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aragón es extraordinario

Lanaja saborea feliz su Vino del Desierto

La bodega fundada por Fernando Mir en los Monegros lleva ocho años de producción selecta, con dos referencias: Sed (tinto) y Duna (blanco)

Aunque nació en Zaragoza, Fernando Mir Casaus es muy de Lanaja, como su padre, que sí vio la primera luz en el pueblo; su madre lo hizo en Poleñino, muy cerca. “Mis padres se marcharon a Zaragoza y mi hermana y yo crecimos allá, pero veníamos mucho al pueblo. Estudié empresariales en Zaragoza y no tenía planes de ser agricultor, pero a mi padre le ilusionaba hacer su propio vino en casa cuando se jubilase y pusimos una pequeña viña. Compramos un libro de viticultura y empezó a gustarme la idea de saber más del tema. Frente a mi casa hay un saso, con muchas cuevas; en la parte baja, la familia tenemos una muy pequeñita que acondicionamos con dos depósitos y una barrica, para tener nuestro vino de consumo en casa; aún la conservamos. De ahí nació nuestro primer vino Cueva de Mir, luego se convertiría en De Cueva de Monegros y después lo dejaríamos en El Vino del Desierto”.

Al acabar la carrera, Fernando entró a trabajar en una bodega de Murillo de Gállego llevando el márquetin. “Mientras tanto, fuimos plantando más viñas en Lanaja. Estudié enología en Logroño e hice luego un grado de viticultura en Cariñena. En 2010 decidí que quería volver a mis raíces y apostar por una bodega en Lanaja, y así comenzó El Vino del Desierto; se convirtió en mi proyecto de vida. Inauguramos en el 2012 con la idea de recuperar la tradición vinícola de los Monegros previa al canal, que estaba olvidada; en el aspecto emocional, quería prosperar desde el pueblo, apostar por el medio rural”.

La bodega tiene seis hectáreas de viñedo junto a la sierra de Lanaja, cerca de la de Alcubierre. “Es una explotación modesta, aunque estamos planeando una ampliación. Nuestros dos vinos, Sed (tinto) y Duna (blanco) reflejan el paisaje y sus contrastes; el rendimiento por kilo es bajo y el grano pequeñito, pero nuestros vinos son muy expresivos, tienen una gran concentración de azúcares… sorprendemos en las ferias y las catas, por potencia y definición. Trabajamos variedades adaptadas a la zona: en el tinto predomina la garnacha, seguida de la mazuela o Cariñena y como representante foránea, la syrah. Producimos unas 6.000 botellas de Sed y casi 3.000 de Duna, y nuestra meta es llegar a las 15.000 ó 20.000, no más. Duna lleva garnacha blanca, algo de alcañón para matizarla y darle algo de acidez, y macabeo. Un vino con garra y mucha estructura. El 80 por ciento de la producción se vende en Aragón, sobre todo en tienda especializada y alimentación gourmet, además de restauración de gama media-alta. Además, distribuimos a pequeña escala en Madrid, Bilbao y Alicante”.

Con la lógica excepción de la vendimia, que acaba de pasar, Fernando lleva la bodega solo: hace la viticultura, la poda de invierno, enología en bodega, distribución comercial, las visitas de enoturismo los sábados por la mañana... de todo. “Hace dos años nos metimos en el proyecto Vignerons de Huesca, que comenzó en Aínsa; nos reunieron a seis bodegas de Ayerbe, Monzón, Somontano y nosotros. Somos bodegas pequeñas que trabajan de modo muy similar y dan vinos muy diferentes; estamos al menos uno de los seis, o todos, en 50 establecimientos de la provincia entre restaurantes y tiendas”.

Un pueblo con excelentes vistas y ricas tradiciones muy vigentes

La parroquia de Nuestra Señora de la Asunción está en el centro del pueblo, bajo el Saso. Es un edificio hecho en sillería, de dos naves, cubiertas por bóveda apuntada reforzada por fajones de sección rectangular, y dos ábsides poligonales cubiertos por crucería. La nave norte, más antigua, cubierta con bóveda de cañón apuntado, consta de dos tramos iguales y otro más corto. El edificio atesora una leyenda popular sin fundamento probado, para desgracia de los crédulos y buscadores de tesoros: se dice que había un túnel ascendente desde el templo hasta la ermita de San Sebastián, en lo alto del Saso, y que en el centro de ese pasadizo había un toro de oro.

Lanaja es un pueblo muy agrícola y ganadero. “Aquí no llueve –explica Fernando Mir– con 250 litros al año de precipitación media, que no es nada; este año, con la primavera tan lluviosa que hubo en todas partes, ha subido algo la cosa y a falta de tres meses para acabar 2020 ya andamos por los 280, pero el año pasado se quedó la cifra en 180”.

Lanaja tiene jalonada su historia reciente de sucesos llamativos. En 2015, coincidiendo con su centenario, la asociación local de mujeres levantó un monumento en recuerdo de las ‘canalistas’, mujeres valerosas que reivindicaron en 1915 con una marcha a pie o en carro hasta Huesca la conclusión de las anunciadas obras de regadío; no había trabajo en los pueblos con el secano y el hambre de sus familias las empujó a pelear por el objetivo común.

En Lanaja también hay una tradición muy llamativa, en este caso de carácter más lúdico, que se recuperó recientemente;las carreras entre humanos y caballos, con ventaja de salida para los bípedos frente a los cuadrúpedos. Jinetes locales han competido con grandes atletas, siendo el más renombrado el olímpico montisonense Eliseo Martín.

Monegros Aventura Rural, alternativa de ocio y restauración

Lanaja tiene actualmente tres casas rurales activas: Chusco, Aljibe y Sardiruela. Tienen movimiento los fines de semana, aunque no sea un pueblo muy turístico. No obstante, emprendedores locales como Juan Carlos Borraz Pelegrín hacen que la palabra imposible no se decline en Lanaja. Su empresa, Monegros Aventura Rural, comenzó con una casa rural en el centro del pueblo y se amplió a un recinto situado a cuatro kilómetros, al otro lado del canal de los Monegros, muy cerca de las viñas de los Mir; es el paraje Sardiruela. Allí tiene un asador, también bautizado como Sardiruela, donde se hacen unas excelentes carnes a la brasa. También puede practicarse paintball, bubble soccer (jugar al fútbol dentro de una pelota gigante) y retar las fuerzas en una pista americana los viernes, sábados y domingos. En suma, un planazo para familias, grupos, parejas y aventureros solitarios.

LANAJA

Comarca. Los Monegros.

Cómo llegar. Desde Huesca, su capital de provincia, hay 50 kilómetros por la A-1213 hasta Grañén, la A-1210 y la A-1220.

Raínsa. Tienda y obrador carnicero; están especializados en el mondongo monegrino, una de las viandas más típicas de la zona.

El pozo de hielo. De forma cilíndrica y construido en sillarejo de caliza, tiene seis metros de diámetro y 20 de altura. Se cubre con una falsa cúpula en cuya parte superior se abría un óculo. Está en el Saso y tiene un mirador contiguo.

Miel La Manadilla. Esta empresa familiar comenzó a trabajar en 1997 y trabaja cuatro variedades de miel: romero, romero y tomillo, almendro y flores silvestres. Es miel cruda.

Búnker de la guerra civil. De hormigón armado, su ángulo de visión es de 180 grados.

Las pedanías. Cantalobos (a ocho kilómetros en línea recta; comenzó a poblarse en 1964) y Orillena (a seis, fundada en 1966) son las pedanías integradas en el municipio: se trata de pueblos de colonización.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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