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Última temporada

El espíritu del 'sí, se puede'

La pasada campaña, el Real Zaragoza protagonizó la mayor remontada jamás vivida en Primera División. Un hito basado en la comunión entre equipo y afición, unidos por un grito de rebelión y victoria ante lo que parecía una tragedia ya escrita.

J. Mercadal. Zaragoza Actualizada 17/08/2012 a las 19:49
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Zaragocistas en GetafeHA

“Sí, se puede. Sí, se puede”. Grito de guerra y declaración de intenciones. Clamor popular y marca de carácter. Tres palabras cuya unión todavía logra estremecer las entrañas zaragocistas. Capaces de resumir a la perfección la gesta lograda por el Real Zaragoza la pasada campaña. El conjunto aragonés, que llevaba dos años logrando la permanencia al límite, trasladó su situación a un extremo nunca antes conocido para, posteriormente, conseguir una remontada histórica. Producto de una unión sin precedentes entre equipo y grada. Todo un alegato en contra la existencia de los imposibles, que culminó con un desplazamiento masivo a Getafe para celebrar la continuidad del equipo en Primera División por una temporada más.

De la depresión a la euforia en solo una temporada. El curso blanquillo fluctuó entre los valores anímicos más extremos, dando pie a una reacción sin precedentes en el fútbol español. Con dos nombres propios poniendo rostro a ambas sensaciones: Agapito Iglesias y Manolo Jiménez. El primero, señalado como culpable absoluto por la afición en la que ha pasado a los anales como la mayor manifestación zaragocista de descontento. Tras el fracaso del proyecto Aguirre, que encadenó 15 encuentros consecutivos sin conocer la victoria, la masa social terminó cargando duramente contra el propietario y, entonces, presidente de la entidad. Una ruptura social acrecentada por el esperpento del experimento Arenere, cuyo equipo de trabajo apenas duró diez días en el poder antes de abandonar el cargo por discrepancias con el soriano. En ese tiempo, sin embargo, se produjo la llegada del entrenador sevillano. Sin duda, la cara amable del año.

Identificado como el salvador del equipo, Jiménez aportó honestidad en lo que, hasta la fecha, era un mar de oscuridad. Con gran trabajo, y contra todo pronóstico, el del Arahal consiguió aislar al grupo de todo ruido exterior, haciéndoles creer que luchar por la vida todavía valía la pena. Poco a poco, gracias a su honestidad tanto sobre el verde como en la sala de prensa, el hispalense consiguió sumar más y más adeptos para su causa. Terminando por llevar a más de 9.000 seguidores aragoneses al Coliseum Alfonso Pérez, los cuales le pidieron insistentemente su renovación. Tal fue la euforia levantada en la ciudad que el grupo municipal del PP le propuso como próximo pregonero de las Fiestas del Pilar. Una cariño desatado que le ha llevado a extender su compromiso con el Real Zaragoza. La continuación de un espíritu, el del 'sí, se puede', que no debe morir.




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