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La marmota, habitante reciente del Pirineo

RODRIGO PÉREZ GRIJALBO Actualizada 04/10/2010 a las 09:35
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Marmota en el collado de SahúnRODRIGO PÉREZ

Tan común se ha hecho la marmota en el Pirineo que a muchos les sorprendería saber que en realidad se trata de un morador reciente de nuestro territorio. Su historia es la siguiente: En tiempos pasados, durante las glaciaciones cuaternarias, el sur de Europa era el hogar de una marmota primitiva (Marmota primigenia), pero al retirarse los hielos dicha especie desapareció y las marmotas quedaron confinadas en dos pequeños núcleos aislados que evolucionaron como dos subespecies de la forma actual Marmota marmota. Uno de ellos se encuentra en los Alpes (Marmota marmota marmota) y otro en los montes Tatra (Marmota marmota latirrostris).

Llegados a este punto podemos preguntarnos cómo se las arreglaron las marmotas para alcanzar el Pirineo. La respuesta es sencilla: Con ayuda de los cazadores. En su afán de descargar a los sarrios, codiciados trofeos de caza, de su principal enemigo natural, las águilas reales, introdujeron allá para 1948 animales procedentes de los montes Tatra.

En un principio la suelta se produjo en la vertiente francesa, pero rápidamente las marmotas se expandieron por toda la cordillera, siendo una especie frecuente en Aragón a partir de los años 70. Desde entonces las marmotas han colonizado todos los ambientes propicios para ellas, en especial los prados subalpinos de terrenos calizos expuestos al sol. Allí es donde comen plantas, excavan sus madrigueras y se solean en lo alto de grandes bloques de roca.

SOCIABLE Y DE HÁBILES MANOS
La marmota es un animal muy social y de hábitos diurnos, el mayor roedor de nuestra fauna, miembro de la familia de las ardillas. Como tal, tiene una gran agilidad con las manos. Las delanteras son en especial poderosas y las utiliza para excavar sus madrigueras. La guarida principal de verano tiene gran tamaño y complejidad, compartimentándose en diferentes cámaras destinadas a un uso determinado, como cámaras de cría o letrinas.

En el territorio además hay varias madrigueras más pequeñas usadas como refugio ante el menor peligro, siempre alertadas por el peculiar chillido emitido por uno de los miembros del grupo que actúa como vigilante. Casi siempre esta es la primera señal que nos indica la presencia de la especie. Luego es fácil ver algún ejemplar corriendo hacia las bocas de la madriguera, con su típico aspecto robusto y llamativa cola.

Acabado el verano las marmotas se retiran a sus refugios de invierno, más grandes y aislados térmicamente. Allí pasaran cerca de cuatro meses, bajando su temperatura corporal hasta los 3ºC y los latidos cardíacos a 5-10 pulsaciones por minuto. Sólo así consiguen ralentizar su metabolismo de tal modo que las reservas acumuladas durante el verano les permitan alcanzar una nueva primavera. Y allí estaremos para volver a buscarlas y disfrutar de sus gritos y andanzas.

Como se ve en la foto, las marmotas no siempre excavan madrigueras en el suelo, sino que también pueden aprovechar las oquedades naturales que encuentran en los macizos rocosos, como este ejemplar en el collado de Sahún.





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