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aragón es extraordinario

Ojos Negros se da aires de cine

Con las aspas del molino harinero como metáfora, el municipio persigue nuevos retos; el trabajo minucioso es la premisa, y el séptimo arte está en el horizonte

A través de los ojos de la cineasta veinteañera Marta Lallana, Ojos Negros (el pueblo de sus abuelos y su madre, el pueblo de sus veranos y fiestas de guardar) ha logrado una resonancia más que notable en el último año. El proyecto homónimo que codirigieron Marta e Ivet Castelo mostraba un retrato descarnado, tan crudo como tierno, de esta localidad de la comarca del Jiloca marcada por la huella minera y su carácter fronterizo. La película, rodada en agosto de 2017 con medio pueblo involucrado, arrimando el hombro, se estrenó el año pasado en el festival de Málaga y ganó la Biznaga de Plata: un exitazo.

En todo lo alto del pueblo, recogiendo vientos y resoplando a las cuatro esquinas historias arcanas, está el molino harinero. Todo un personaje inanimado por definición, pero en absoluto inane para los años en los que motorizó la economía local. Pili Villén es de Ojos Negros y le encanta el molino de su pueblo, que ha estudiado con ganas. “Aunque no se conocen en profundidad todos los detalles de su historia, porque ni siquiera los más viejos del lugar han podido aclarar algunas cuestiones y se perdieron muchos archivos, sí se sabe que hace más de 100 años que dejó de funcionar, y al parecer no estuvo operativo largo tiempo”.

A mediados del siglo XV se construyó el primer molino de viento del Reino de Aragón, y en Castilla aparecieron un siglo después; el Quijote y sus veleidades con los gigantes de las grandes aspas, empero, los asociaron para siempre a tierras castellanas en el imaginario colectivo. “El nuestro –recuerda Pili– se restauró con el eje inclinado, a lo castellano, aunque probablemente tuvo eje horizontal en una primera etapa. En Aragón hay unos cuantos molinos harineros en pies, pero es verdad que el de Ojos Negros y el de Malanquilla son los más grandes y mejor conservados”.

Todo un proceso

El molino harinero de Ojos Negros tiene tres plantas. Las contadas ocasiones en que se pone en marcha, el primer paso ya es insólito para los no iniciados, ya que se comienza metafóricamente la casa por el tejado; hay que subir al piso superior y abrir las once ventanas para que el viento pase a través de ellas. “Se coge el palo de gobierno; es de un tamaño considerable y requiere el esfuerzo de más de una persona. Con él se gira todo el tejado; después se empujan las aspas hasta colocarlas alineadas con la ventana que recoge la corriente del viento, según cómo venga, se echa el freno y se colocan telas en cada aspa”.

Se suelta ese freno y comienza la magia. El eje inclinado del molino mueve la rueda catalina, el corazón del invento, que a su vez mueve gracias a los engranajes internos la piedra volandera en la parte de arriba; hay otra piedra fija abajo, la solera. “El trigo –explica Pili– está en una tolva y se va echando entre las piedras para molerlo; luego se canaliza hasta el piso de abajo, donde está el saco. El molinero se quedaba medio celemín, que equivale algo más de dos kilos, por cada saco molido”. El gigantón de las aspas se reinauguró para su visita en el año 2000, y ha estado disponible para los curiosos desde entonces, con la salvedad del cierre para algunos ajustes. Y no, no es quijotesco, no pasó don Alonso Quijano por el Jiloca, pero gigante... un rato.

La huella de un barrio singular que busca nuevos alicientes

Para entender un poco la vida en el barrio minero de Ojos Negros, especialmente en el barrio Centro (el más populoso) hay que trasladarse a otras épocas y esquemas, insólitos en la España de la época. La Compañía Minera Sierra Menera (CMSM) se fundó con el arranque del siglo XX y estuvo operativa hasta 1987. El grueso de sus trabajadores vivía en los barrios próximos a las explotaciones, sobre todo en el mentado barrio Centro, donde estaba el economato, los edificios rectores de la CMSM (conocida simplemente como la Compañía para la población local, también a día de hoy), un casino, cine de estreno (cuando las películas pasaban de Zaragoza a Teruel hacían un alto en Ojos Negros), piscina (en el pueblo no había, en el barrio minero sí)... además, la locomotora Orconera es todo un símbolo de aquella época.

El economato tiene un magnetismo especial. “Cada pueblo cercano –explica Marta Sanz– tenía asignado un día de compras ahí; el autobús de la compañía pasaba por el pueblo en cuestión, subía a los vecinos, hacían la compra y se les dejaba nuevamente en casa. Aquí se vendía de todo, no tenéis más que ver los pizarrones conservados: desde calzado y textil a legumbres, fruta o alimentación en general, también carnicería y pescadería diferenciadas, quedan los pizarrones. Y dentro de los textiles y complementos de ropa tenías desde sábanas a tabardos, americanas azules y de pana, zapatos, jerseis, boinas… era tremendo”.

A pesar de algunos desconchones en el techo por filtraciones, el economato está muy bien conservado y no ha sufrido vandalismo, como ha ocurrido con otros edificios. “A la Film Commission le encantó: bueno, el barrio en general. Ojalá se convierta en un escenario recurrente para futuros proyectos”.

Agua y un guiño al ‘spaghetti western’ en las antiguas minas

La reconversión minera hizo que varias explotaciones se acabaran convirtiendo en lagos, como ocurre con el de Menerillo, a medio camino entre el barrio Centro y el pueblo. Allí se rodó hace unos meses el corto ‘Su hora’, una recreación de minuto y medio del duelo entre Henry Fonda y Charles Bronson que cierra la película ‘Hasta que llegó su hora’, dirigida por Sergio Leone y estrenada en 1968. Dos actores del pueblo, varios voluntarios locales y el apoyo de Lonely Films hizo posible este proyecto, que ganó un concurso Eurona. El escenario concreto del minifilme es una campa rojiza situada al borde de uno de los cortados que jalonan el actual lago Menerillo. La escena ese completa con la música del genial Ennio Morricone, recientemente desaparecido, y que también se hizo cargo de la banda sonora original de la película de su compatriota Leone.

OJOS NEGROS

Comarca. Jiloca.

Cómo llegar. Desde Teruel, su capital de provincia, hay 72 kilómetros por la Autovía Mudéjar hasta la salida de Monreal del Campo y la N-211, para tomar después la TE-V-9025 hasta destino.

Para dormir. Ha reabierto el albergue del barrio minero, en las antiguas oficinas de la Compañía Minera de Sierra Menera (CMSM), en el barrio Centro. También se cuenta con la casa rural Casa Añil , bella construcción originaria del siglo XIX en el entorno de la muralla del castillo de Ojos Negros, y perfectamente adecuada para el hospedaje.

Para comer. El bar de la plaza abre al mediodía y también sirve comidas. Durante la mañana se cuenta con la cafetería y panadería Rubio, de bien ganado prestigio en el entorno por la calidad de sus productos. Ç

Las obras de ‘Kpis’. El escultor local Felipe Martínez se prodigó en su pueblo con diferentes trabajos, entre los que destaca la fuente en la plaza, junto a la iglesia de Santa Engracia.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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