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Aquí hay ciencia

¿De dónde salió el chicle de Pink?

Un chicle ha protagonizado la anécdota de la Superbowl. ¿Quién fue el primero en patentar la 'goma de mascar mejorada'? ¿Tiene algo que ver el chicle con los mayas? ¿Qué sabor tenía el primer chicle?

Miguel Barral 07/02/2018 a las 05:00
Momentos antes de comenzar a cantar el himno de Estados Unidos, Pink se sacó el chicle de la boca y lo arrojó al terreno de juego

Probablemente ya has tenido la oportunidad (y la voluntad) de ver el vídeo, ya convertido en fenómeno viral, del comentadísimo 'momento Pink-chicle-Superbowl' en el que la cantante se sacó el chicle de la boca y lo arrojó al terreno de juego justo antes de interpretar el 'Barras y estrellas'.

Y dado que todo el mundo tiene algo que decir sobre la cuestión, qué menos que sumarse a esa corriente y ofrecer otro punto de vista. Que no le echen (toda) la culpa a Pink, que al fin y al cabo el primer responsable de tal de desaire fue Thomas Adams, a la sazón el inventor que lo lanzó al estrellato -al chicle, no a Pink, (a-)claro-.

Que sí, que puede que fuese William Semple, un dentista de Ohio, el primero en patentar “la goma de mascar mejorada”, el 28 de diciembre de 1869. Visto en perspectiva, menuda inocentada, ¿no? Porque en realidad lo que perseguía el bueno del Dr. Semple era crear un producto que contribuyese a mantener sanos y limpios los dientes a base de mascar una goma impregnada de sustancias que eliminasen los restos y el sarro por erosión o roce. De este modo, su goma original consistía en un trozo de caucho convenientemente tratado con alcohol o algún otro disolvente orgánico a fin de ablandarlo y darle una textura más manejable y posteriormente impregnado con tiza, carbón -sustancias abrasivas- y extracto de regaliz debido a su sabor y acción antiséptica. Pero lo cierto es que aunque Temple patentó su invento, no puso mucho empeño en comercializarlo y popularizarlo.

Por suerte para los dentistas, en esa misma época, el inventor Thomas Adams conocía a Arturo López de Santa Ana, un militar y expresidente mexicano que había participado en la batalla de El Álamo y que ahora -ironías de la vida- se había exiliado en Nueva York. Aunque no por ello había olvidado sus raíces… ni tampoco otras partes del árbol. En concreto el residuo gomoso obtenido de la resina o la savia del árbol chicozapote, originario de Centroamérica, y que los mayas gustaban de mascar. El comandante descubrió este 'chicle' –tal y como lo llamaban en su tierra- a Adams. Quien se interesó en él como materia prima a partir de la cual obtener un derivado sintético y barato del cotizado caucho. Tras importar una buena cantidad de este chicle y ver como todos sus intentos y experimentos resultaban infructuosos, decidió rentabilizar su inversión vendiéndola como lo que era: es decir, como insaboras bolas de mascar como alternativa a la parafina endulzada que ofertaba el mercado. Pero Adams, a diferencia de Semple, sí puso todo su empeño. De hecho, en 1871, inventó y patentó la primera máquina para fabricar bolas de chicle. Y comenzó a comercializarlas, con notorio éxito. Ese mismo año sacó el primer chicle con sabor (a regaliz, cómo no). Y en 1888 ampliaba la oferta al introducir el chicle de tutti-frutti. Y también las máquinas expendedoras del mismo, lo que asimismo supuso la popularización de este tipo de dispositivos.

El principal problema que presentaban los primeros chicles era que apenas mantenían el sabor. Una situación que cambió cuando, primero, se constató que el extracto de menta se preservaba por más tiempo en la goma de mascar. Y posteriormente, con el desarrollo de procedimientos y tratamientos que permitían que retuviese el sabor. El resto ya es historia. Y también caries. Y ahora absurdas y 'sonrosantes' polémicas.





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