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Billete al futuro

IVG, una revolución en fase embrionaria

Ya se pueden obtener óvulos y células precursoras de los espermatozoides a partir de células de la piel. Es la gametogénesis in vitro.

Miguel Barral 27/05/2018 a las 05:00
Fertilización in vitroElena Kontogianni

El presente: engendrar vida sin madre ni padre

La rama de la medicina que estudia la fertilidad y la reproducción se apresta a vivir una revolución que, en realidad, lo será para toda la sociedad. Una serie de recientes investigaciones parecen confirmar la viabilidad de producir óvulos, espermatozoides y embriones a partir de células de la piel y en el laboratorio. Esto supone la posibilidad de engendrar vida sin necesidad de una madre biológica al uso.

La revolucionaria técnica tras las citadas investigaciones, denominada gametogénesis in vitro (IVG) implica, en primer lugar, crear, mediante bioingeniería genética, células madre embrionarias. Esto es, con capacidad para evolucionar y convertirse en cualquier tipo de célula. En este caso, se hacen evolucionar para producir óvulos y/o espermátidas (precursoras de los espermatozoides) y, a partir de ellos, obtener un embrión que se inserta entonces en el útero de un ‘vientre de alquiler’ a fin de que complete su desarrollo. O ni tan siquiera eso.

En octubre de 2016 investigadores japoneses anunciaron que habían engendrado con éxito camadas de ratones con óvulos producidos a partir de células epiteliales.

Poco antes, un grupo de trabajo chino dio a conocer que había producido células espermátidas mediante u procedimiento análogo y, posteriormente, habían fertilizado óvulos con ellas.

Más aún, también se ha ensayado –de momento solo con un relativo éxito– completar in vitro el desarrollo de los embriones así obtenidos, sin necesidad de implantarlos en un útero, sino tomando células del ovario, que liberan las moléculas necesarias para crear un medio propicio para que progrese. Un logro que, de confirmarse, supondría cerrar el círculo de dar vida sin necesidad de la intervención de una madre en ningún momento.

De momento, la técnica solo se ha aplicado en ratones. Y con un porcentaje de éxito que en el mejor de los casos ronda el 20% en cuanto a embriones que han prosperado. Pero los investigadores apuntan un plazo de 20-25 años como horizonte más probable para que este procedimiento se convierta en una realidad en humanos.

El futuro: de la lógica resolución de problemas a la aberración

El completo desarrollo y dominio de la técnica IVG ha conducido a un escenario no de luces y sombras, sino de radiantes blancos y profundos negros. Las esperanzas, y también los temores, expuestos por muchos expertos hace un par de décadas, son ya realidad.

Mediado el siglo XXI, la IVG garantiza a parejas y madres con problemas de infertilidad tener descendencia propia. Y, del mismo modo, que también la puedan tener parejas del mismo sexo, al convertir células dérmicas de una de las madres en espermatozoides o de uno de los padres en un óvulo fecundable.

En otro ámbito, la técnica IVG se ha empleado con indudable éxito para revertir la situación de muchas especies animales al borde de la extinción.

Pero, al mismo tiempo, también ha motivado el surgimiento de clínicas reproductivas clandestinas que ofertan tratamiento y posibilidades ‘aberrantes’. Como, por ejemplo, que un individuo se clone a sí mismo a partir de óvulos y/o espermatozoides obtenidos de células de su piel. Así, un varón puede obtener óvulos por este procedimiento que luego fecundaría con su propias células sexuales; y una mujer, espermatozoides IVG con los que autofecundarse.

También la posibilidad de engendrar hijos de múltiples padres: una pareja podría engendrar su propio embrión y tomar una célula del mismo para fecundar una célula obtenida a partir del embrión de otra pareja.

E incluso centros dispuestos a convertir y fecundar células sexuales creadas a partir de células dérmicas que el cliente ha obtenido sin consentimiento, recogiendo células dérmicas de otro individuo –una ‘celebrity’, una expareja…– que se desprenden y quedan adheridas a la toalla o a las sábanas. Y por otro lado, han dado lugar a un imparable auge de las sociedades y sectas unisexo, integradas solo por hombres o por mujeres que rechazan cualquier contacto con el sexo opuesto y que ahora tienen la capacidad de reproducirse y perpetuarse sin necesidad de recurrir a él.

Todo ello mientras crecen los rumores en torno a la existencia real de corporaciones dedicadas a la cría de embriones; con granjas en lugares inaccesibles en las que se practica el cultivo de seres en distinto estado de gestación y desarrollo para la posterior comercialización de los mismos para cualquier propósito: desde el recambio de órganos a la esclavitud o el canibalismo.

 

 





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