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Reportaje

El idioma de la ciencia: del latín al inglés

Hasta el siglo XVIII el latín fue la lengua indiscutible en la que se hacía la ciencia. Pioneros como Galileo empezaron a publicar textos en otros idiomas para que les entendiera el pueblo. Las dos guerras mundiales y la superioridad económica de Estados Unidos consiguieron que el nuevo idioma científico fuera el inglés. El brexit, nuevas potencias como China o los traductores automáticos pueden hacer que se tambalee su hegemonía.

Laura Chaparro 13/02/2018 a las 05:00
En el laboratorio, las investigadoras hablan en el idioma que compartenCarles Lop

Uno de los muchos méritos que se atribuyen a Galileo Galilei es haber impulsado el método científico en sus investigaciones, con experimentos y observaciones meticulosas. Pero, además, fue el pionero de la divulgación científica, al escribir en 1612 una obra sobre manchas solares en su lengua materna, el italiano, en lugar de emplear el latín imperante. "En una carta enviada a su amigo Paolo Gualdo le cuenta que ha escrito ese texto en idioma vulgar porque quería que todas las personas lo pudieran leer", cuenta Ramón Núñez Centella, educador de la ciencia que fue director del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología ) y de los Museos Científicos Coruñeses.

El idioma de la ciencia: del latín al inglés

'Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo' (1632) es una de las obras que Galileo escribió en italiano, en lugar de usar el latín. Museo Galileo

Tras esa obra vendrían más en italiano, como ‘Il Saggiatore’ (‘El Ensayador’, 1623) o ‘Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo Tolemaico e Coperniciano’ (‘Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo’, 1632), un polémico ensayo en el que uno de los personajes era una sátira del Papa. No obstante, el científico no abandonó la lengua dominante. "Si Galileo se carteaba con Kepler, lo hacía en latín", puntualiza Núñez Centella.

Siguiendo su ejemplo, René Descartes publicó en su lengua materna, el francés, ‘Discours de la méthode’ (‘Discurso del método’, 1637), en el que incluye la famosa frase: "Pienso, luego existo". Unos años más tarde Robert Boyle escribió en inglés ‘The sceptical chymist’ (‘El químico escéptico’, 1661), considerada la obra cumbre de la química moderna.

¿Qué ocurrió para que el inglés se convirtiera en el nuevo idioma de la ciencia? Hasta el siglo XVIII el latín fue la lengua franca predominante, pero a partir de ahí entran en juego tres idiomas: el francés, el alemán y el inglés. "Hasta principios del siglo XX existió lo que se ha llamado el triunvirato o el trío de lenguas que aspiraban a ser la lengua franca hegemónica", señala F. Xavier Vila i Moreno, director del Centro de Investigación en Sociolingüística y Comunicación de la Universidad de Barcelona.

En áreas como la química, el alemán se imponía, pero en otras como el derecho era más importante el francés. Tres siglos de rivalidad que concluyeron con la Primera Guerra Mundial. La victoria de los aliados provocó el boicot de la ciencia en alemán. Estados Unidos emergió como potencia científica y llegó el nazismo, que obligó a emigrar a numerosos investigadores alemanes y austriacos, sobre todo a Estados Unidos. La Segunda Guerra Mundial y la nueva derrota de los alemanes supusieron la puntilla para su lengua. Francia, muy castigada por el conflicto, no pudo impedir que el inglés se impusiera como lengua franca mundial.

"Incluso sin las dos guerras mundiales y sin el nazismo, el inglés se habría convertido en el lenguaje global dominante de la ciencia, aunque de forma más gradual, gracias a su potencial económico y científico, que acrecentó su papel central en la comunicación científica", mantiene Ulrich Ammon, profesor de Estudios Alemanes y Lingüística en la Universidad de Duisburgo-Essen (Alemania).

Sombras de  una lengua franca

Los expertos coinciden en lo positivo que resulta para el avance científico que investigadores e investigadoras de todo el mundo se comuniquen en inglés, a través de artículos publicados en revistas científicas, congresos, llamadas o correos electrónicos.

No obstante, al historiador Michael D. Gordin, autor del libro ‘Scientific Babel’ (‘Babel científico’, 2015), le preocupa la cara B de esta hegemonía lingüística. "En términos de imparcialidad y equidad en la distribución de recursos no es positivo que exista un solo idioma ya que la carga de la formación lingüística recae en los hablantes no nativos de inglés, mientras que los anglófonos se aprovechan de la facilidad comunicativa", aduce Gordin, director de la Society of Fellows in the Liberal Arts de la Universidad de Princeton (Estados Unidos).

El hecho de que para millones de científicos el inglés no sea su lengua nativa puede empobrecer los textos que escriban en ese idioma y, con ello, las aportaciones a la ciencia. Así lo cree Nicholas Ostler, presidente de la Fundación de Idiomas en Peligro (Reino Unido), que pone como ejemplo las metáforas propias de cada idioma. Con ellas se facilita la comprensión de los resultados, pero siempre que se difundan en esa lengua.

Otra cuestión es el público al que se dirigen los investigadores: comunidad científica o público general. En el primer caso, para entenderse con sus ‘colegas’ extranjeros, los científicos utilizarán el inglés, pero para transmitir sus conocimientos a la sociedad emplearán su idioma materno. "El investigador tiene la obligación de contarle todo lo que sabe a su pueblo en su propio idioma", recalca Núñez Centella.

Los nuevos enemigos

Los lingüistas también coinciden en que el brexit apenas afectará al inglés como idioma de la ciencia. Lo que sí podría variar ligeramente sería su uso en hablantes no nativos. Según Marko Modiano, profesor de Inglés en la Universidad de Gävle (Suecia), el inglés de los europeos continentales cambiará como consecuencia de la salida de Reino Unido de la Unión Europea. "Tendrán un inglés que, en el futuro, estará menos influenciado por el inglés británico estándar", indica el docente, quien añade que esto mismo podría trasladarse a algunas revistas científicas internacionales.

El idioma de la ciencia: del latín al inglés

Los lingüistas creen que la salida del Reino Unido de la Unión Europea apenas afectará al inglés como idioma de la ciencia. Banksy

También es posible que disminuya la producción científica de Reino Unido, puesto que dejará de recibir fondos de la Unión Europea y su presencia en proyectos europeos se resentirá. Otra cuestión es lo que ocurrirá dentro de unas décadas, con potencias como China creciendo vertiginosamente. "El ascenso de China significa que la preponderancia de los científicos que trabajan en inglés disminuirá lenta pero sustancialmente", pronostica Ostler en su libro ‘The Last Lingua Franca’ (‘La última lengua franca’, 2010).

El traductor automático

Antes de este nuevo duelo lingüístico podría entrar en juego un nuevo agente que cambiaría el paradigma actual: el traductor automático. Aunque en estos momentos ya se utiliza, su precisión no iguala a las de los traductores de carne y hueso. Pero si la tecnología se perfecciona, ¿qué pasará en unos años? "Si jugamos a la ciencia ficción, dentro de no mucho tiempo puede que tengamos traductores automáticos que funcionen muy bien", sostiene Vila i Moreno. Y podrían utilizarse para traducir textos a cualquier idioma, no solo al inglés. En qué se escribirá la ciencia del futuro, es hoy por hoy una incógnita.

El micromundo de las revistas 

Las revistas científicas son el medio con el que los investigadores comunican sus resultados al resto de la comunidad científica. Las más importantes, como ‘Science’ o ‘Nature’, están escritas en inglés. Sin embargo, un estudio publicado en la revista ‘PLOS Biology’ mostró que el 35,6% de los artículos sobre conservación de la biodiversidad publicados en 2014 estaban redactados en otros quince idiomas.

El idioma de la ciencia: del latín al inglés

'Nature', una de las revistas científicas más importantes del mundo, está escrita en inglés

"El español, el portugués y el chino simplificado fueron los tres primeros", afirma Tatsuya Amano, investigador del Centro para el Estudio del Riesgo Existencial de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y autor principal del estudio. Las revistas sobre humanidades y ciencias sociales son las que más utilizan lenguas diferentes al inglés.

Un 1% de lenguas académicas

Aunque actualmente el inglés sea la lengua franca utilizada por los científicos, los lingüistas recuerdan que también existen las lenguas académicas, idiomas que utilizan los investigadores para dar clases en universidades o conversar con otros compañeros en los laboratorios. El castellano, el catalán, el euskera y el gallego son ejemplos de lenguas académicas.

"Alrededor de un 1% de las lenguas del mundo son académicas, no llegan a un centenar", estima Vila i Moreno. Antes de que el latín fuera lengua franca, otras como el persa o el griego, ligadas en su momento al poder económico, ocuparon su lugar.

El fracaso del esperanto

El idioma de la ciencia: del latín al inglés

El esperanto nació con el objetivo de ser un idioma neutral. Martin Schmitt

Para que ninguna lengua prevaleciera sobre las demás y la comunidad internacional pudiera entenderse, el polaco L. L. Zamenhof creó el esperanto a finales del siglo XIX. Con solo dieciséis reglas, es muy fácil de aprender y actualmente lo hablan unos cientos de miles de personas en todo el mundo. "Se propuso en 1923 a la Liga de las Naciones –un organismo internacional creado por el Tratado de Versalles tras la Primera Guerra Mundial– como una alternativa más justa a la comunicación científica internacional", destaca Almon. El lingüista recuerda que Francia fue uno de sus principales detractores porque esperaba que el francés se convirtiera en el idioma global de la ciencia, algo que nunca sucedió. Algunas revistas científicas aceptan resúmenes o artículos en esta lengua.

 





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