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La vida de las piedras

Cultura de montaña

Esta es una invitación a cambiar nuestra forma de mirar las montañas. A ampliar el horizonte de nuestro disfrute de la naturaleza. A ver que, bajo la fina capa de vida, late lenta otra: la vida de las piedras. La que levanta y modela pacientemente picos, laderas y valles. Las montañas son un muestrario ideal de lo que nuestro planeta es capaz de hacer. Y las tenemos al lado de casa.

Ánchel Belmonte Ribas 26/10/2018 a las 05:00
La anatomía de las montañas. Estratos calcáreos en el Cañón de AñiscloGeoparque Mundial de la UNESCO Sobrarbe-Pirineos

En 1923 un periodista preguntó a George Mallory que por qué quería ascender al entonces inescalado Everest. Su respuesta ha pasado a la historia del montañismo: "Porque está ahí". Hace poco, en una de sus conferencias, el geólogo e himalayista Luis Carcavilla le daba la vuelta a esa contestación: "¿Por qué está ahí?". Y es que cada salida a la montaña es una ocasión para buscar las claves, para interrogar al paisaje y dejar que nos hable de su remoto origen pero también de su actividad presente.

Las montañas poseen magníficas cualidades para el aficionado a la geología, incluso para el que todavía no sabe que lo es. Su formación exige al planeta emplearse a fondo, invirtiendo una cantidad de energía y tiempo formidables. El clima y sus procesos asociados han de trabajar de manera incesante para ir esculpiendo su relieve, cincelando el océano de cumbres y valles que componen las cordilleras. La erosión permite ver, a veces con extrema claridad, la anatomía interna de las montañas, el conjunto de pliegues y fracturas que las han izado desde el interior de la Tierra. Si no nos conformamos con apreciar lo evidente, accederemos a esta otra dimensión del paisaje. A la que dictan las rocas y sus formas.

Porque todos esos elementos están a nuestra vista en cada una de nuestras salidas a la montaña. No importa si es una sencilla travesía o una escalada comprometida. El montañismo transcurre por entornos geológicos espectaculares, repletos de maravillas que –sin embargo– pasan desapercibidas ante los ojos de muchos excursionistas. Pliegues asombrosos, fenómenos kársticos, cabalgamientos, morrenas glaciares… Pasear por la montaña sin reparar en ellos es como recorrer el Prado sin mirar los cuadros. Algunos de esos elementos son, además, vulnerables. Pisar determinados tipos de lapiaz o desmantelarlos para levantar (¿qué necesidad hay?) decenas de hitos en las cimas constituye un deterioro de la parte geológica de la montaña. No es la mala fe sino el desconocimiento lo que provoca estas situaciones, fácilmente evitables.

Más que un deporte

El montañismo es mucho más que un deporte. La cultura asociada a él constituye un legado precioso que nos hace disfrutar más intensamente de nuestras estancias entre las cumbres. La geología, por pura lógica, ha de ser parte del bagaje cultural que nos acompañe en las montañas. Solo ella es capaz de explicarnos aquello que ascendemos, la arquitectura y el modelado de esos lugares extraordinarios a los que siempre estamos deseando regresar. De cómo una simple panorámica nos puede relatar millones de años de historia seguiremos hablando este curso desde esta sección. Pero eso ya es otra historia…

Ánchel Belmonte Ribas Geoparque Mundial de la UNESCO Sobrarbe-Pirineos

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