgenes, así como a los dos vecinos que portan los pendones del saludo. Detrás y alrededor, todo un pueblo para el que este día es señalado y la ocasión perfecta para visitar Grisel y disfrutar en familia y con amigos. La Asociación Cultural La Diezma es la encargada de impulsar esta festividad, con el apoyo del Ayuntamiento. Ramón Alcaine es uno de los fundadores de la entidad, que nació hace ya 30 años. “Mantener una asociación cultural en un pueblo pequeño todo este tiempo no ha sido fácil pero estamos consiguiendo poner a Grisel en el mapa”, asegura.

Junto con el resto de socios, trabajan durante todo el año para dar a conocer la localidad y, entre sus logros, están las visitas turísticas al pozo de los Aines o la recuperación del mirador de la Diezma. Pero el 23 de abril es una fecha más que señalada para ellos. “Empezamos a las siete de la mañana y cuando nos acostamos parece que hayamos trabajado durante una semana”, explica Ramón, que ha vivido esta última edición de Las Cortesías con especial ilusión. “Vino mucha gente porque había ganas y, aunque fue de los días más frescos de los últimos años, la lluvia nos respetó. Pudimos celebrar todos los actos programados a pesar del covid”.

Las Cortesías de Grisel, fiesta de interés turístico
Las Cortesías de Grisel, fiesta de interés turístico
Jorge Cacho

La jornada comienza temprano, con un almuerzo ofrecido por la asociación a todos los que van en romería hasta la ermita de Samangos. Antes de partir, hay una misa baturra y, después del saludo en la zona del actual polideportivo, las cortesías se vuelven a representar en la plaza de la iglesia. Tras el dance, en el Ayuntamiento se reparte la tradicional culeca, una torta que ha sido bendecida previamente. Además, cada vecino recibe una botella de vino, en recuerdo del pan y el vino que dieron los griseleros a sus vecinos de Samangos. La víspera por la noche o, si es fin de semana, ese mismo día, hay barbacoa y baile. Durante el día, se suelen organizar actividades infantiles, exposiciones y algún concurso, como uno de pintura rápida.

Un amplio programa de actos con el que Grisel celebra su pasado y también su futuro. “Aunque es un día de mucho trabajo también es especial y seguimos adelante porque lo queremos dar a conocer para que la gente venga a visitarnos”, explica Ramón. En esta misión se encuentran con el impedimento de que el 23 de abril es festivo en todo Aragón y que se celebran otros actos en muchos otros lugares. En cualquier caso, los de casa nunca fallan a la cita. “Los que son griseleros griseleros siempre vienen”.

Las Cortesías de Grisel, fiesta de interés turístico
Las Cortesías de Grisel, fiesta de interés turístico
Jorge Cacho

Motivos para ir hay de sobra. En Grisel está el único castillo de Aragón donde se puede dormir o pasar un día ambientado en la Edad Media. También tiene un pozo, el de los Aines, que es lo más parecido a un cenote como los que abundan en México. Y para comer solo hay un sitio, pero de los buenos. Se llama el Txoko de Jon y es un reclamo en toda la comarca. 

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